LOS MAESTROS DE DANZA SON SUSTITUTOS PATERNOS

Por Fionna Viscido

IG @ffionnaviscido


Fuente - Pinterest


¿Por qué considerar a los docentes, en la vida y particularmente en la danza, como padres sustitutos?

En su obra “Sobre la psicología del colegial” (1914), Siigmund Freud nos plantea que, en los alumnos o en los colegiales, predomina una ambivalencia afectiva para con sus maestros. 

Si consideramos que la danza, especialmente el ballet, requiere una formación desde muy temprana edad, y nos centramos en los sujetos que desde pequeños encontraron su vocación en el cuerpo y en la danza, ¿qué lugar ocupan aquellos maestros que han dado inicio a su formación como bailarines y a su futura carrera profesional? 

Haremos un recorrido por la relación padre-hijo en la niñez, que Freud divide en dos momentos: en el primero, nos dice que “el niño pequeño se ve obligado a amar y admirar a su padre, pues éste le parece el más fuerte, bondadoso y sabio de todos los seres; la propia figura de Dios no es sino una exaltación de la imago paterna, tal como se da en la más precoz vida infantil. Pero muy pronto se manifiesta el cariz opuesto de tal relación afectiva. El padre también es identificado como el todopoderoso perturbador de la propia vida instintiva; se convierte en el modelo que no solo se querría imitar, sino también destruir para ocupar su propia plaza."

Para leer a Freud debemos intentar no hacerlo con absoluta literalidad sino recurriendo a la metáfora. Cuando nos dice que “el padre se quiere imitar tanto como destruir” nos habla del amor-odio ambivalente que se siente desde la infancia por los padres. Lo mismo ocurre con los maestros, ya que son figuras que, en la niñez, uno concibe como todopoderosos; se les otorga un saber inmenso y, desde cierto “odio”, una admiración, porque a su vez el niño quisiera despojarse de ese poder que el maestro ejerce sobre él. 

Si consideramos la formación en la danza como un trabajo complejo con niños hasta su adolescencia-juventud, es muy interesante pensar que esa relación se potencia. Muchas veces, los maestros se comportan como castradores y se posicionan en un lugar de padre autoritario. Podríamos considerar, incluso, que se genera una forma de crianza distinta a las figuras paternas primarias. ¿Sería correcto pensar que esos niños atraviesan una doble crianza?

En un segundo momento, Freud nos dice que “en la segunda mitad de la infancia se prepara un cambio de esta relación con el padre, cambio cuya magnitud no es posible exagerar” (...) “comprueba que el padre ya no es el más poderoso, el más sabio y el más acaudalado de los seres; comienza a dejar de estar conforme con él; aprende a criticarle y a situarle en la escala social." 

Siguiendo a Freud, es entonces cuando el sujeto comprende que su padre es una persona faltante y no un ser todopoderoso. Cuando los bailarines dan cuenta de que sus maestros también son sujetos faltantes, que no poseen un saber absoluto, suele haber una crisis y un cuestionamiento sobre su futuro como artistas. Es decir que al ponerse en duda esa admiración, tambalea el deseo. 

Nuestra conducta frente a nuestros maestros no podría ser comprendida, ni tampoco justificada sin considerar los años de la infancia y el hogar paterno”. Aún considerando los salones de danza como segunda casa y los maestros como sustitutos del padre, el hogar paterno define la posición ante la vida y frente a todos sus posibles sustitutos. De ahí vendrían entonces nuestras posteriores relaciones con maestros, directivos y autoridades. Me refiero a los maestros como padres -y no madres-, porque la figura del padre encarna la ley, la autoridad y la castración. Si los maestros se posicionan como figura materna muy difícilmente podrían sostener un lugar de autoridad y de mirada que el sujeto busque colmar.

“El amor paterno es algo que el sujeto debe ganarse” (Erich Fromm: El arte de amar). Entonces, figura paterna en tanto nos dice qué movimientos son correctos y cuales no, quienes tienen ciertos roles en una pieza de danza y quienes no pueden realizarlos. Figura paterna en tanto reta, castiga y premia. Siguiendo esta línea podríamos pensar a los compañeros como una relación fraternal, donde compiten por el amor de un mismo padre y toman como modelo a una misma figura, desfigurada en cada subjetividad. 

Pensar al maestro como ley, autoridad y castrador, en definitiva, como figura paterna, es un tema de abordaje complejo, pero necesario. Por ello, lejos de cerrarlo, quisiera promover un cuestionamiento en el lector bailarín y, particularmente, en el lector docente, acerca de qué posición podemos tomar para no sostener un lugar que, muchas veces, es incómodo y genera conflictos.

Quizás el bailarín deba cuestionarse, ¿por qué busco la mirada absoluta y de aprobación de mi maestro? Y si la respuesta se acerca a que el maestro es sustituto de la mirada paterna, entonces, ¿cómo podría bailar fuera de esa mirada?

