DEL CULTO AL SOLISTA AL VIRTUOSISMO COMPARTIDO

Por Montserrat Sáenz

IG @lamorenetafbw





Individualismo escénico, egocentrismo y narcisismo en el flamenco y la danza española.


¿Estamos formando bailarines capaces de impresionar a los demás o artistas capaces de construir algo valioso junto a los demás? Esta pregunta interpela a la enseñanza del baile flamenco y de la danza española, y obliga a revisar qué formas de excelencia premiamos. En el tablao flamenco, el baile solista concentra el protagonismo coreográfico: un único cuerpo construye y desarrolla el recorrido expresivo del baile. La atención del espectador se dirige hacia la individualidad del intérprete, su virtuosismo técnico y su personalidad escénica. En la danza española de conjunto, varios cuerpos pueden asumir simultáneamente la construcción de una obra. La diferencia es estética, aunque sus implicaciones pedagógicas merecen una discusión más profunda.

El baile flamenco se configuró históricamente a partir de diversas tradiciones populares andaluzas, en las que convivían prácticas de carácter comunitario, bailes de pareja e interpretaciones individuales. Entre sus antecedentes destacan los bailes de jaleo, como el olé, el vito, el zorongo y la cachucha, estudiados por Miguel Ángel Berlanga, que tuvieron especial desarrollo entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX. La expresión individual y la participación comunitaria forman, por tanto, parte de su historia. Su profesionalización, especialmente a través de los cafés cantantes del siglo XIX, contribuyó a consolidar un modelo escénico en el que el solista adquirió protagonismo destacado. La pregunta central es qué valores fomenta una cultura que concentra reiteradamente el reconocimiento en la figura individual y qué posibilidades abre, frente a ella, la composición coreográfica compartida.

El formato del tablao plantea una pregunta crítica: ¿Qué ocurre cuando el reconocimiento artístico gira reiteradamente alrededor de la excepcionalidad de una sola persona? El individualismo escénico designa, precisamente, esta distribución del protagonismo; constituye una opción expresiva legítima. El egocentrismo, en cambio, aparece cuando alguien organiza sus relaciones desde la primacía de sus propios intereses y perspectivas. El narcisismo psicológico añade, en determinados casos, una búsqueda intensa de admiración, superioridad y validación. Una forma escénica y un rasgo de personalidad pertenecen a planos diferentes, aunque pueden entrar en relación.

La psicología distingue entre admiración y rivalidad narcisista. Back y sus colaboradores explican que buscar reconocimiento y defender competitivamente una imagen grandiosa son dimensiones relacionadas, pero distintas. Cabe preguntarse si una cultura profesional basada en la celebridad, la comparación permanente y el privilegio de una figura central puede reforzar conductas egocéntricas en intérpretes que ya presentan esas tendencias. Esta es una hipótesis cultural por investigar, más que un diagnóstico de los bailaores solistas. El mismo interrogante alcanza a cantantes, actores y otras profesiones escénicas: la crítica apunta a los incentivos que rodean al protagonismo, y el flamenco ofrece un campo específico para analizarlo desde la danza.

El problema comienza cuando el lugar que la bailaora ocupa sobre el escenario se convierte en la medida que exige para sus relaciones: cuando recibir admiración importa más que respetar a sus compañeros, aceptar una corrección o reconocer un talento ajeno. El escenario debería ser un espacio para expresar una singularidad artística, y también una escuela de responsabilidad. La legitimidad de un solo convive con el deber de examinar los sistemas que confunden excelencia con superioridad personal.

La coreografía grupal ofrece un contrapeso pedagógico concreto. En una composición grupal de danza española estilizada, cada desplazamiento modifica el espacio disponible para otro cuerpo; cada giro, braceo y acento debe integrarse en una arquitectura común. La destreza individual continúa siendo imprescindible, mientras su calidad se verifica también en la precisión de la relación. El intérprete practica la atención compartida, la adaptación de sus tiempos y el cuidado del espacio ajeno (muy valioso). La pregunta deja de ser únicamente «¿cómo brillo?» y se amplía hacia «¿qué construimos juntos?». La singularidad artística encuentra así otra vía de expresión: contribuir al resultado del conjunto.

Diversas investigaciones científicas respaldan el potencial de la danza colectiva para fortalecer los vínculos sociales mediante la sincronización corporal y la experiencia del movimiento compartido. Tarr y colaboradores observaron que la sincronización y el esfuerzo en la danza favorecían la cercanía social y elevaban el umbral del dolor, empleado como indicador indirecto de procesos fisiológicos. Estos hallazgos respaldan el interés por la experiencia de bailar compartida, mientras que demostrar una reducción del narcisismo clínico mediante coreografías colectivas requeriría investigaciones específicas. Tampoco existe base para afirmar que bailar un solo cause narcisismo o psicopatía, conceptos psicológicos distintos. La fuerza de esta propuesta reside en sus posibilidades educativas observables: escuchar al otro cuerpo danzante, cooperar bailando, recibir correcciones y reconocer la aportación ajena.

