FLAMENCO Y DANZA ESPAÑOLA: ARTE, HISTORIA Y EXPRESIÓN DEL ALMA

Por Patricia García Nieves

IG @movimiiento_libre


Fuente - Pinterest


La danza española y el flamenco forman parte del patrimonio cultural más valioso de España. Aunque muchas personas utilizan ambos términos como si fueran lo mismo, en realidad se trata de disciplinas relacionadas, pero diferentes. La danza española engloba varios estilos de baile tradicionales y escénicos, mientras que el flamenco constituye uno de esos estilos, reconocido por su enorme fuerza expresiva y por haber sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

La danza ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos como una forma de comunicación, celebración y expresión de emociones. En España, esta tradición evolucionó gracias a la influencia de distintas culturas, como la romana, la árabe, la judía y la gitana. La mezcla de todas ellas dio lugar a una riqueza artística única que continúa viva en la actualidad.

La danza española está formada por cuatro grandes disciplinas: la escuela bolera, la danza estilizada, el folklore y el flamenco. La escuela bolera surgió entre los siglos XVIII y XIX y se caracteriza por la elegancia de sus movimientos, el trabajo preciso de los pies y el uso de castañuelas. La danza estilizada combina la técnica del ballet clásico con elementos propios de la danza española, permitiendo interpretar obras de gran complejidad artística. El folklore reúne las danzas tradicionales de cada comunidad autónoma, reflejando las costumbres, fiestas y formas de vida de cada región. Finalmente, el flamenco destaca por su intensidad emocional y su capacidad para transmitir sentimientos profundos.

El flamenco nació principalmente en Andalucía durante los siglos XVIII y XIX. Su origen es el resultado de la convivencia entre diferentes pueblos y culturas, especialmente la comunidad gitana, que aportó una manera muy personal de expresar el dolor, la alegría, la pasión y la esperanza a través del cante, el toque de guitarra y el baile. Con el paso del tiempo, el flamenco evolucionó desde reuniones familiares y celebraciones populares hasta convertirse en un espectáculo reconocido internacionalmente.

El baile flamenco es mucho más que una sucesión de pasos. Cada movimiento tiene un significado y busca transmitir una emoción. La postura del cuerpo, la mirada, la colocación de los brazos, el movimiento de las manos y el zapateado forman un lenguaje propio capaz de comunicar sin necesidad de palabras. La improvisación también ocupa un lugar importante, ya que el bailarín dialoga constantemente con el cante y la guitarra, creando una interpretación única en cada actuación.

Dentro del flamenco existen numerosos palos o estilos musicales, cada uno con un ritmo, un carácter y una emoción diferentes. Entre los más conocidos se encuentran las alegrías, soleás, bulerías, tangos, seguiriyas, fandangos y tarantas. Algunos transmiten fuerza y alegría, mientras que otros expresan melancolía, recogimiento o intensidad emocional. Esta diversidad convierte al flamenco en un arte muy rico y complejo.

El vestuario también desempeña un papel importante. En el caso de la mujer, el vestido de flamenca, el mantón, la flor, el abanico o la bata de cola pueden formar parte de la interpretación según el estilo de la obra. En los hombres predominan prendas más sobrias que permiten destacar la fuerza del movimiento y el zapateado. Además, elementos como las castañuelas, el sombrero cordobés o el bastón pueden utilizarse en determinadas coreografías de danza española.

La práctica de la danza española y del flamenco aporta numerosos beneficios físicos y emocionales. A nivel físico mejora la coordinación, el equilibrio, la flexibilidad, la resistencia, la fuerza muscular y la postura corporal. También desarrolla el sentido del ritmo, la memoria y la concentración. Desde el punto de vista emocional, bailar favorece la autoestima, ayuda a liberar tensiones, reduce el estrés y permite expresar sentimientos que, en ocasiones, resultan difíciles de comunicar con palabras. Por ello, cada vez son más frecuentes los proyectos que utilizan la danza como herramienta de bienestar personal y crecimiento emocional.

En la actualidad, la danza española y el flamenco continúan evolucionando sin perder su esencia. Grandes compañías y artistas llevan este arte a escenarios de todo el mundo, fusionándolo en ocasiones con otros estilos contemporáneos y acercándolo a nuevas generaciones. Al mismo tiempo, escuelas, conservatorios y academias trabajan para conservar la tradición y formar a futuros profesionales que mantengan vivo este importante legado cultural.

En conclusión, la danza española y el flamenco representan mucho más que una manifestación artística. Son una forma de contar historias, preservar la identidad cultural y expresar emociones universales. Su belleza reside en la combinación de técnica, música, tradición y sentimiento, convirtiéndolos en una de las expresiones culturales más admiradas de España. Conocer y valorar este patrimonio significa también reconocer la riqueza histórica y humana que ha dado lugar a un arte capaz de emocionar a personas de cualquier parte del mundo.

