EL GOCE DEL CUERPO Y COMER NADA

Por Fionna Viscido

IG @ffionnaviscido





Por goce no entendemos el goce de placer, el gozar algo como deseo que viene a cumplirse como satisfacción. Goce para Lacan es aquello que, aún significando un daño para el sujeto, él mismo lo mantiene, lo repite y lo sostiene de forma inconsciente. El goce a un síntoma repetible incontables veces en la vida de un sujeto, como ejemplo.

¿Cuál sería el goce del cuerpo en el bailarín? El ballet como disciplina exige que el cuerpo vaya más allá de sus límites biológicos y físicos. Como expresa una famosa franse: “si duele, lo estás haciendo bien; si estás cansado, es un cansancio lindo porque estás trabajando bien; si te sangran las ampollas es porque estás bailando mucho”. Es decir que lejos de ser un dolor imposibilitante, o que se busque evitar, es un dolor que se quiere encontrar para generar cierta satisfacción ligada a la pulsión de muerte. Incluso hay bailarines que, aún en una lesión, siguen bailando sobre la misma pierna lesionada hasta romperse. “Romperse”... ¿Por qué el bailarín buscaría romperse, si su cuerpo es su único instrumento? ¿Lo hace porque hay una demanda de Otro que le imposibilita parar? ¿O quizás lo hace porque, de alguna forma paradójica, romperse es la única forma de descansar de su propio cuerpo?

Les comparto un fragmento del psicoanalista Mauricio Terrab en su libro Las miradas de las imágenes:

“El cuerpo siempre es un cuerpo alterado. El cuerpo, el cuerpo llamado cuerpo propio ha sido desde el comienzo alterado por el Otro. Es la idea de Lacan en el seminario 20, cuando señala que todas las necesidades del ser que habla están contaminadas. Esas necesidades, por estar atravesadas por el Otro del lenguaje, están contaminadas y sirven ya a otra cosa, a otra satisfacción que no es ya la satisfacción de esa necesidad, algo se la agrega, se la desvía, se la altera.”

Siguiendo su pensamiento, podríamos decir que, en el lenguaje de la danza, el cuerpo está contaminado por el mismo. Es decir que el cuerpo ya no es en su forma natural biológica sino que se ve alterado por ese lenguaje; los pies ya no se usan para correr sino para mostrar un en dehors (rotación) antinatural. Podríamos decir, a partir de este párrafo, que el cuerpo se acomoda a ese lenguaje que el Otro exige, un cuerpo alterado para llegar a cierta estética, un cuerpo que se busca “organizar” donde no hay una comodidad orgánica sino un acomodar el cuerpo a la mirada del Otro.

Pero lejos de criticar esa “organización”, es gracias a ella, que el bailarín logra introducir el orden simbólico y jerarquizar un orden que permita acotar ese goce sin padecerlo en exceso. Quiero decir, organizar el cuerpo es introducir una ley en el cuerpo; ley que me dice dónde debe ir cada parte del cuerpo. Decide en qué parte del cuerpo introducir esa tensión excesiva. Y ese intento de control que pasa por las posiciones de la danza se convierta quizá, en un circuito pulsional.

¿Qué sucede cuando el goce pasa a ser parte del intento de acomodar el cuerpo, a tal punto que aparece el “comer nada”?

Lacan nos dice que el anoréxico no es que no come sino que “come nada”. Comer nada es un acto dirigido a otro que dice algo que no se puede decir de otra manera. Es decir, la nada ocupa el lugar de objeto; la persona come nada porque esa nada es el objeto. Si la pregunta según Lacan es hacia el Otro y es ¿me podés perder?, esto supone una cierta angustia.

¿Cuál es el destino y la función de la anorexia en la danza? ¿Generar deseo en el Otro porque el discurso del Otro es “tienes que ser flaca para que te quiera la danza”? O quizás, inventarse una pregunta del orden de la perfección para introducirse en el discurso de la danza y del Otro.

