Por Karla Maldonado
IG @karlamaldonado.n
Cuando salí de la universidad, cualquier tipo de estructura se desvaneció. Ya nadie me decía qué hacer, y el "éxito" ya no era medible, como una calificación. Ahora tocaba tomar mis propias decisiones respecto a mi futuro; definir qué era el éxito para mí y, en medio de infinitas posibilidades -como le pasa a muchos jóvenes-, eso se sintió abrumador.
Como egresada de una Licenciatura en Danza, y en aquel entonces, un poco perdida en mi camino, opté por escuchar los "consejos" de la gente con más experiencia que yo: hacer, hacer y hacer hasta que alguna opción en la danza funcionara. Y cuidado si no me mantenía "entrenada" o bailando: era motivo de sorpresa y de juicio dentro del gremio.
Sin embargo, un día, harta de seguir haciendo cosas sin sentido ni propósito para mí, paré y me pregunté: ¿para qué me preparo y sigo entrenando todos los días cuando no sé para qué me estoy preparando?
Eileen Gu, medallista olímpica de esquí acrobático, respondió algo parecido en una entrevista que llegó a mí hace poco, en el podcast On Purpose: "El trabajo duro es súper importante, pero sobrevalorado. La dirección, infravalorada. No se trata de hacer más. Lo más importante, a nuestra edad, es tomarnos el tiempo para hallar la dirección." Coincido totalmente con ella. No obstante, creo que el tiempo para hallar la dirección no es tiempo detenido, sino tiempo de estar disponible.
Estar disponible no es lo mismo que no hacer nada y esperar a que las cosas lleguen, y tampoco es trabajar duro con el máximo esfuerzo sin cuestionar hacia dónde. Es una tercera cosa, más difícil de nombrar: una escucha activa que se entrena, igual que un músculo, para que cuando la dirección aparezca todo nuestro ser esté listo para reconocerla, recibirla y elegirla.
No soy la primera en nombrar este estado y, probablemente, nos podría tomar todo un libro hablar respecto al tema. Algunas filosofías espirituales lo llaman el vacío interior, y tienen mantras, meditaciones y retiros para llegar a él; es decir, a un estado de disponibilidad para la inspiración.
Los atletas de alto rendimiento lo llaman flow state: el instante en que la concentración se vuelve absoluta. En el arte, Pixar lo representó como La Zona en Soul: un lugar entre lo físico y lo espiritual al que solo se entra estando profundamente presente. Distintos nombres para la misma puerta.
Para mí, esa puerta se abre en tres lugares a la vez:
Hacia afuera, que es el cuerpo. En la danza aprendí a la mala que no hay inspiración que valga si el instrumento no está listo para recibirla. Eso significa cuidar mi acondicionamiento, alimentación, horas de sueño, técnica, improvisación, y cargas físicas para ser un uno por ciento mejor cada semana. Si hay un objetivo o un próximo proyecto, entreno con eso en mente. Y si no lo hay, entreno para que, cuando el escenario llegue, mi cuerpo pueda decir que sí. Esto tampoco se queda en el ámbito laboral: es también cómo quiero envejecer y cómo elijo cuidar este cuerpo que voy a habitar toda la vida.
Hacia adentro, que es la mente. Es cuidar lo que consumo con mis otros sentidos además del gusto, como por ejemplo lo que leo en redes, mis propios pensamientos o mi diálogo interno; también darme tiempo para escribir y para hacer introspección, y hacer silencio para dar espacio a que mi creatividad y curiosidad puedan florecer.
En lo cotidiano, que es la escucha momento a momento: esa información invisible pero perceptible que la intuición capta antes de que la razón la traduzca en palabras. Es entrenar el músculo de la escucha activa para reconocer la información sin juicio, y entonces poder tomar una decisión con base en lo que está disponible.
Y aunque nada de esto garantiza saber la dirección de nuestras decisiones de inmediato, el aprendizaje que adquirimos en el camino a encontrarla es invaluable.
Quizás no se trata de dejar de cuestionarnos, sino de hacer las preguntas correctas: enfocarnos menos en el "¿qué tengo que hacer para llegar?" y más en el "¿estoy lo suficientemente disponible para reconocerlo?".
Y ésa, creo, es la verdadera disciplina.




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