ESCRITURA CREATIVA - CLASES PARTICULARES ONLINE


 "Escribo porque no puedo evitarlo"

Charlotte Brontë



ESCRITURA CREATIVA

Clases Particulares Online

La actividad se dirige a amantes de la palabra escrita en todos los países, que deseen conocer los más bellos recursos discursivos, estéticos y estilísticos, favorables al perfeccionamiento de su escritura con fines artísticos, creativos y/o publicitarios.

Asimismo, el taller propone un espacio para la indagación personal y el autoconocimiento, a partir de ejercicios, pautas y consignas hiladas poéticamente con sus respectivas fuentes de inspiración.

Son bienvenidas personas de todas las edades, sin requisitos.


MODALIDAD

Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. El material teórico-práctico del taller será enviado por mail.


FACILITA

Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo.


MÁS INFORMACIÓN

Contáctanos por Whatsapp para conocer los detalles y reservar tus horarios: wa.me/5491136873237



Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

DANZA Y ESCRITURA - CLASES PARTICULARES ONLINE


 "La escritura es la única manera de hacer eterno lo efímero"

Isabel Allende


DANZA Y ESCRITURA

Clases Particulares Online

La actividad se dirige a amantes de la palabra en movimiento en todos los países, que deseen conocer los más bellos recursos discursivos, estéticos y estilísticos favorables al desarrollo y perfeccionamiento de su escritura sobre danza y artes del movimiento. 
Asimismo, el taller ofrece un espacio para la comprensión profunda sobre el arte más bello y más necesario, como una práctica plausible de resignificación permanente, a través de la palabra escrita.
Son bienvenidas personas de todas las edades, sin requisitos. 


MODALIDAD

Online por Google Meet


FACILITA

Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo. 


MÁS INFORMACIÓN

Contáctanos por Whatsapp para conocer los detalles y reservar tus horarios: wa.me/5491136873237



Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

CUERPO Y ALMA EN LA DANZA CONTEMPORÁNEA

Por Alia Ramirez Canton


Fuente - Pinterest


Esta práctica, sobre la cual te quiero hablar, es la danza contemporánea. 


Para muchos bailarines clásicos, el lenguaje contemporáneo es bastante diferente y, en cierto sentido, pesado, pues implica tener que salir de esa zona de confort que significa todo lo aprendido en el ballet; a veces, esto se trata simplemente de rodar y hacer cosas de contorsionista. 


Aunque sí es cierto que el esfuerzo que los bailarines realizan al practicar danza contemporánea, como por ejemplo, sentir las raspadas de las rodillas contra el piso, o ese cansancio extremo en la columna, puede ser un castigo. Pero es también una completa recompensa.


Claro que para algunas audiencias, el lenguaje contemporáneo no tiene ni pies ni cabeza: creen que se trata de moverse como si los huesos no existieran; pero esto no es cierto, ya que el cansancio de los brazos y los movimientos, para siempre escritos en la memoria muscular, son una prueba de la belleza de lo no convencional. 


Incluso la misma creadora de los antecedentes de este estilo, Isadora Duncan, quiso crear algo nuevo, moderno y disruptivo. Por lo tanto, creo que lo excepcional siempre es juzgado o mal visto.


Pero cuando ves a los bailarines contemporáneos danzando, percibes que su alma se vuelve una con la coreografía. Bailan como si sus pies no dolieran, y como si sus pulmones no estuvieran intentando no cansarse. 


¡Ver danza contemporánea es algo emotivo y muy fuerte! Aunque se sienta como extraño, o difícil, quienes la practicamos nos brindamos en alma y esencia. Cuando los cuerpos bailan llevados por los sentimientos... Ésto es originalidad pura. 


EL CUERPO NO HABLA, SUSURRA

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n 


Fuente - Pinterest


Hace algunas noches me encontraba acostada en mi cama en posición fetal, lista para dejarme caer en los brazos del sueño. Ahí, en el limbo entre el inconsciente y el consciente, en cuestión de milésimas de segundos, un pensamiento detonó un recuerdo que no esperaba tener en ese momento. La posición fetal me recordó a cuando era una bebé, y me pregunté: ¿cómo fue la primera vez que llegué al mundo? Entonces, imágenes y sensaciones aparecieron, sin saber si estaba soñando, recordando o imaginando.