Surge aquí una objeción necesaria: también dentro de una compañía pueden existir egocentrismo, disputas por la visibilidad, jerarquías abusivas y apropiación del éxito común. El simple hecho de bailar juntos resulta insuficiente para transformar esas dinámicas. La verdadera alternativa consiste en unir la composición grupal con una ética pedagógica, acompañada de una enseñanza que promueva conscientemente el respeto, la cooperación, la empatía, la responsabilidad compartida, la distribución justa del reconocimiento, límites claros, espacio seguro y respeto por cada integrante. Quien dirige una compañía también debe examinar su propio ejercicio del poder. La excelencia de un bailarín se manifiesta en su calidad artística sobre el escenario, mientras que su valor como integrante de una comunidad también se expresa en su comportamiento humano y en la manera en que se relaciona con los demás. El talento artístico puede despertar admiración; la calidad de las relaciones humanas permite construir una comunidad artística saludable.


Reivindicar el flamenco y la danza española de conjunto significa ampliar nuestra idea de virtuosismo y asumir una responsabilidad ética en la formación artística. Podemos valorar la potencia expresiva de una presencia singular y, al mismo tiempo, cuestionar los sistemas que elevan la admiración individual por encima del vínculo humano. En una cultura fascinada por la celebridad, los “likes” y el aplauso, enseñar a construir con otros constituye una decisión artística y social. La verdadera pregunta es qué clase de relaciones ayuda a cultivar nuestra pedagogía. El virtuosismo individual muestra lo que un cuerpo puede hacer; el virtuosismo compartido revela lo que varios cuerpos pueden alcanzar cuando cada uno se hace responsable de su presencia en relación con los demás.


Referencias

Instituto Andaluz del Flamenco. «El baile flamenco». Junta de Andalucía. https://www.juntadeandalucia.es/aaiicc/flamenco/content/el-baile-flamenco-0

Back, M. D., et al. (2013). «Narcissistic admiration and rivalry». Journal of Personality and Social Psychology, 105(6), 1013–1037. https://doi.org/10.1037/a0034431

Tarr, B., Launay, J., Cohen, E. y Dunbar, R. (2015). «Synchrony and exertion during dance independently raise pain threshold and encourage social bonding». Biology Letters, 11(10). https://doi.org/10.1098/rsbl.2015.0767

Berlanga, M. Á. (2016). «Los bailes de jaleo, precedentes directos de los bailes flamencos». Anuario Musical.


ÉTICA EN MOVIMIENTO. HOMENAJE A BARUCH SPINOZA





Una obra inspirada en el pensamiento de Spinoza, donde la filosofía deja de ser solamente una idea para convertirse en cuerpo, movimiento, deseo y presencia. Entre la palabra y el silencio. Entre la razón y el impulso. Entre lo que pensamos y aquello que sentimos.


Una bailarina, un filósofo. Y en ese encuentro, una pregunta atraviesa la escena: ¿Cómo hacer de nuestra vida una forma de existencia más libre? “Vivir en libertad”.


La bailarina Estela Erman, acompañada por el actor Francisco Andrade y el bailarín Matías Santos, estrena este homenaje bailado al filósofo Baruch Spinoza. 




ÚNICA FUNCIÓN


Cuándo: Martes 24 de noviembre a las 20:30 hs.
Dónde: Paseo La Plaza

Sala: Picasso

Dirección: Av. Corrientes 1660, CABA
Duración: 60 minutos aprox


Apto para todo público

Entradas por: Plateanet

Valor de las entradas: $40.000

Tipo de Entradas: sin numerar

Link de compra


Ficha artístico-técnica

Elenco: Estela Erman, Francisco Andrade, Matías Santos

Dramaturgia: Estela Erman

Coreografía: Estela Erman
Dirección: Estela Erman

Género: Teatro-danza
Basada en: Ética, de Baruch Spinoza
Música / Diseño sonoro: Chopin – Viviana Martinovich – Rachmaninoff (Selección y diseño: Erman)
Diseño de iluminación: Miguel Coronel
Vestuario: Claudia Pelusso
Escenografía: Estela Erman
Diseño gráfico: Gastohn Barrios
Fotografía: Gastohn Barrios
Diseño de Video: Daniel Fumega
Prensa y comunicación: Daniel Franco
Producción: Estela Erman

CONVERTIR LA FRUSTRACIÓN EN MOTOR DE MOVIMIENTO

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n



Hace poco, la vida me dio la oportunidad de aprender, nada más y nada menos, que de la maravillosa frustración. Así es: un sentimiento del cual, quizás por instinto, huimos de entrada, pero que resulta fundamental para nuestro desarrollo como seres humanos en todos los aspectos.

Según la Gaceta UNAM (2022), la frustración es esa emoción tan común que surge cuando algo que deseamos o necesitamos se queda sin satisfacer. La palabra viene del latín frustratio, que significa engaño, decepción o desencanto.