Quizá, una bailarina que padece anorexia piensa que generando esa angustia también genera un deseo en el Otro, deseo que genera necesidad: “como estoy tan flaca y soy lo que me pedís, como como nada, me necesitás.” 

El psicoanalista Domenico Cosenza, en su libro “El muro de la anorexia”, nos habla de la anorexia como posición de rechazo; rechazo que produce placer, es decir, ya no hay placer en la comida sino en el rechazo y nos plantea que la anorexia es una forma de posicionarse ante el Otro.

Siguiendo esta línea podemos tomar el ambiente de la danza como facilitador de esa posición ante el Otro. Pero ¿la danza, o el discurso que quieren adjudicar a la danza? Si bien una bailarina debe ser sana para sostener su peso sobre las zapatillas de punta, ¿cuál es el límite que se cruza entre lo sano y lo físico como cuerpo hecho a medida para posicionarse ante un gran Otro y así no perder su mirada? 

Doménico nos dice “Solo si es posible para el sujeto sustraerse en algún punto a la necesidad de consentir a la demanda del Otro, el sujeto mismo está en condiciones de articular una diferencia, aún mínima, entre sí mismo y el Otro, capaz de desmarcarlo permitiéndole asumir una posición propia. En ese sentido, el rechazo del sujeto a la demanda del Otro deviene para él la condición misma del propio deseo.”

Es decir, si la demanda del gran Otro en la danza es el no comer nada, el ser flaca para gustar, incluso como una manipulación del saber sobre la salud del sujeto -y el sujeto satisface esa demanda-, es muy difícil que aparezca el propio deseo por la danza. Si bailamos en una posición para ser aceptados, mirados y amados por el Otro, es muy factible que el deseo por el propio cuerpo y la búsqueda de movimiento desde la expresión de un cuerpo real no aparezca. Porque nos posicionamos en el cuerpo ideal como objetivo que nunca se llega a alcanzar por medio del rechazo del cuerpo real; rechazo en el que un abismo de goce nos separa de la danza. 

Ante la pregunta del sujeto anoréxico: ¿me podés perder? Se puede leer una forma de buscar o reafirmar el amor del Otro, una búsqueda de signo de amor, que intenta saber qué lugar ocupa para el Otro. Pero si el gran Otro de la danza alimenta esa anorexia, sostiene el síntoma y lo felicita como lugar al que se tiene que llegar, premiándolo con roles y expectativas.

¿Cuál es la pregunta del sujeto? ¿La pregunta sigue siendo la misma y con ella un intento de búsqueda del amor del Otro? O quizá ¿No hay pregunta y se vuelve una búsqueda de amor por medio de satisfacer la demanda  y de control sobre el propio cuerpo? Quizá la búsqueda de amor sea por medio de ceder el control del cuerpo al Otro para que pueda amoldarlo a sus gustos y exigencias. 

Siguiendo a Doménico, la anoréxica no solo rechaza la comida sino también su imagen en el espejo. Ahí es donde aparece la pulsión escópica y, con ella, un goce en la propia mirada. Los bailarines hacemos mucho uso de la misma: todo lo que nuestros ojos registran es un elemento de comparación y de corrección para el cuerpo. Elemento cargado libidinalmente.

No quisiera hacerles creer que en un solo artículo uno puede abarcar la compleja trama del cuerpo y la comida en la danza, sino al contrario, comenzar por abrir un interrogante que más adelante nos traerá otros. Quizá, “pensar” lo que ocurre en la danza en cuanto a la alimentación y la mirada alrededor del cuerpo sea el inicio para instalar una pregunta; pregunta que permita entrever la verdad oculta del sujeto que baila.

ANNE CARSON. PREMIO NOBEL DE LITERATURA

 



Inauguramos nuestra sección LITERATURA con la consagración de la reconocido poeta y ensayista canadiense Anne Carson, quien fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2026, por su admirable capacidad de reinventar la poesía contemporánea mediante el diálogo constante con los clásicos grecolatinos.