El sonido era similar a cuando te encuentras debajo del agua con una ligera presión en los oídos. Dentro del vientre de mi mamá sentía un líquido calentito y mi cuerpo flotaba sin el más mínimo esfuerzo, abrazada por la oscuridad. Algunos sonidos llegaban desde afuera, aunque en ese momento no sabía siquiera que eran voces de otros humanos, o que aquí se les llamara "sonidos". Calma, paz, seguridad. Yo solo era, y no había que ser nada más. 

Y entonces, después de unos borrosos recuerdos, el frío tocó mi piel. Unas manos sostuvieron mi cuerpo, sustituyendo el flotar eterno. Mi piel contra otra piel que volvió a calentarme, y una voz familiar diciéndome: "hola princesa". Mi papá.

Regresé. La nostalgia y la ternura inundaron mi cuerpo y ahí, en mi cama, me quedé quieta un momento, dejando que el hormigueo y la belleza del recuerdo me recorrieran.

Para mí no había sido solo un recuerdo, sino un mensaje para la etapa en la que me encuentro viviendo. Así que no pude evitar preguntarme: si el cuerpo tiene la hermosa capacidad de recordar desde el inicio de nuestras vidas, ¿qué otros recuerdos y mensajes guarda sin que lo sepamos?

Así, caminamos, interactuamos y vivimos todos los días; portando un cuerpo construido biológicamente que se transforma con cada experiencia recolectada; modificando no solo nuestra postura y movimientos, sino también nuestros ideales, metas y pensamientos. Traumas o no traumas, memorables o casi borrosos, el cuerpo guarda toda la información que vamos recopilando a lo largo de nuestras vidas. Y sí, a veces da miedo saber qué es lo que guarda, pues como testigo sin juicio que nos acompaña hasta el final, no discierne entre qué experiencias conservar y cuáles no. Para el cuerpo no hay bueno ni malo, como en la moral humana, sino que todo simplemente es. Las experiencias son experiencias, y es el conjunto de todas ellas lo que nos hace ser quienes somos hoy. Desear eliminar una sola podría ser el equivalente a quitar un ladrillo de una construcción: cada una contribuye a lo que somos.

A diferencia de algunas creencias, el cuerpo no castiga sino que revela lo que hemos vivido desde que comenzó a formarse en el vientre de mamá. Por eso, es nuestro mejor amigo; el más honesto y cercano que encontraremos, pues será quien nos muestre lo que hemos cosechado con el tiempo y lo que necesitamos trabajar para seguir creciendo. Solo hemos de darle espacio y silencio para dejarlo hablar.

Dicen por ahí que el cuerpo habla, y que cuando habla, lo hace gritando. Y sí, algunas veces, después de tanto tiempo sin ser escuchado, no le queda otra más que gritar. Pero me gusta pensar que la mayoría de las veces el cuerpo se comunica a través de susurros. Cambios sutiles; a veces, aparentemente imperceptibles pero cargados de mucha información. Hay que aprender su lenguaje, que es muy diferente al de las palabras. Algunos cuerpos gustan de sensaciones para comunicarse; otros, de imágenes, o incluso, de dolores. No sé si exista un lenguaje universal para que puedas comunicarte con tu cuerpo y así acceder a la información que guarda para ti. Pero lo que sí sé, es que el camino ya está trazado. Tan sólo necesitas escucharlo y permitir que te lo muestre. 

Así que, si hoy eligieras guardar silencio por un momento, ¿qué susurro escucharías de tu cuerpo?

LA PROFANACIÓN DEL TIEMPO

Por María Luján Rossi

IG @lujiss


Fuente - Pinterest


“No se juega con eso” me dijo la amiga de mi mamá cuando agarré el reloj de  arena del estante que estaba en el living. Me pareció bastante egoísta de su parte pretender que me conformara con pedirle siempre las figuritas abrillantadas que tenía en esa lata con inscripciones, en un idioma que desconocía por completo. Yo tenía un hermoso mundo imaginario, dentro del cual todo era posible. Bueno,  en realidad, casi todo. Lo horrendo no tenía lugar alguno, no existía en mi imaginación  la posibilidad de que algo malo sucediera; era mi espacio impenetrable. 


Ante la negativa de aquella tirana, y mientras resolvía qué hacer con mi enojo, me quedé mirando ese objeto sagrado, negado a mis manos, con detenimiento. Era el  mediodía en la casa de Banfield, el clima era perfecto y el sol entraba por la ventada del jardín donde estaban Griselda, mi mamá, mi papá y mis dos hermanos.