Como paradoja a este último interrogante, el docente podría cuestionarse si es consciente de que sostiene una mirada, pero no toda. Es decir, si es consciente de que su mirada tiene efectos en la danza del sujeto, en tanto sujeto sujetado en esa mirada. Entonces, ¿cómo podría, dentro de esa mirada castrante, darle un lugar de subjetividad en su danza?

Quisiera concluir expresando que la ternura es uno de los caminos posibles, como vía para posicionarse como docente sustituto de la figura paterna, que posee un saber y una autoridad pero que también sostiene y aloja la angustia que, muchas veces, la vocación nos ocasiona.

POÉTICAS DEL CUERPO - TALLER VIRTUAL SEPTIEMBRE


"El cuerpo es la extensión del alma

y el corazón del mundo"

David Le Breton



POÉTICAS DEL CUERPO
Taller Virtual Certificado


La actividad se dirige a todas las personas que se interesan por la sabiduría que reside en el lenguaje corporal, y desean conocer las herramientas y recursos fundamentales para potenciar el alcance de sus infinitas resonancias.
Muy recomendable para artistas de la danza y el movimiento.

Se otorgará certificado de participación


¿CUÁNDO?
Martes 8, 16, 23 y 30 de septiembre de 19 a 20 hs (de Argentina). Los encuentros no se graban. Si no pudieras estar presente en las fechas previstas, te enviaremos el taller en su versión digital vía mail.

MODALIDAD
Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. 

FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina, Coach Corporal, Periodista de Danza, Investigadora y Docente en Artes Escénicas. Licenciada en Comunicación Social. Fundadora y Directora Danza & Comunicación (2006-2026). Premios Teatro del Mundo.

INTERCAMBIO
  • USA y Europa: 36 usd - PayPal. Abona AQUÍ
  • América Latina: 33 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • Argentina: 33.000 ars. Transferencia en alias: danzaycomunicacion (sin acento) 
Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante junto con tu nombre, apellido y mail para confirmar tu inscripción, por Whatsapp: wa.me/5491136873237


¡HASTA MUY PRONTO!

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

MILONGA CROMÁTICA. MODA, ESTILOS Y EVOLUCIÓN Y EN EL TANGO-DANZA

Por María Cecilia Morini




Fuente - Pinterest



Turquesa. De un bello color turquesa fue mi primera malla de expresión corporal.


Recuerdo que mi madre le había preguntado a la docente cuáles serían las características necesarias  de la vestimenta para poder asistir a las clases; luego, tengo la imagen casi nítida de ir rapidito a Casa “ANI” (la más famosa y completa tienda de danzas de Rosario) en aquellos años tan movidos, cuando el hombre se acercaba a la luna como nunca antes lo había hecho, y la sorprendente escalada planetaria parecía no tener límites.


La profesora del Pro Música había respondido, entonces: ¡Colores fuertes!. Y así fue. Ya que no solo fue de un color turquesa brillante (que, estoy segura, tuvo alguna consecuencia en mis movimientos enérgicos, alegres y saltarines de mi tercer año de vida) sino que, además, estaba confeccionada con el más puro y resistente “stretch”, material fortissimo e indestructible que se había vuelto muy popular en Argentina, a finales de los años 60.


Luego, llegaron las academias y todo se tornó hacia los tonos rosa pálido (para medias y zapatillas media puntas), y el negro infaltable del “torso” con y sin mangas; variando, eso sí, el color de las polainas o la faldita de gasa, según el espacio educativo lo exigía.


Sin excepción, coronaba la imagen con el rodete reglamentario, artilugio que se conseguía arremolinando el pelo con un par de gomitas estiradas, invisibles abiertas y “redecillas” (dispositivo que, por suerte, ya ha caducado con el cambio de milenio).


Debo decir que, quienes fuimos a academias de barrio entre los años 70 y 80, teníamos bien diferenciados ambos peinados y funciones: rodete alto para ballet y rodete bajo para bailes españoles; estilos que caracterizaron a la educación dancística argentina durante muchísimos años, gracias a nuestra relación con España desde los años 50.


Cada estilo, una altura; cada calidad de movimiento, una estética diferente y hasta opuesta, podría observar.


Luego llegaron los 80, y en esa vorágine de música y estímulos, se vieron  manifestados en una serie de contrastes, no sólo en los estilismos, sino en las formas, texturas y colores.


Tengo imágenes muy claras de momentos donde, mientras salía de la clase del Maestro del ballet Atilio S., y corría por las peatonales de la ciudad en un outfit (como se dice ahora), entre hippie-hindú mixturado con ciertas modas de jeans de marcas nacionales, aparecían en los medios (tv y revistas ad hoc) arriesgadas combinaciones de colores que se viralizaron rápidamente, como el turquesa (tan amado) pegado al furioso fucsia, o la tríada del blanco, el rojo y el azul.


Todo el fashion mood que nos rodeaba, se teñía de pronto en estos tonos en un verano. Y en cada oportunidad de baile social, de encuentro popular, parecíamos pertenecer todos a una misma agrupación. Me parecía muy divertido... ¡la uniformidad al poder!