Como bailarines, sabemos que es una realidad. La frustración nos acompaña de manera constante, tanto en lo profesional como en el entrenamiento: cuando no somos elegidos en el medio por diversas razones, cuando intentamos una disciplina nueva, un paso o un truco y no nos sale, cuando nos equivocamos en una coreografía o cuando nos quedamos en blanco en una improvisación o en escena. Nadie se escapa de este sentimiento, aunque en redes sociales, a veces, solo mostremos nuestros logros y no el proceso para llegar a ellos ni los proyectos que nunca concluyeron. Pero ¿es realmente tan mala la frustración?

Como otros conceptos de la vida, pienso que la frustración no nos cambia: sólo potencia y revela lo que ya somos, y nos muestra lo que aún tenemos por trabajar. Es ahí cuando nuestro diálogo interno se intensifica, donde aparece la oportunidad de observar cómo nos hablamos y cómo hacemos las paces con soltar lo que no fue, lo que pudo haber sido e, incluso, como menciona Ratia (2022) en su artículo, “reconciliarnos con la mediocridad”.

Hace algunas semanas la frustración me visitó y, confieso, hacía mucho que no venía tan intensa. Ahí estaba yo, intentando responder a situaciones que, vistas ahora desde otra perspectiva, me retaron muchísimo y me sacaron por completo de mi zona de confort. Mi respuesta fue intentar sostener lo que hoy puedo ver como tres capacidades distintas.

La primera, mi capacidad de disponibilidad.

Mi artículo anterior se tituló “Estar disponible también es disciplina” y, en ese momento, no me di cuenta de que había pasado por alto una parte crucial del estado de disponibilidad: si no estamos acostumbrados, sostenerlo por un periodo prolongado puede ser extremadamente agotador.

Ahora añado a aquel artículo que, quizás, el secreto de la disciplina de la disponibilidad no es querer cambiar de la noche a la mañana sino ir ampliando poco a poco el tiempo que logramos sostener cierto tipo de disponibilidad (por ejemplo, estar disponibles para la inspiración, para nuestro cuerpo, para los demás, para una obra…).

Además -y es muy importante decirlo- también se vale descansar y permitirnos no estar disponibles por ciertos períodos. Hablar de sostener la disponibilidad con disciplina sin mencionar que es imposible mantenerla por siempre, sería caer en los mismos discursos que inundan las redes sociales; ésos que romantizan la perfección y la optimización de la rutina y del estilo de vida como si fuéramos un producto.

Es sólo combinando períodos de disponibilidad y de no disponibilidad, y ampliando ambos poco a poco, cuando nos acercaremos a la vida que cada quien desea. Es probable que el estilo de vida de quien admiras hoy no se haya construido de la noche a la mañana, y tal vez esa persona tampoco haya logrado sostenerlo por períodos largos desde el inicio. Quizás empezó como un hábito y, con constancia, se volvió una forma de vivir.

La segunda, mi tolerancia a la frustración. En algunas clases, escuché a la maestra Karen de Luna hablar sobre la importancia de desarrollar esta habilidad; y hoy, por fin entendí la urgencia de hablar acerca de ello. Se define como la capacidad de sostener el malestar emocional cuando un deseo, meta o expectativa no se cumple, sin caer en reacciones desadaptativas ni abandonar nuestros proyectos. Y al igual que las demás capacidades, no es un rasgo fijo sino algo entrenable que funciona de manera similar a un músculo.

Y la tercera, la capacidad de responder antes de reaccionar. No creo que la frustración como motor para moverse y accionar esté del todo mal: a veces es el empujón que necesitamos para hacer cosas que habíamos postergado o que ni siquiera habíamos pensado hacer. Sin embargo, otras veces llega con tanta intensidad que nos ciega con enojo o tristeza, y entonces reaccionamos desde el impulso visceral.

Ése es el momento perfecto para entrenar la respuesta antes que la reacción; es decir, tomarse un momento después de recibir el estímulo para elegir conscientemente cómo actuar. Porque, como se le atribuye a Viktor Frankl, “entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestro poder para elegir nuestra respuesta, y en ella residen nuestro crecimiento y nuestra libertad”.

Si en algún momento sentiste que lo “arruinaste” y que mandaste muy lejos el uso de estas capacidades, quiero recordarte que todos somos seres humanos y todos seguimos aprendiendo. El punto está en asumir las consecuencias de nuestras acciones y levantarnos cada día a intentarlo de nuevo.

Me parece sumamente importante que, como artistas, abramos espacios para hablar en torno a la frustración y a cómo gestionarla cuando llega, y nos acompañemos en el camino que todos recorremos para cumplir nuestros sueños. Hablar sobre la frustración no la hace desaparecer, pero nos recuerda que nadie se mueve solo. Si hoy la tienes cerca, aquí hay alguien más que también está intentándolo.

Hoy menciono tres capacidades, pero seguro hay más. ¿Cuáles agregarías tú?


Recomendaciones para seguir leyendo:

Gaceta UNAM, Trabajemos en la tolerancia a la frustración (mayo de 2022): https://www.gaceta.unam.mx/trabajemos-en-la-tolerancia-a-la-frustracion/

Ratia, Jorge, Reconciliarnos con la mediocridad, ETHIC (febrero de 2022): https://ethic.es/2022/02/reconciliarnos-con-la-mediocridad/