Era un reloj de bronce, medio viejo, pero no por eso menos brillante. La arena  estaba aplastada contra el fondo y pedía a gritos ser movida y sacada de ese tedio  permanente que nadie parecía advertir, y con el que nada podía hacerse. Algunos granos  eran más opacos que otros; el vidrio del lado de adentro parecía resguardar en el polvo  los restos de otros granos que supieron ser. Me pregunté si algo de aire ingresaría por algún espacio distraído del objeto. Parecía una estatua, un dios griego, como un castillo inalterable, un monumento, o una de esas catedrales que parecen abarcarlo todo; la imagen de un santo o ese cuchillo filoso que tampoco puede tocarse. Me generaba admiración y temor en simultáneo. Me pregunte por el origen de la arena, por cuántos  minutos tardaría en vaciar un lado y llenar el otro, por la velocidad de la caída, por todo  lo que habrán tardado en construirlo, y el por qué de que no pudiera usarlo. 


Mi cuerpo se empezaba a inquietar. Miraba a ese santo inmaculado cada vez con mayor intensidad; trataba de encontrar algún mínimo movimiento, alguna mínima  modificación en ese interior que, para mí, lo era todo. Un adentro que modificaba mi  adentro, que ya no me era ajeno. El reloj se me había hecho cuerpo. Quería ser yo esa arena cayendo por los bordes y las curvas del vidrio, quería entrar y sacar el polvo para ver mejor, quería lustrar el afuera para que la luz solar rebotara aún más en sus bordes, en sus pilares, en sus bases. Todo ese bronce que sostenía la estructura contenedora de ese oro polvo granulado, parecía un titán antiguo sosteniendo el mundo. Uno frágil  e invencible, al mismo tiempo. 


No sé si podría describir en extremo detalle su forma. Era uno de esos que replican la forma del número 8 o el signo del infinito, pero en orientación vertical, de un vidrio transparente que, por el paso de los años, ya parecía un cristal en sepia. La arena tenía diferentes grosores, de color entre amarillo y un incipiente ocre. Estaba entre dos  bases circulares que sobresalían, y a los costados, a lo largo, estas dos bases se conectaban por dos columnas o pilares verticales, contorneadas con relieves y forma  helicoidal. Toda la estructura de bronce parecía intervenida por la técnica del patinado. Era un diseño simétrico, intervenido con grabados que parecían egipcios o arabescos.


Yo estaba fascinada. Por momentos me quedaba de pie y la observaba de costado, moviendo mi cabeza de un lado al otro. Me acercaba para mirar los detalles o intentar percibir algún olor. Luego, me alejaba corriéndome de lado a lado para tratar de identificar desde que ángulo le daba mejor el sol. Tenía que apurarme porque pasaban los minutos y ese mismo sol se iba corriendo, dejando más sombras cada vez. Era  increíble cómo cambiaba de tonalidad toda la estructura, como si su integralidad sufriera  algún tipo de metamorfosis cromática. Me volvía a acercar y lo miraba desde arriba, me sentaba casi debajo con las piernas cruzadas, acostada boca arriba y boca abajo. De tanto girar empecé a bailar o jugar, no sé cuál sería ahora la diferencia; en ese entonces, no pensé en esto.


Trataba de rolar sobre mi cuerpo sin apartar la mirada del reloj. La sensación de torsión me llevaba a la imagen de las serpientes, y entonces fui una cobra retorciéndome en la arena, diseñando senderos que se borraban con el viento del desierto, hasta que empecé a buscar la verticalidad serpenteando como si un instrumento de viento me invitara a despegarme del suelo. Sentía cómo cada grano de arena que estaba pegado a mi piel se desprendía y caía rodando por mi cuerpo. Escuchaba una melodía sinuosa, misteriosa, que guiaba cada curva, acelerando y desacelerando, en un ritmo infinito como los recorridos de ese signo. No había principio ni fin. Era un continuo energético por el que fluía sin detenerme. Tanto me ondulé que empecé a tomar velocidad, y como si algo invisible me empujara, empecé a saltar y  desplazarme por el espacio, mis brazos eran como dos látigos que me impulsaban hacia  arriba, caía con un pie o con los dos y me despegaba del piso de la misma manera.


Me  imaginé los pies otra vez, en la arena, hundiéndose, dejando huellas entre mis dedos todo ese polvo granulado que, además, friccionaba mi cara, enredaba mi pelo y un sol brillante de mediodía me impedía, por momentos, abrir los ojos para ver la vastedad del desierto que me rodeaba. Pude escuchar las dunas moviéndose conmigo, modificando también sus formas. En algún momento fui remolino que, progresivamente, se iba ralentizando y acelerando. Y de repente, estaba dentro del reloj y era cada grano y todos, cayendo ahí dentro. Una dirección ambivalente de ir hacia abajo lentamente y aplastarme toda yo. En esa caída, estar de nuevo arriba para deshacerme y reiniciar ese hacia abajo. A veces, quedaba completamente dada vuelta y me veía a mí misma en algún reflejo, doble. Mis cabezas se apoyaban una sobre la otra y mis pies se saludaban  desde los extremos: una figura simétrica y multiforme, al mismo tiempo.