Entonces, para romper esta monotonía visual, la danza comenzaba a improvisarse un poco más con la soltura que iría a movilizarse desde la música del rock nacional (y de otras latitudes también), enmarcados por aquellos peinados super producidos que tomaban tiempo y esfuerzo por mantenerse erguidos en esas alturas arquitectónicas, logrando rígidas verticales en flequillos o crestas coloridas a base de jabón, limón o kilos de gomina, enmarcados por  las hombreras exageradas e inolvidables de los sacones ochentosos.


También estábamos todos a full, entrenando aeróbicamente, en pleno auge de la danza y la gimnasia jazz, lo que exigía, al menos, una gran variedad de calzas de lycra de colores variados al mejor estilo de la nueva gurú del gym saludable, Jane Fonda.


Entre los años 90 y los 2000 entro de cabeza al más bello de nuestros bailes sociales: el tango. Entonces, entiendo todo. La pilcha me da todas las pistas de cómo se baila el tango, más allá de la orquesta y o del cantor.


Se me presenta semejante epifanía, entre bailes de milonga, libros y videos trasnochados, y me vuelvo una observadora obsesiva y una ferviente admiradora del cine argentino y de las divas (y divos) nacionales.


Una tarde, Valentino me obsequió su espectacular Tango Francés con una dama envuelta en su enorme mantón de Manila, cuya falda desflecada y hombro descubierto se fundían en un baile fenomenal, lleno de miradas penetrantes y caminatas acompasadas, haciendo pandán con la danza más elegante del bailarín, de bombacha gaucha y sombrero cordobés, quien supuestamente estaba representando a un argentino típico de principios de 1900 (algo absolutamente irreal y, evidentemente, creado sólo para esta escena iconica).


Así viajé con las películas de Tita y Libertad, Olinda y Mimí; con  sus voces y sus yeites pal baile, pudiéndome adentrar en la época de oro del tango, que fueron los años 40 y 50, con vestuarios que se caraterizaban, entre otras cosas, por la falda tubo y los tacos más finos y altos que en los 20, creando así una silueta de cintura marcada y talle muy estilizado.  


En esos años se consolidan las orquestas, y el tango-danza pasa a formar parte de la identidad del país. Entonces, todos bailan tango, así como también algunos ritmos de jazz (foxtrot, swing, etc) donde el encuentro ocurre en las calles de los barrios, clubes, salones y hasta casas de citas y cabarets, obligando a todos, especialmente a los organizadores de las milongas del centro de Buenos Aires, a reglamentar la pista y a organizar así su concurrencia.


Había muy poco lugar en estos salones para danzar, y bailar con pasos y secuencias pequeñas era la única forma posible. Además, estaba el condicionamiento de la ropa de los bailarines: traje entallado para ellos, muchas veces con chaleco de tres botones más corbata, sumado al sombrero; faldas y camisas muy ceñidas para las bailarinas, que definían así la postura vertical y distinguida del abrazo de la pareja.


Allí nace el tango milonguero, caracterizado por su abrazo continuo y muy cercano, que no permite que el desplazamiento de la pareja danzarina desarme ese contacto casi permanente de los torsos, (lo que se llama comúnmente, bailar “apilado” o “en puente”).


Es en el delicado equilibrio de este diálogo, donde dos cuerpos sumados dan por resultado un solo cuerpo sentido; es allí donde se funden la conexión del abrazo y la música del tango.


La vuelta a la democracia también genera cambios, pues allí el tango comienza a interactuar con otras técnicas y otras danzas; entonces, el tango nuevo, propone investigar con sistemas propios de la danza contemporánea (improvisación) posibilidades corporales y musicales que se suman al repertorio expresivo del baile popular.


Desde ese momento hasta hoy, he pasado por diversas modas, especialmente, en cuestión de calzados para bailar. Desde los zapatos que llevábamos al zapatero para “reforzar” y así duraban un poco más, hasta el último grito de la moda en zapatillas y zapatos de baile, que ahora los hay super acolchados, con base de cromo, arco de metal inalterable o suelas intercambiables, según lo exija la situación.


La IA me informa que gran parte del mundo está tendiendo al blanco y negro, grises y neutros en sus elecciones, por ejemplo, para indumentaria cotidiana.


Pero también estamos quienes no nos resignamos y militamos los tonos vibrantes, estampados osados y combinaciones llenas de vida; texturas nuevas que acompañan a las más antiguas, como en esa foto de una pareja conformada por un abuelo y su nieta, bailando el vals en una fiesta de 15.


Valoro mucho todas las posibilidades técnicas de la danza académica, que nutren a las más populares, siendo parte de la evolución de nuestra danza identitaria, enriqueciéndola emocional y creativamente.


No importa si usas zapatos profesionales, si bailas descalzo o con borcegos punk; lo que importa es que, bailando solo o en pareja, tus colores propios se manifestarán con cada gesto, en cada paso, ya que cada movimiento que cuente tu historia, que hable de vos, dibujará un pequeño destello de color imperceptible: espejo del alma del quien baila que, en mi caso, será turquesa.