La Academia Sueca destacó su «obra audaz e inventiva», consolidándola como una de las voces más revolucionarias del siglo XXI.

Aquí, un breve extracto de uno de sus poemas más bellos, que nos invita a reflexionar sobre las palabras que usamos, tantas veces, sin comprender la inmensidad de su verdadero significado. Después de todo... hay tanto más.


Después de todo
el corazón no es una piedra pequeña
que pueda rodar de esta manera y aquella.
La mente no es una caja
que pueda cerrarse de golpe,
¡y aun así lo es!
Bien, la vida implica riesgos
El amor es uno de ellos
(...)

Carson concibe el amor no como un refugio idílico, sino como una fuerza fragmentaria, un deseo que duele y una herida que impulsa la creación literaria.

Nacida en Canadá en 1950, esta poeta, ensayista y traductora se ha consolidado como una de las voces más inclasificables de la literatura contemporánea, utilizando su profunda formación en la filología clásica para desenterrar los misterios del corazón humano.

Para Carson, la escritura y el afecto son dos caras de la misma moneda: un intento desesperado por nombrar aquello que se nos escapa.
La distancia y el deseo: El nacimiento de una mirada
La trayectoria de Carson está marcada por una errancia tanto geográfica como académica. Estudió en la Universidad de Toronto y enseñó literatura clásica en prestigiosas instituciones como McGill, Michigan y Princeton. Fue precisamente en el mundo antiguo donde encontró el mapa para entender sus propias pasiones.
En su célebre y revolucionario ensayo Eros dulce y amargo (1986), Carson analiza cómo los poetas griegos antiguos, especialmente Safo, entendieron el amor. La autora acuña una idea central: el amor es una paradoja geométrica que requiere de tres elementos:
  • El amante
  • El amado
  • La distancia que los separa
Para Carson, el deseo no nace de la unión, sino de la falta. El amor es dulce porque promete plenitud, pero es también amargo porque nos recuerda nuestra propia incompletitud. Esa tensión es, al mismo tiempo, el motor que enciende toda la belleza de su poesía.

L'ORÉAL PARIS LLEGA AL BALLET

Por Ana González Vañek

IG @danzaycomunicacion




Fotografía - Maria-Helena Buckley


En plena expansión de nuestra sección MODA Y ESTÉTICA EN LA DANZA que incluye el lanzamiento de una Cerfificación Internacional en DANZA Y MODA, recibimos esta hermosa noticia que nos muestra la importancia de entender ambas disciplinas de manera conjunta, con el objetivo principal de favorecer su expansión, profesionalización y desarrollo comercial.

Recientemente, el Royal Ballet ha designado a la reconocida marca de cuidado estético L’Oréal Paris como socio oficial de belleza para la temporada 2026/27, con la imagen representativa de la primera bailarina Marianela Núñez (argentina) quien describió esta selección como “un gran honor”, considerando que siempre ha admirado a L’Oréal y su compromiso con la celebración de la belleza en todas sus formas.

A partir de este acuerdo y según las condiciones propuestas, L'Oréal proveerá al Royal Ballet con elementos de peluquería y maquillajes especialmente seleccionados para hacer frente a las exigentes condiciones del escenario.

En el mes de noviembre, ambas organizaciones lanzarán el evento You're worth it: beauty, ballet and behind the scenes, el cual incluye una visita guiada de edición limitada por los espacios tras bastidores de la Royal Opera House, con la intención de mostrar las vivencias de los bailarines, antes de salir a escena. Quienes asistan, podrán conocer desde las clases matutinas de ballet, hasta los preparativos artesanales, rituales de belleza y ensayos previos a cada función.

Las visitas finalizan con un té de la tarde en el Paul Hamlyn Hall y un obsequio especial de L'oréal Paris. Ya se encuentran disponibles las entradas y más detalles sobre el evento AQUÍ.