Ese tiempo mío, infranqueable, fue interrumpido de golpe por la voz de mi mamá que me llamaba desde el jardín para avisarme que ella y Griselda se estaban yendo a  la panadería. Mi cuerpo quedó un instante congelado, en una pausa que reunía todas  mis danzas recientes, mi corazón se aceleró tanto que cualquiera podría haberlo  advertido si miraba mi pecho, porque la respiración también se había modificado. Me  vibraban los ojos, el balanceo de mi cuerpo sobre los pies era pequeño e intenso, mis  manos transpiraban, los dedos se movían alternada y rápidamente. Respondí al llamado para asegurarme que nadie viniera hasta donde me encontraba. Escuché la puerta cerrarse. Sus voces, la de mi mamá y Griselda, alejándose. El silencio pareció eterno; era un puma agazapado frente al reloj, como si fuera su presa. Pensé un instante en la  posibilidad de que el polvo debajo de él evidenciara el crimen que estaba por cometer, la desobediencia más terrible de todas: ir hacia lo intocable. Pensé en la arena adherida al fondo, en qué sucedería si no se despegaba, en ser descubierta y, por lo tanto,  castigada por los dioses, obligada al exilio, a no volver jamás a esa casa. Hice cuentas sobre ningún dato certero en relación a cuánto tardarían ellas en volver y cuánto tardaría  la arena en vaciar una mitad, llenar la otra y replicar de una vez todo ese polvo apelmazado de qué sé yo cuántos de existencia incorruptible. Ese instante apareció inacabable, tenía que decidir si arriesgarme o ser obediente. Inspiré tanto que los  hombros casi tocan las orejas, retuve el aire y, como el puma dando el zarpazo para  atrapar esa presa inmóvil, en vez de tomar el reloj, pasé mi brazo por encima y atrapé el aire. 


Ese segundo antes de tomarlo pasó en cámara lenta y advertí que me resultaba mucho más atractiva la idea de darle vuelta, que darle vuelta en sí mismo. Al llegar mi  mamá y Griselda, me pidieron que fuera con ellas hacia el jardín para merendar con unas facturas que habían comprado. Mientras mis hermanos jugaban por ahí, ellas dos junto a mi papá sostenían una conversación animada sobre política. Ésa fue la  oportunidad perfecta para abstraerme y dar vuelta el reloj sin necesidad de moverme de donde estaba.  Lo imaginé como si realmente hubiera sucedido. Me vi tomando con mis propias  manos el reloj de arena, dándole vuelta velozmente. Estaba parada frente a él, justo  después del acto inaugural de una desobediencia poco sutil. Primero me alejé como si  fuera a explotar; el mismo corazón que había latido con fuerza, ahora parecía detenerse. Esto, hasta que la arena empezó a deslizarse poco a poco por ese estrecho que separa el cielo de la tierra, el universo de nuestro planeta, el pasto de las estrellas. El embudo  de un agujero negro hacia lo desconocido, una nueva oportunidad hacia otros infinitos.  El sonido fino que se generaba tenía el sabor de la audacia. Yo sonreía frente a esa inmovilidad que parecía incorruptible, había logrado restituir el dinamismo a una  temporalidad forzada al olvido y la mera exposición. La arena seguía cayendo mientras  recuperaba poco a poco el aliento. Qué más puede decirse cuando accedemos a aquello que parecía inaccesible, a la posibilidad de mover el tiempo que nos es negado. Qué más que ese instante de gracia donde un solo gesto reúne todos los anteriores. Cuánto  más que ese juego entre el adentro y el afuera, que nos permite vencer el tedio, burlarnos de lo sagrado, hacer propio el mundo. 


Ese reloj, como símbolo del tiempo antiguo, fue para mí un desierto, un portal abierto a la danza donde fui cobra, granos de arena, un puma agazapado, un remolino. No fueron sólo imágenes, sino que pude encarnarlas. Salí de mi cuerpo y el reloj salió de la repisa para encontrarnos en otro espacio. No es que no hubiera sido satisfactorio moverlo; sin embargo, entendí que había algo más allá de esa prohibición y era la posibilidad de utilizarlo sin que nadie más lo supiera. Nadie podría jamás sumergirse en  mi imaginación ni podrían dirigir mis danzas, porque tampoco sabrían de dónde provienen.


Me pregunto hoy: ¿puede la danza constituirse como una forma de profanación del tiempo? Mientras busco respuestas, encuentro en la imaginación ese espacio donde la  profanación se vuelve posible. Allí puedo ser diosa y humana, entre lo sagrado y lo profano.



Bibliografía utilizada

Agamben, Giorgio. Elogio de la profanación. 

Agamben, Giorgio. Ninfas.  

Badiou, Alain. La danza como metáfora del pensamiento.

COMUNICAR DANZA - TALLER VIRTUAL AGOSTO

 

"La danza es comunicación, por lo tanto, el desafío es hablar
claramente, hermosamente y con certeza"

Martha Graham


COMUNICAR DANZA
Taller Virtual Agosto

La actividad se dirige a todas las personas que aman la danza y desean conocer las herramientas fundamentales para comunicarla de manera efectiva, ya sea de manera personal y/o colectiva. Se otorgará certificado de participación.

​​OBJETIVOS
-Acceder a los conocimientos fundamentales para difundir y promover las artes corporales y del movimiento
Incorporar herramientas para llevar a cabo una lectura comunicacional de las prácticas artísticas corporales
-Promover el entendimiento de la danza en particular y las artes del movimiento en general, desde una perspectiva comunicacional integral​
-Favorecer el desarrollo de habilidades para una comunicación sólida y efectiva de las artes corporales y del movimiento​
-Contribuir a la expansión de las artes del movimiento en nuestras sociedades

MODALIDAD
Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. 

¿CUÁNDO?
Miércoles 5, 12, 19 y 26 de agosto, de 19 a 20 hs (de Argentina). Los encuentros no se graban. Si no pudieras estar presente en las fechas previstas, te enviaremos el taller completo vía mail ni bien lo abones.

FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Investigadora y Docente en Artes del Movimiento. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo. 

INTERCAMBIO ¡50% OFF!
  • USA y Europa: 33 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • América Latina: 30 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • Argentina: 30.000 ars. Transferencia en alias: danzaycomunicacion (sin acento)
Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante junto con tu nombre, apellido y mail para confirmar tu inscripción, por Whatsapp: +549 113 687 3237

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

LOS GENES DANZAN CONTIGO

Por Helena Lorenzo

Dra. en Biología, pedagoga, profesora didacta de Biodanza, profesora de Yoga y Flow Dance, Dj de Ecstatic Dance y terapeuta forestal.

@biodanzahelena




Danza y epigenética

Durante gran parte del siglo XX se pensó que el ADN era un libro cerrado, escrito desde el momento del nacimiento. Cada una de nuestras células contiene la misma secuencia genética, la misma molécula química, como una inmensa biblioteca que nos acompaña durante toda la vida. Sin embargo, la biología contemporánea ha transformado profundamente esta visión. Hoy sabemos que los genes no son un programa rígido e inmutable, sino un repertorio de posibilidades cuya expresión depende, en gran medida, de la interacción continua entre el organismo y el ambiente (Bird, 2007; Jirtle y Skinner, 2007). Así nació un campo fascinante de la biología; la epigenética.


La palabra significa literalmente «por encima de los genes» y hace referencia al conjunto de mecanismos bioquímicos que regulan qué genes se expresan y cuáles permanecen silenciados, sin modificar la secuencia del ADN. Es decir, el texto del libro permanece intacto, pero cambia la forma en que es leído. Unos genes se activan y otros se «apagan».


Cuando nos movemos, algo más que los músculos entran en acción. El cerebro se reorganiza, las hormonas cambian y las emociones dejan huella. El organismo pone en marcha respuestas biológicas que, cuando el movimiento se repite y se integra en el estilo de vida, pueden llegar a modificar la actividad de numerosos genes relacionados con la adaptación, la plasticidad y la salud. Quizá por eso podamos decir, sin caer en la metáfora vacía, que los genes también danzan contigo.


Cada experiencia deja una huella biológica. Un nuevo movimiento creativo envía una señal al cerebro. Son las llamadas señales «de abajo arriba» (bottom-up), mediante las cuales la información procedente del cuerpo modifica continuamente la actividad cerebral, la emoción y la cognición (Damasio, 1999; Craig, 2002; Porges, 2011).


Otros factores, como la alimentación, el descanso, el estrés, la calidad del sueño, el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza, la música, las relaciones afectivas y el movimiento corporal, constituyen señales capaces de llegar hasta el núcleo de nuestras células y modular la actividad genética (Plaza-Díaz et al., 2022).


La danza ocupa un lugar privilegiado dentro de ese diálogo permanente entre el organismo y el ambiente. Cuando el cuerpo se mueve de forma integrada, millones de receptores sensoriales comienzan a enviar información hacia el sistema nervioso. Los músculos liberan moléculas señalizadoras; aumenta la circulación sanguínea; cambia la respiración; se modifica el equilibrio hormonal y el cerebro reorganiza continuamente sus conexiones neuronales. Nada permanece inmóvil. La biodanza, por ejemplo, incorpora elementos difíciles de encontrar simultáneamente en otras disciplinas: música seleccionada, movimiento orgánico, comunicación no verbal, contacto afectivo, integración grupal, juego, creatividad y vivencias emocionales profundas. Desde una perspectiva biológica, todos estos factores participan en la regulación del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Cuando disminuye la percepción de amenaza, el organismo reduce progresivamente la secreción mantenida de cortisol. Paralelamente aumenta la disponibilidad de neurotransmisores relacionados con el bienestar y el vínculo humano, como la dopamina, la serotonina, las endorfinas y la oxitocina. El funcionamiento interno del organismo cambia.

Es importante señalar que, hasta el momento, no existen investigaciones que hayan demostrado de forma directa los efectos epigenéticos específicos de la danza o de la biodanza. Sin embargo, sí disponemos de abundante evidencia científica que demuestra que el ejercicio físico, la reducción del estrés, la regulación emocional y las relaciones sociales positivas influyen sobre procesos biológicos relacionados con la expresión génica (Fernandes, Arida y Gomez-Pinilla, 2017).

Esta idea transforma profundamente la manera de entender la salud. La herencia genética ya no representa un destino inamovible. Aunque no podemos modificar la secuencia de nuestros genes, sí podemos influir, en cierta medida, sobre la forma en que muchos de ellos se expresan mediante hábitos y experiencias. Cada experiencia significativa reorganiza circuitos neuronales, modifica patrones hormonales, fortalece determinadas conexiones y favorece nuevas formas de adaptación.

No cambiamos quienes somos de un día para otro, pero sí podemos transformar la manera en que nuestro organismo responde a la vida.

La danza representa uno de los lenguajes más antiguos de la humanidad. Mucho antes de que existieran las palabras, el cuerpo ya narraba emociones, celebraba encuentros, afrontaba pérdidas y fortalecía los vínculos del grupo mediante el movimiento compartido. Quizá esa memoria evolutiva siga habitando en nosotros.


Al fin y al cabo, la danza no cambia nuestro ADN; cambia el diálogo que la vida mantiene con él.



Bibliografía Bird, A. (2007). Perceptions of Epigenetics. Nature, 447(7143), 396–398. Craig, A. D. (2002). How do you feel? Interoception: the sense of the physiological condition of the body. Nature Reviews Neuroscience, 3(8), 655–666. Damasio, A. R. (1999). The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness. Harcourt Brace. Fernandes, J., Arida, R. M., & Gomez-Pinilla, F. (2017). Physical Exercise as an Epigenetic Modulator of Brain Plasticity and Cognition. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 80, 443–456. Jirtle, R. L., & Skinner, M. K. (2007). Environmental Epigenomics and Disease Susceptibility. Nature Reviews Genetics, 8, 253–262. Plaza-Díaz, J., et al. (2022). Impact of Physical Activity and Exercise on the Epigenome in Skeletal Muscle and Other Tissues. International Journal of Molecular Sciences, 23. Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory. W. W. Norton & Company.


DANZAS DE ISADORA DUNCAN - TALLER Y AUDICIÓN

"Mi vida no ha tenido más que dos motivos: amor y arte" 

Isadora Duncan


Amantes de la verdadera danza, es una alegría contarles que durante el mes de septiembre llevaremos a cabo un ciclo de funciones en homenaje a nuestra amada Isadora Duncan. Las mismas serán virtuales (todos los países) y presenciales en la ciudad de Buenos Aires. Pronto anunciaremos las fechas.
Elegiremos a 3 bailarinas (en distintos países) y 3 bailarinas en Buenos Aires. Para esto, realizaremos una audición en formato de clases que brindaremos durante el mes de agosto.
-Online: sábados 8, 15, 22 y 29 de agosto de 16 a 17 hs (de Argentina).
-Presencial en Buenos Aires: sábados 8, 15, 22 y 29 de agosto de 14 a 15 hs.
El taller mensual de agosto tiene un valor simbólico que incluye la formación intensiva en Danzas de Isadora Duncan, así como también el material bibliográfico que las acompaña.
Más información e inscripciones únicamente por Whatsapp: wa.me/5491136873237

Coordinación
Ana González Vañek
Producción
Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

YOGA Y ENEAGRAMA. DOS CAMINOS PARA EL AUTODESCUBRIMIENTO

Por Brenda Inés Di Paolo

Profesora de Yoga – Doctora en Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Cuyo - Mendoza, Argentina

IG @dipbren





“Somos mucho más que nuestra personalidad”; esto nos dice el Eneagrama y eso mismo nos trasmite el Yoga. Somos algo más que un conjunto de experiencias y vivencias que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Hay algo más que nuestra parte consciente (ego-tipo), que enmascara la conexión con nuestra esencia y una sabiduría genuina. En la autorrealización y autotransformación auténticas confluyen y se nutren recíprocamente el Yoga y el  Eneagrama, dos caminos para el autoconocimiento, la rendición del ego y la integración del Ser.