FLAMENCO Y DANZA ESPAÑOLA: ARTE, HISTORIA Y EXPRESIÓN DEL ALMA

Por Patricia García Nieves

IG @movimiiento_libre


Fuente - Pinterest


La danza española y el flamenco forman parte del patrimonio cultural más valioso de España. Aunque muchas personas utilizan ambos términos como si fueran lo mismo, en realidad se trata de disciplinas relacionadas, pero diferentes. La danza española engloba varios estilos de baile tradicionales y escénicos, mientras que el flamenco constituye uno de esos estilos, reconocido por su enorme fuerza expresiva y por haber sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

La danza ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos como una forma de comunicación, celebración y expresión de emociones. En España, esta tradición evolucionó gracias a la influencia de distintas culturas, como la romana, la árabe, la judía y la gitana. La mezcla de todas ellas dio lugar a una riqueza artística única que continúa viva en la actualidad.

La danza española está formada por cuatro grandes disciplinas: la escuela bolera, la danza estilizada, el folklore y el flamenco. La escuela bolera surgió entre los siglos XVIII y XIX y se caracteriza por la elegancia de sus movimientos, el trabajo preciso de los pies y el uso de castañuelas. La danza estilizada combina la técnica del ballet clásico con elementos propios de la danza española, permitiendo interpretar obras de gran complejidad artística. El folklore reúne las danzas tradicionales de cada comunidad autónoma, reflejando las costumbres, fiestas y formas de vida de cada región. Finalmente, el flamenco destaca por su intensidad emocional y su capacidad para transmitir sentimientos profundos.

El flamenco nació principalmente en Andalucía durante los siglos XVIII y XIX. Su origen es el resultado de la convivencia entre diferentes pueblos y culturas, especialmente la comunidad gitana, que aportó una manera muy personal de expresar el dolor, la alegría, la pasión y la esperanza a través del cante, el toque de guitarra y el baile. Con el paso del tiempo, el flamenco evolucionó desde reuniones familiares y celebraciones populares hasta convertirse en un espectáculo reconocido internacionalmente.

El baile flamenco es mucho más que una sucesión de pasos. Cada movimiento tiene un significado y busca transmitir una emoción. La postura del cuerpo, la mirada, la colocación de los brazos, el movimiento de las manos y el zapateado forman un lenguaje propio capaz de comunicar sin necesidad de palabras. La improvisación también ocupa un lugar importante, ya que el bailarín dialoga constantemente con el cante y la guitarra, creando una interpretación única en cada actuación.

Dentro del flamenco existen numerosos palos o estilos musicales, cada uno con un ritmo, un carácter y una emoción diferentes. Entre los más conocidos se encuentran las alegrías, soleás, bulerías, tangos, seguiriyas, fandangos y tarantas. Algunos transmiten fuerza y alegría, mientras que otros expresan melancolía, recogimiento o intensidad emocional. Esta diversidad convierte al flamenco en un arte muy rico y complejo.

El vestuario también desempeña un papel importante. En el caso de la mujer, el vestido de flamenca, el mantón, la flor, el abanico o la bata de cola pueden formar parte de la interpretación según el estilo de la obra. En los hombres predominan prendas más sobrias que permiten destacar la fuerza del movimiento y el zapateado. Además, elementos como las castañuelas, el sombrero cordobés o el bastón pueden utilizarse en determinadas coreografías de danza española.

La práctica de la danza española y del flamenco aporta numerosos beneficios físicos y emocionales. A nivel físico mejora la coordinación, el equilibrio, la flexibilidad, la resistencia, la fuerza muscular y la postura corporal. También desarrolla el sentido del ritmo, la memoria y la concentración. Desde el punto de vista emocional, bailar favorece la autoestima, ayuda a liberar tensiones, reduce el estrés y permite expresar sentimientos que, en ocasiones, resultan difíciles de comunicar con palabras. Por ello, cada vez son más frecuentes los proyectos que utilizan la danza como herramienta de bienestar personal y crecimiento emocional.

En la actualidad, la danza española y el flamenco continúan evolucionando sin perder su esencia. Grandes compañías y artistas llevan este arte a escenarios de todo el mundo, fusionándolo en ocasiones con otros estilos contemporáneos y acercándolo a nuevas generaciones. Al mismo tiempo, escuelas, conservatorios y academias trabajan para conservar la tradición y formar a futuros profesionales que mantengan vivo este importante legado cultural.

En conclusión, la danza española y el flamenco representan mucho más que una manifestación artística. Son una forma de contar historias, preservar la identidad cultural y expresar emociones universales. Su belleza reside en la combinación de técnica, música, tradición y sentimiento, convirtiéndolos en una de las expresiones culturales más admiradas de España. Conocer y valorar este patrimonio significa también reconocer la riqueza histórica y humana que ha dado lugar a un arte capaz de emocionar a personas de cualquier parte del mundo.

ESCRITURA CREATIVA - CLASES PARTICULARES ONLINE


 "Escribo porque no puedo evitarlo"

Charlotte Brontë



ESCRITURA CREATIVA

Clases Particulares Online

La actividad se dirige a amantes de la palabra escrita en todos los países, que deseen conocer los más bellos recursos discursivos, estéticos y estilísticos, favorables al perfeccionamiento de su escritura con fines artísticos, creativos y/o publicitarios.

Asimismo, el taller propone un espacio para la indagación personal y el autoconocimiento, a partir de ejercicios, pautas y consignas hiladas poéticamente con sus respectivas fuentes de inspiración.

Son bienvenidas personas de todas las edades, sin requisitos.


MODALIDAD

Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. El material teórico-práctico del taller será enviado por mail.


FACILITA

Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo.


MÁS INFORMACIÓN

Contáctanos por Whatsapp para conocer los detalles y reservar tus horarios: wa.me/5491136873237



Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

DANZA Y ESCRITURA - CLASES PARTICULARES ONLINE


 "La escritura es la única manera de hacer eterno lo efímero"

Isabel Allende


DANZA Y ESCRITURA

Clases Particulares Online

La actividad se dirige a amantes de la palabra en movimiento en todos los países, que deseen conocer los más bellos recursos discursivos, estéticos y estilísticos favorables al desarrollo y perfeccionamiento de su escritura sobre danza y artes del movimiento. 
Asimismo, el taller ofrece un espacio para la comprensión profunda sobre el arte más bello y más necesario, como una práctica plausible de resignificación permanente, a través de la palabra escrita.
Son bienvenidas personas de todas las edades, sin requisitos. 


MODALIDAD

Online por Google Meet


FACILITA

Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo. 


MÁS INFORMACIÓN

Contáctanos por Whatsapp para conocer los detalles y reservar tus horarios: wa.me/5491136873237



Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

CUERPO Y ALMA EN LA DANZA CONTEMPORÁNEA

Por Alia Ramirez Canton


Fuente - Pinterest


Esta práctica, sobre la cual te quiero hablar, es la danza contemporánea. 


Para muchos bailarines clásicos, el lenguaje contemporáneo es bastante diferente y, en cierto sentido, pesado, pues implica tener que salir de esa zona de confort que significa todo lo aprendido en el ballet; a veces, esto se trata simplemente de rodar y hacer cosas de contorsionista. 


Aunque sí es cierto que el esfuerzo que los bailarines realizan al practicar danza contemporánea, como por ejemplo, sentir las raspadas de las rodillas contra el piso, o ese cansancio extremo en la columna, puede ser un castigo. Pero es también una completa recompensa.


Claro que para algunas audiencias, el lenguaje contemporáneo no tiene ni pies ni cabeza: creen que se trata de moverse como si los huesos no existieran; pero esto no es cierto, ya que el cansancio de los brazos y los movimientos, para siempre escritos en la memoria muscular, son una prueba de la belleza de lo no convencional. 


Incluso la misma creadora de los antecedentes de este estilo, Isadora Duncan, quiso crear algo nuevo, moderno y disruptivo. Por lo tanto, creo que lo excepcional siempre es juzgado o mal visto.


Pero cuando ves a los bailarines contemporáneos danzando, percibes que su alma se vuelve una con la coreografía. Bailan como si sus pies no dolieran, y como si sus pulmones no estuvieran intentando no cansarse. 


¡Ver danza contemporánea es algo emotivo y muy fuerte! Aunque se sienta como extraño, o difícil, quienes la practicamos nos brindamos en alma y esencia. Cuando los cuerpos bailan llevados por los sentimientos... Ésto es originalidad pura. 


EL CUERPO NO HABLA, SUSURRA

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n 


Fuente - Pinterest


Hace algunas noches me encontraba acostada en mi cama en posición fetal, lista para dejarme caer en los brazos del sueño. Ahí, en el limbo entre el inconsciente y el consciente, en cuestión de milésimas de segundos, un pensamiento detonó un recuerdo que no esperaba tener en ese momento. La posición fetal me recordó a cuando era una bebé, y me pregunté: ¿cómo fue la primera vez que llegué al mundo? Entonces, imágenes y sensaciones aparecieron, sin saber si estaba soñando, recordando o imaginando.

El sonido era similar a cuando te encuentras debajo del agua con una ligera presión en los oídos. Dentro del vientre de mi mamá sentía un líquido calentito y mi cuerpo flotaba sin el más mínimo esfuerzo, abrazada por la oscuridad. Algunos sonidos llegaban desde afuera, aunque en ese momento no sabía siquiera que eran voces de otros humanos, o que aquí se les llamara "sonidos". Calma, paz, seguridad. Yo solo era, y no había que ser nada más. 

Y entonces, después de unos borrosos recuerdos, el frío tocó mi piel. Unas manos sostuvieron mi cuerpo, sustituyendo el flotar eterno. Mi piel contra otra piel que volvió a calentarme, y una voz familiar diciéndome: "hola princesa". Mi papá.

Regresé. La nostalgia y la ternura inundaron mi cuerpo y ahí, en mi cama, me quedé quieta un momento, dejando que el hormigueo y la belleza del recuerdo me recorrieran.