El primer “insight” o revelación acerca de la retroalimentación entre el yoga y el eneagrama fue propuesta por el psiquiatra chileno Claudio Naranjo quien fue el más conocido estudioso del Eneagrama y quien propició su divulgación y conocimiento en todo el mundo. Naranjo sugirió a cada eneatipo que meditara utilizando un mudra específico o «gesto con las manos». Asimismo, una variedad de terapeutas de la psicología ha explorado la complementariedad del yoga como técnica psicoterapéutica (especialmente, en situaciones traumáticas).

El Yoga, sobre todo desde su sendero del Hatha Yoga, nos dice que nuestro pasado y presente se reflejan en nuestra columna vertebral, con sus bloqueos, rigideces, contracturas, etc. Igualmente los nueve eneatipos (tipos de personalidad o ego-tipos) que conforman el Eneagrama presentan diferentes estructuras corporales, una morfología y una coraza características con diferentes autodefensas: el carácter también se refleja en el cuerpo. 

De la misma manera que cada eneatipo tiene una estructura psicofísica (coraza muscular) característica hay posturas de Yoga cuya práctica facilita su centramiento e integración.

Es posible, que a través de la práctica del yoga se derriben los obstáculos que encarnan  cada una de las 9 pasiones de los 9 eneatipos: la ira, el orgullo, la vanidad, la envidia, la avaricia, el miedo, la gula, la lujuria y la pereza. 

La palabra “Eneagrama” es de origen griego, ennea gramma, y significa figura de nueve lados. Alude al símbolo caracterizado por una circunferencia con nueve puntos de referencia. Sus orígenes se remontan a más de dos mil años. Es un concepto desarrollado por la corriente musulmana de los sufís. 

El eneagrama describe 9 tipos de personalidad indicando sus “luces” y sus “sombras”. Aclara las cualidades que han quedado dormidas o dañadas y muestra la manera en que eso puede recuperarse para vivir una vida más despierta y plena. Además, nos señala un conjunto de rasgos característicos que influyen en nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar y nuestra forma de sentir. Es un itinerario de conocimientos tanto en lo psicológico, como en lo espiritual, para descubrir fortalezas y debilidades y, de ese modo, crecer.

El Eneagrama diferencia tres «energías» de las que se nutre nuestro carácter (estómago, corazón y cabeza) o tres centros (el del relacionarse o centro motor, el del sentir o centro emocional y el del hacer o centro mental). En concreto, hay tres eneatipos viscerales (8, 9 y 1), tres emocionales (2, 3 y 4) y tres mentales (5, 6 y 7).

La pasión dominante de la tríada emocional (orgullo, vanidad y envidia) es la vergüenza, la emoción predominante de la tríada visceral (ira, lujuria y pereza) es la ira y la de la tríada mental (avaricia, miedo y gula)  es el miedo. 

El yoga, como práctica de integración resulta muy benéfico como método para ir más allá del ego y profundizar en el yo esencial. Así propone asanas (posturas), mudras y mantras para equilibrar cada pasión central. 

La postura del “barco” (Navasana) se propone para la triada emocional caracterizada por músculos abdominales débiles y bloqueos en la pelvis, que es la encargada de sentir, expresar y mantener la fuerza agresiva, el contacto tierno y el estímulo sexual. 

La postura de “cara de vaca” (Gomukhasana) se propone para la tríada visceral cuya coraza muscular muestra unas caderas tensas y rígidas, que en vez de estar orientadas a la expresión y el movimiento pasan a estar en función de defensa y tensión constante. El desbloqueo de la cadera permite a los eneatipos viscerales el reencuentro consigo mismo, y también confrontar y establecer límites, y moverse activamente hacia la autosatisfacción.

La postura “ecuestre” (Ashwa Sanchalanasana) se recomienda para la tríada mental que concentra su energía en la cabeza, y se desconecta de su propio cuerpo y de sus emociones, necesidades y sentimientos. De manera que las piernas están rígidas y con poca energía y presentan un desplazamiento energético hacia el tórax y la cabeza. 

De esta forma la práctica del yoga y el autoconocimiento a través del eneagrama son dos caminos que permiten el crecimiento, el equilibrio y la integración del ser.