Para mí no había sido solo un recuerdo, sino un mensaje para la etapa en la que me encuentro viviendo. Así que no pude evitar preguntarme: si el cuerpo tiene la hermosa capacidad de recordar desde el inicio de nuestras vidas, ¿qué otros recuerdos y mensajes guarda sin que lo sepamos?

Así, caminamos, interactuamos y vivimos todos los días; portando un cuerpo construido biológicamente que se transforma con cada experiencia recolectada; modificando no solo nuestra postura y movimientos, sino también nuestros ideales, metas y pensamientos. Traumas o no traumas, memorables o casi borrosos, el cuerpo guarda toda la información que vamos recopilando a lo largo de nuestras vidas. Y sí, a veces da miedo saber qué es lo que guarda, pues como testigo sin juicio que nos acompaña hasta el final, no discierne entre qué experiencias conservar y cuáles no. Para el cuerpo no hay bueno ni malo, como en la moral humana, sino que todo simplemente es. Las experiencias son experiencias, y es el conjunto de todas ellas lo que nos hace ser quienes somos hoy. Desear eliminar una sola podría ser el equivalente a quitar un ladrillo de una construcción: cada una contribuye a lo que somos.

A diferencia de algunas creencias, el cuerpo no castiga sino que revela lo que hemos vivido desde que comenzó a formarse en el vientre de mamá. Por eso, es nuestro mejor amigo; el más honesto y cercano que encontraremos, pues será quien nos muestre lo que hemos cosechado con el tiempo y lo que necesitamos trabajar para seguir creciendo. Solo hemos de darle espacio y silencio para dejarlo hablar.

Dicen por ahí que el cuerpo habla, y que cuando habla, lo hace gritando. Y sí, algunas veces, después de tanto tiempo sin ser escuchado, no le queda otra más que gritar. Pero me gusta pensar que la mayoría de las veces el cuerpo se comunica a través de susurros. Cambios sutiles; a veces, aparentemente imperceptibles pero cargados de mucha información. Hay que aprender su lenguaje, que es muy diferente al de las palabras. Algunos cuerpos gustan de sensaciones para comunicarse; otros, de imágenes, o incluso, de dolores. No sé si exista un lenguaje universal para que puedas comunicarte con tu cuerpo y así acceder a la información que guarda para ti. Pero lo que sí sé, es que el camino ya está trazado. Tan sólo necesitas escucharlo y permitir que te lo muestre. 

Así que, si hoy eligieras guardar silencio por un momento, ¿qué susurro escucharías de tu cuerpo?

LA PROFANACIÓN DEL TIEMPO

Por María Luján Rossi

IG @lujiss


Fuente - Pinterest


“No se juega con eso” me dijo la amiga de mi mamá cuando agarré el reloj de  arena del estante que estaba en el living. Me pareció bastante egoísta de su parte pretender que me conformara con pedirle siempre las figuritas abrillantadas que tenía en esa lata con inscripciones, en un idioma que desconocía por completo. Yo tenía un hermoso mundo imaginario, dentro del cual todo era posible. Bueno,  en realidad, casi todo. Lo horrendo no tenía lugar alguno, no existía en mi imaginación  la posibilidad de que algo malo sucediera; era mi espacio impenetrable. 


Ante la negativa de aquella tirana, y mientras resolvía qué hacer con mi enojo, me quedé mirando ese objeto sagrado, negado a mis manos, con detenimiento. Era el  mediodía en la casa de Banfield, el clima era perfecto y el sol entraba por la ventada del jardín donde estaban Griselda, mi mamá, mi papá y mis dos hermanos.


Era un reloj de bronce, medio viejo, pero no por eso menos brillante. La arena  estaba aplastada contra el fondo y pedía a gritos ser movida y sacada de ese tedio  permanente que nadie parecía advertir, y con el que nada podía hacerse. Algunos granos  eran más opacos que otros; el vidrio del lado de adentro parecía resguardar en el polvo  los restos de otros granos que supieron ser. Me pregunté si algo de aire ingresaría por algún espacio distraído del objeto. Parecía una estatua, un dios griego, como un castillo inalterable, un monumento, o una de esas catedrales que parecen abarcarlo todo; la imagen de un santo o ese cuchillo filoso que tampoco puede tocarse. Me generaba admiración y temor en simultáneo. Me pregunte por el origen de la arena, por cuántos  minutos tardaría en vaciar un lado y llenar el otro, por la velocidad de la caída, por todo  lo que habrán tardado en construirlo, y el por qué de que no pudiera usarlo. 


Mi cuerpo se empezaba a inquietar. Miraba a ese santo inmaculado cada vez con mayor intensidad; trataba de encontrar algún mínimo movimiento, alguna mínima  modificación en ese interior que, para mí, lo era todo. Un adentro que modificaba mi  adentro, que ya no me era ajeno. El reloj se me había hecho cuerpo. Quería ser yo esa arena cayendo por los bordes y las curvas del vidrio, quería entrar y sacar el polvo para ver mejor, quería lustrar el afuera para que la luz solar rebotara aún más en sus bordes, en sus pilares, en sus bases. Todo ese bronce que sostenía la estructura contenedora de ese oro polvo granulado, parecía un titán antiguo sosteniendo el mundo. Uno frágil  e invencible, al mismo tiempo. 


No sé si podría describir en extremo detalle su forma. Era uno de esos que replican la forma del número 8 o el signo del infinito, pero en orientación vertical, de un vidrio transparente que, por el paso de los años, ya parecía un cristal en sepia. La arena tenía diferentes grosores, de color entre amarillo y un incipiente ocre. Estaba entre dos  bases circulares que sobresalían, y a los costados, a lo largo, estas dos bases se conectaban por dos columnas o pilares verticales, contorneadas con relieves y forma  helicoidal. Toda la estructura de bronce parecía intervenida por la técnica del patinado. Era un diseño simétrico, intervenido con grabados que parecían egipcios o arabescos.


Yo estaba fascinada. Por momentos me quedaba de pie y la observaba de costado, moviendo mi cabeza de un lado al otro. Me acercaba para mirar los detalles o intentar percibir algún olor. Luego, me alejaba corriéndome de lado a lado para tratar de identificar desde que ángulo le daba mejor el sol. Tenía que apurarme porque pasaban los minutos y ese mismo sol se iba corriendo, dejando más sombras cada vez. Era  increíble cómo cambiaba de tonalidad toda la estructura, como si su integralidad sufriera  algún tipo de metamorfosis cromática. Me volvía a acercar y lo miraba desde arriba, me sentaba casi debajo con las piernas cruzadas, acostada boca arriba y boca abajo. De tanto girar empecé a bailar o jugar, no sé cuál sería ahora la diferencia; en ese entonces, no pensé en esto.


Trataba de rolar sobre mi cuerpo sin apartar la mirada del reloj. La sensación de torsión me llevaba a la imagen de las serpientes, y entonces fui una cobra retorciéndome en la arena, diseñando senderos que se borraban con el viento del desierto, hasta que empecé a buscar la verticalidad serpenteando como si un instrumento de viento me invitara a despegarme del suelo. Sentía cómo cada grano de arena que estaba pegado a mi piel se desprendía y caía rodando por mi cuerpo. Escuchaba una melodía sinuosa, misteriosa, que guiaba cada curva, acelerando y desacelerando, en un ritmo infinito como los recorridos de ese signo. No había principio ni fin. Era un continuo energético por el que fluía sin detenerme. Tanto me ondulé que empecé a tomar velocidad, y como si algo invisible me empujara, empecé a saltar y  desplazarme por el espacio, mis brazos eran como dos látigos que me impulsaban hacia  arriba, caía con un pie o con los dos y me despegaba del piso de la misma manera.


Me  imaginé los pies otra vez, en la arena, hundiéndose, dejando huellas entre mis dedos todo ese polvo granulado que, además, friccionaba mi cara, enredaba mi pelo y un sol brillante de mediodía me impedía, por momentos, abrir los ojos para ver la vastedad del desierto que me rodeaba. Pude escuchar las dunas moviéndose conmigo, modificando también sus formas. En algún momento fui remolino que, progresivamente, se iba ralentizando y acelerando. Y de repente, estaba dentro del reloj y era cada grano y todos, cayendo ahí dentro. Una dirección ambivalente de ir hacia abajo lentamente y aplastarme toda yo. En esa caída, estar de nuevo arriba para deshacerme y reiniciar ese hacia abajo. A veces, quedaba completamente dada vuelta y me veía a mí misma en algún reflejo, doble. Mis cabezas se apoyaban una sobre la otra y mis pies se saludaban  desde los extremos: una figura simétrica y multiforme, al mismo tiempo.


Ese tiempo mío, infranqueable, fue interrumpido de golpe por la voz de mi mamá que me llamaba desde el jardín para avisarme que ella y Griselda se estaban yendo a  la panadería. Mi cuerpo quedó un instante congelado, en una pausa que reunía todas  mis danzas recientes, mi corazón se aceleró tanto que cualquiera podría haberlo  advertido si miraba mi pecho, porque la respiración también se había modificado. Me  vibraban los ojos, el balanceo de mi cuerpo sobre los pies era pequeño e intenso, mis  manos transpiraban, los dedos se movían alternada y rápidamente. Respondí al llamado para asegurarme que nadie viniera hasta donde me encontraba. Escuché la puerta cerrarse. Sus voces, la de mi mamá y Griselda, alejándose. El silencio pareció eterno; era un puma agazapado frente al reloj, como si fuera su presa. Pensé un instante en la  posibilidad de que el polvo debajo de él evidenciara el crimen que estaba por cometer, la desobediencia más terrible de todas: ir hacia lo intocable. Pensé en la arena adherida al fondo, en qué sucedería si no se despegaba, en ser descubierta y, por lo tanto,  castigada por los dioses, obligada al exilio, a no volver jamás a esa casa. Hice cuentas sobre ningún dato certero en relación a cuánto tardarían ellas en volver y cuánto tardaría  la arena en vaciar una mitad, llenar la otra y replicar de una vez todo ese polvo apelmazado de qué sé yo cuántos de existencia incorruptible. Ese instante apareció inacabable, tenía que decidir si arriesgarme o ser obediente. Inspiré tanto que los  hombros casi tocan las orejas, retuve el aire y, como el puma dando el zarpazo para  atrapar esa presa inmóvil, en vez de tomar el reloj, pasé mi brazo por encima y atrapé el aire. 


Ese segundo antes de tomarlo pasó en cámara lenta y advertí que me resultaba mucho más atractiva la idea de darle vuelta, que darle vuelta en sí mismo. Al llegar mi  mamá y Griselda, me pidieron que fuera con ellas hacia el jardín para merendar con unas facturas que habían comprado. Mientras mis hermanos jugaban por ahí, ellas dos junto a mi papá sostenían una conversación animada sobre política. Ésa fue la  oportunidad perfecta para abstraerme y dar vuelta el reloj sin necesidad de moverme de donde estaba.  Lo imaginé como si realmente hubiera sucedido. Me vi tomando con mis propias  manos el reloj de arena, dándole vuelta velozmente. Estaba parada frente a él, justo  después del acto inaugural de una desobediencia poco sutil. Primero me alejé como si  fuera a explotar; el mismo corazón que había latido con fuerza, ahora parecía detenerse. Esto, hasta que la arena empezó a deslizarse poco a poco por ese estrecho que separa el cielo de la tierra, el universo de nuestro planeta, el pasto de las estrellas. El embudo  de un agujero negro hacia lo desconocido, una nueva oportunidad hacia otros infinitos.  El sonido fino que se generaba tenía el sabor de la audacia. Yo sonreía frente a esa inmovilidad que parecía incorruptible, había logrado restituir el dinamismo a una  temporalidad forzada al olvido y la mera exposición. La arena seguía cayendo mientras  recuperaba poco a poco el aliento. Qué más puede decirse cuando accedemos a aquello que parecía inaccesible, a la posibilidad de mover el tiempo que nos es negado. Qué más que ese instante de gracia donde un solo gesto reúne todos los anteriores. Cuánto  más que ese juego entre el adentro y el afuera, que nos permite vencer el tedio, burlarnos de lo sagrado, hacer propio el mundo. 


Ese reloj, como símbolo del tiempo antiguo, fue para mí un desierto, un portal abierto a la danza donde fui cobra, granos de arena, un puma agazapado, un remolino. No fueron sólo imágenes, sino que pude encarnarlas. Salí de mi cuerpo y el reloj salió de la repisa para encontrarnos en otro espacio. No es que no hubiera sido satisfactorio moverlo; sin embargo, entendí que había algo más allá de esa prohibición y era la posibilidad de utilizarlo sin que nadie más lo supiera. Nadie podría jamás sumergirse en  mi imaginación ni podrían dirigir mis danzas, porque tampoco sabrían de dónde provienen.


Me pregunto hoy: ¿puede la danza constituirse como una forma de profanación del tiempo? Mientras busco respuestas, encuentro en la imaginación ese espacio donde la  profanación se vuelve posible. Allí puedo ser diosa y humana, entre lo sagrado y lo profano.



Bibliografía utilizada

Agamben, Giorgio. Elogio de la profanación. 

Agamben, Giorgio. Ninfas.  

Badiou, Alain. La danza como metáfora del pensamiento.

COMUNICAR DANZA - TALLER VIRTUAL AGOSTO

 

"La danza es comunicación, por lo tanto, el desafío es hablar
claramente, hermosamente y con certeza"

Martha Graham


COMUNICAR DANZA
Taller Virtual Agosto

La actividad se dirige a todas las personas que aman la danza y desean conocer las herramientas fundamentales para comunicarla de manera efectiva, ya sea de manera personal y/o colectiva. Se otorgará certificado de participación.

​​OBJETIVOS
-Acceder a los conocimientos fundamentales para difundir y promover las artes corporales y del movimiento
Incorporar herramientas para llevar a cabo una lectura comunicacional de las prácticas artísticas corporales
-Promover el entendimiento de la danza en particular y las artes del movimiento en general, desde una perspectiva comunicacional integral​
-Favorecer el desarrollo de habilidades para una comunicación sólida y efectiva de las artes corporales y del movimiento​
-Contribuir a la expansión de las artes del movimiento en nuestras sociedades

MODALIDAD
Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. 

¿CUÁNDO?
Miércoles 5, 12, 19 y 26 de agosto, de 19 a 20 hs (de Argentina). Los encuentros no se graban. Si no pudieras estar presente en las fechas previstas, te enviaremos el taller completo vía mail ni bien lo abones.

FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Investigadora y Docente en Artes del Movimiento. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo. 

INTERCAMBIO ¡50% OFF!
  • USA y Europa: 33 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • América Latina: 30 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • Argentina: 30.000 ars. Transferencia en alias: danzaycomunicacion (sin acento)
Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante junto con tu nombre, apellido y mail para confirmar tu inscripción, por Whatsapp: +549 113 687 3237

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo