LA PROFANACIÓN DEL TIEMPO

Por María Luján Rossi

IG @lujiss


Fuente - Pinterest


“No se juega con eso” me dijo la amiga de mi mamá cuando agarré el reloj de  arena del estante que estaba en el living. Me pareció bastante egoísta de su parte pretender que me conformara con pedirle siempre las figuritas abrillantadas que tenía en esa lata con inscripciones, en un idioma que desconocía por completo. Yo tenía un hermoso mundo imaginario, dentro del cual todo era posible. Bueno,  en realidad, casi todo. Lo horrendo no tenía lugar alguno, no existía en mi imaginación  la posibilidad de que algo malo sucediera; era mi espacio impenetrable. 


Ante la negativa de aquella tirana, y mientras resolvía qué hacer con mi enojo, me quedé mirando ese objeto sagrado, negado a mis manos, con detenimiento. Era el  mediodía en la casa de Banfield, el clima era perfecto y el sol entraba por la ventada del jardín donde estaban Griselda, mi mamá, mi papá y mis dos hermanos.


Era un reloj de bronce, medio viejo, pero no por eso menos brillante. La arena  estaba aplastada contra el fondo y pedía a gritos ser movida y sacada de ese tedio  permanente que nadie parecía advertir, y con el que nada podía hacerse. Algunos granos  eran más opacos que otros; el vidrio del lado de adentro parecía resguardar en el polvo  los restos de otros granos que supieron ser. Me pregunté si algo de aire ingresaría por algún espacio distraído del objeto. Parecía una estatua, un dios griego, como un castillo inalterable, un monumento, o una de esas catedrales que parecen abarcarlo todo; la imagen de un santo o ese cuchillo filoso que tampoco puede tocarse. Me generaba admiración y temor en simultáneo. Me pregunte por el origen de la arena, por cuántos  minutos tardaría en vaciar un lado y llenar el otro, por la velocidad de la caída, por todo  lo que habrán tardado en construirlo, y el por qué de que no pudiera usarlo. 


Mi cuerpo se empezaba a inquietar. Miraba a ese santo inmaculado cada vez con mayor intensidad; trataba de encontrar algún mínimo movimiento, alguna mínima  modificación en ese interior que, para mí, lo era todo. Un adentro que modificaba mi  adentro, que ya no me era ajeno. El reloj se me había hecho cuerpo. Quería ser yo esa arena cayendo por los bordes y las curvas del vidrio, quería entrar y sacar el polvo para ver mejor, quería lustrar el afuera para que la luz solar rebotara aún más en sus bordes, en sus pilares, en sus bases. Todo ese bronce que sostenía la estructura contenedora de ese oro polvo granulado, parecía un titán antiguo sosteniendo el mundo. Uno frágil  e invencible, al mismo tiempo. 


No sé si podría describir en extremo detalle su forma. Era uno de esos que replican la forma del número 8 o el signo del infinito, pero en orientación vertical, de un vidrio transparente que, por el paso de los años, ya parecía un cristal en sepia. La arena tenía diferentes grosores, de color entre amarillo y un incipiente ocre. Estaba entre dos  bases circulares que sobresalían, y a los costados, a lo largo, estas dos bases se conectaban por dos columnas o pilares verticales, contorneadas con relieves y forma  helicoidal. Toda la estructura de bronce parecía intervenida por la técnica del patinado. Era un diseño simétrico, intervenido con grabados que parecían egipcios o arabescos.


Yo estaba fascinada. Por momentos me quedaba de pie y la observaba de costado, moviendo mi cabeza de un lado al otro. Me acercaba para mirar los detalles o intentar percibir algún olor. Luego, me alejaba corriéndome de lado a lado para tratar de identificar desde que ángulo le daba mejor el sol. Tenía que apurarme porque pasaban los minutos y ese mismo sol se iba corriendo, dejando más sombras cada vez. Era  increíble cómo cambiaba de tonalidad toda la estructura, como si su integralidad sufriera  algún tipo de metamorfosis cromática. Me volvía a acercar y lo miraba desde arriba, me sentaba casi debajo con las piernas cruzadas, acostada boca arriba y boca abajo. De tanto girar empecé a bailar o jugar, no sé cuál sería ahora la diferencia; en ese entonces, no pensé en esto.


Trataba de rolar sobre mi cuerpo sin apartar la mirada del reloj. La sensación de torsión me llevaba a la imagen de las serpientes, y entonces fui una cobra retorciéndome en la arena, diseñando senderos que se borraban con el viento del desierto, hasta que empecé a buscar la verticalidad serpenteando como si un instrumento de viento me invitara a despegarme del suelo. Sentía cómo cada grano de arena que estaba pegado a mi piel se desprendía y caía rodando por mi cuerpo. Escuchaba una melodía sinuosa, misteriosa, que guiaba cada curva, acelerando y desacelerando, en un ritmo infinito como los recorridos de ese signo. No había principio ni fin. Era un continuo energético por el que fluía sin detenerme. Tanto me ondulé que empecé a tomar velocidad, y como si algo invisible me empujara, empecé a saltar y  desplazarme por el espacio, mis brazos eran como dos látigos que me impulsaban hacia  arriba, caía con un pie o con los dos y me despegaba del piso de la misma manera.


Me  imaginé los pies otra vez, en la arena, hundiéndose, dejando huellas entre mis dedos todo ese polvo granulado que, además, friccionaba mi cara, enredaba mi pelo y un sol brillante de mediodía me impedía, por momentos, abrir los ojos para ver la vastedad del desierto que me rodeaba. Pude escuchar las dunas moviéndose conmigo, modificando también sus formas. En algún momento fui remolino que, progresivamente, se iba ralentizando y acelerando. Y de repente, estaba dentro del reloj y era cada grano y todos, cayendo ahí dentro. Una dirección ambivalente de ir hacia abajo lentamente y aplastarme toda yo. En esa caída, estar de nuevo arriba para deshacerme y reiniciar ese hacia abajo. A veces, quedaba completamente dada vuelta y me veía a mí misma en algún reflejo, doble. Mis cabezas se apoyaban una sobre la otra y mis pies se saludaban  desde los extremos: una figura simétrica y multiforme, al mismo tiempo.


Ese tiempo mío, infranqueable, fue interrumpido de golpe por la voz de mi mamá que me llamaba desde el jardín para avisarme que ella y Griselda se estaban yendo a  la panadería. Mi cuerpo quedó un instante congelado, en una pausa que reunía todas  mis danzas recientes, mi corazón se aceleró tanto que cualquiera podría haberlo  advertido si miraba mi pecho, porque la respiración también se había modificado. Me  vibraban los ojos, el balanceo de mi cuerpo sobre los pies era pequeño e intenso, mis  manos transpiraban, los dedos se movían alternada y rápidamente. Respondí al llamado para asegurarme que nadie viniera hasta donde me encontraba. Escuché la puerta cerrarse. Sus voces, la de mi mamá y Griselda, alejándose. El silencio pareció eterno; era un puma agazapado frente al reloj, como si fuera su presa. Pensé un instante en la  posibilidad de que el polvo debajo de él evidenciara el crimen que estaba por cometer, la desobediencia más terrible de todas: ir hacia lo intocable. Pensé en la arena adherida al fondo, en qué sucedería si no se despegaba, en ser descubierta y, por lo tanto,  castigada por los dioses, obligada al exilio, a no volver jamás a esa casa. Hice cuentas sobre ningún dato certero en relación a cuánto tardarían ellas en volver y cuánto tardaría  la arena en vaciar una mitad, llenar la otra y replicar de una vez todo ese polvo apelmazado de qué sé yo cuántos de existencia incorruptible. Ese instante apareció inacabable, tenía que decidir si arriesgarme o ser obediente. Inspiré tanto que los  hombros casi tocan las orejas, retuve el aire y, como el puma dando el zarpazo para  atrapar esa presa inmóvil, en vez de tomar el reloj, pasé mi brazo por encima y atrapé el aire. 


Ese segundo antes de tomarlo pasó en cámara lenta y advertí que me resultaba mucho más atractiva la idea de darle vuelta, que darle vuelta en sí mismo. Al llegar mi  mamá y Griselda, me pidieron que fuera con ellas hacia el jardín para merendar con unas facturas que habían comprado. Mientras mis hermanos jugaban por ahí, ellas dos junto a mi papá sostenían una conversación animada sobre política. Ésa fue la  oportunidad perfecta para abstraerme y dar vuelta el reloj sin necesidad de moverme de donde estaba.  Lo imaginé como si realmente hubiera sucedido. Me vi tomando con mis propias  manos el reloj de arena, dándole vuelta velozmente. Estaba parada frente a él, justo  después del acto inaugural de una desobediencia poco sutil. Primero me alejé como si  fuera a explotar; el mismo corazón que había latido con fuerza, ahora parecía detenerse. Esto, hasta que la arena empezó a deslizarse poco a poco por ese estrecho que separa el cielo de la tierra, el universo de nuestro planeta, el pasto de las estrellas. El embudo  de un agujero negro hacia lo desconocido, una nueva oportunidad hacia otros infinitos.  El sonido fino que se generaba tenía el sabor de la audacia. Yo sonreía frente a esa inmovilidad que parecía incorruptible, había logrado restituir el dinamismo a una  temporalidad forzada al olvido y la mera exposición. La arena seguía cayendo mientras  recuperaba poco a poco el aliento. Qué más puede decirse cuando accedemos a aquello que parecía inaccesible, a la posibilidad de mover el tiempo que nos es negado. Qué más que ese instante de gracia donde un solo gesto reúne todos los anteriores. Cuánto  más que ese juego entre el adentro y el afuera, que nos permite vencer el tedio, burlarnos de lo sagrado, hacer propio el mundo. 


Ese reloj, como símbolo del tiempo antiguo, fue para mí un desierto, un portal abierto a la danza donde fui cobra, granos de arena, un puma agazapado, un remolino. No fueron sólo imágenes, sino que pude encarnarlas. Salí de mi cuerpo y el reloj salió de la repisa para encontrarnos en otro espacio. No es que no hubiera sido satisfactorio moverlo; sin embargo, entendí que había algo más allá de esa prohibición y era la posibilidad de utilizarlo sin que nadie más lo supiera. Nadie podría jamás sumergirse en  mi imaginación ni podrían dirigir mis danzas, porque tampoco sabrían de dónde provienen.


Me pregunto hoy: ¿puede la danza constituirse como una forma de profanación del tiempo? Mientras busco respuestas, encuentro en la imaginación ese espacio donde la  profanación se vuelve posible. Allí puedo ser diosa y humana, entre lo sagrado y lo profano.



Bibliografía utilizada

Agamben, Giorgio. Elogio de la profanación. 

Agamben, Giorgio. Ninfas.  

Badiou, Alain. La danza como metáfora del pensamiento.

COMUNICAR DANZA - TALLER VIRTUAL

 

"La danza es comunicación, por lo tanto, el desafío es hablar
claramente, hermosamente y con certeza"

Martha Graham

COMUNICAR DANZA
Taller Virtual Agosto

La actividad se dirige a todas las personas que aman la danza y desean conocer las herramientas fundamentales para comunicarla de manera efectiva, ya sea de manera personal y/o colectiva. Se otorgará certificado de participación.

​​OBJETIVOS
-Acceder a los conocimientos fundamentales para difundir y promover las artes corporales y del movimiento
Incorporar herramientas para llevar a cabo una lectura comunicacional de las prácticas artísticas corporales
-Promover el entendimiento de la danza en particular y las artes del movimiento en general, desde una perspectiva comunicacional integral​
-Favorecer el desarrollo de habilidades para una comunicación sólida y efectiva de las artes corporales y del movimiento​
-Contribuir a la expansión de las artes del movimiento en nuestras sociedades

MODALIDAD
Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase.

¿CUÁNDO?
Miércoles 5, 12, 19 y 26 de agosto, de 19 a 20 hs (de Argentina). Los encuentros no se graban. Si no pudieras estar presente en las fechas previstas, te enviaremos el taller completo vía mail ni bien lo abones.

FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina y Coach Corporal. Periodista Cultural y Licenciada en Comunicación Social. Investigadora y Docente en Artes del Movimiento. Fundadora y Directora de Danza & Comunicación. Premios Teatro del Mundo. 

INTERCAMBIO
  • Todos los países: 30 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • Argentina: 30.000 ars. Transferencia en alias: danzaycomunicacion (sin acento)
Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante junto con tu nombre, apellido y mail para confirmar tu inscripción, por Whatsapp: +549 113 687 3237 

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

LOS GENES DANZAN CONTIGO

Por Helena Lorenzo

Dra. en Biología, pedagoga, profesora didacta de Biodanza, profesora de Yoga y Flow Dance, Dj de Ecstatic Dance y terapeuta forestal.

@biodanzahelena




Danza y epigenética

Durante gran parte del siglo XX se pensó que el ADN era un libro cerrado, escrito desde el momento del nacimiento. Cada una de nuestras células contiene la misma secuencia genética, la misma molécula química, como una inmensa biblioteca que nos acompaña durante toda la vida. Sin embargo, la biología contemporánea ha transformado profundamente esta visión. Hoy sabemos que los genes no son un programa rígido e inmutable, sino un repertorio de posibilidades cuya expresión depende, en gran medida, de la interacción continua entre el organismo y el ambiente (Bird, 2007; Jirtle y Skinner, 2007). Así nació un campo fascinante de la biología; la epigenética.


La palabra significa literalmente «por encima de los genes» y hace referencia al conjunto de mecanismos bioquímicos que regulan qué genes se expresan y cuáles permanecen silenciados, sin modificar la secuencia del ADN. Es decir, el texto del libro permanece intacto, pero cambia la forma en que es leído. Unos genes se activan y otros se «apagan».


Cuando nos movemos, algo más que los músculos entran en acción. El cerebro se reorganiza, las hormonas cambian y las emociones dejan huella. El organismo pone en marcha respuestas biológicas que, cuando el movimiento se repite y se integra en el estilo de vida, pueden llegar a modificar la actividad de numerosos genes relacionados con la adaptación, la plasticidad y la salud. Quizá por eso podamos decir, sin caer en la metáfora vacía, que los genes también danzan contigo.


Cada experiencia deja una huella biológica. Un nuevo movimiento creativo envía una señal al cerebro. Son las llamadas señales «de abajo arriba» (bottom-up), mediante las cuales la información procedente del cuerpo modifica continuamente la actividad cerebral, la emoción y la cognición (Damasio, 1999; Craig, 2002; Porges, 2011).


Otros factores, como la alimentación, el descanso, el estrés, la calidad del sueño, el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza, la música, las relaciones afectivas y el movimiento corporal, constituyen señales capaces de llegar hasta el núcleo de nuestras células y modular la actividad genética (Plaza-Díaz et al., 2022).


La danza ocupa un lugar privilegiado dentro de ese diálogo permanente entre el organismo y el ambiente. Cuando el cuerpo se mueve de forma integrada, millones de receptores sensoriales comienzan a enviar información hacia el sistema nervioso. Los músculos liberan moléculas señalizadoras; aumenta la circulación sanguínea; cambia la respiración; se modifica el equilibrio hormonal y el cerebro reorganiza continuamente sus conexiones neuronales. Nada permanece inmóvil. La biodanza, por ejemplo, incorpora elementos difíciles de encontrar simultáneamente en otras disciplinas: música seleccionada, movimiento orgánico, comunicación no verbal, contacto afectivo, integración grupal, juego, creatividad y vivencias emocionales profundas. Desde una perspectiva biológica, todos estos factores participan en la regulación del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Cuando disminuye la percepción de amenaza, el organismo reduce progresivamente la secreción mantenida de cortisol. Paralelamente aumenta la disponibilidad de neurotransmisores relacionados con el bienestar y el vínculo humano, como la dopamina, la serotonina, las endorfinas y la oxitocina. El funcionamiento interno del organismo cambia.

Es importante señalar que, hasta el momento, no existen investigaciones que hayan demostrado de forma directa los efectos epigenéticos específicos de la danza o de la biodanza. Sin embargo, sí disponemos de abundante evidencia científica que demuestra que el ejercicio físico, la reducción del estrés, la regulación emocional y las relaciones sociales positivas influyen sobre procesos biológicos relacionados con la expresión génica (Fernandes, Arida y Gomez-Pinilla, 2017).

Esta idea transforma profundamente la manera de entender la salud. La herencia genética ya no representa un destino inamovible. Aunque no podemos modificar la secuencia de nuestros genes, sí podemos influir, en cierta medida, sobre la forma en que muchos de ellos se expresan mediante hábitos y experiencias. Cada experiencia significativa reorganiza circuitos neuronales, modifica patrones hormonales, fortalece determinadas conexiones y favorece nuevas formas de adaptación.

No cambiamos quienes somos de un día para otro, pero sí podemos transformar la manera en que nuestro organismo responde a la vida.

La danza representa uno de los lenguajes más antiguos de la humanidad. Mucho antes de que existieran las palabras, el cuerpo ya narraba emociones, celebraba encuentros, afrontaba pérdidas y fortalecía los vínculos del grupo mediante el movimiento compartido. Quizá esa memoria evolutiva siga habitando en nosotros.


Al fin y al cabo, la danza no cambia nuestro ADN; cambia el diálogo que la vida mantiene con él.



Bibliografía Bird, A. (2007). Perceptions of Epigenetics. Nature, 447(7143), 396–398. Craig, A. D. (2002). How do you feel? Interoception: the sense of the physiological condition of the body. Nature Reviews Neuroscience, 3(8), 655–666. Damasio, A. R. (1999). The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness. Harcourt Brace. Fernandes, J., Arida, R. M., & Gomez-Pinilla, F. (2017). Physical Exercise as an Epigenetic Modulator of Brain Plasticity and Cognition. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 80, 443–456. Jirtle, R. L., & Skinner, M. K. (2007). Environmental Epigenomics and Disease Susceptibility. Nature Reviews Genetics, 8, 253–262. Plaza-Díaz, J., et al. (2022). Impact of Physical Activity and Exercise on the Epigenome in Skeletal Muscle and Other Tissues. International Journal of Molecular Sciences, 23. Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory. W. W. Norton & Company.


DANZAS DE ISADORA DUNCAN - TALLER Y AUDICIÓN

"Mi vida no ha tenido más que dos motivos: amor y arte" 

Isadora Duncan


Amantes de la verdadera danza, es una alegría contarles que durante el mes de septiembre llevaremos a cabo un ciclo de funciones en homenaje a nuestra amada Isadora Duncan. Las mismas serán virtuales (todos los países) y presenciales en la ciudad de Buenos Aires. Pronto anunciaremos las fechas.
Elegiremos a 3 bailarinas (en distintos países) y 3 bailarinas en Buenos Aires. Para esto, realizaremos una audición en formato de clases que brindaremos durante el mes de agosto.
-Online: sábados 8, 15, 22 y 29 de agosto de 16 a 17 hs (de Argentina).
-Presencial en Buenos Aires: sábados 8, 15, 22 y 29 de agosto de 14 a 15 hs.
El taller mensual de agosto tiene un valor simbólico que incluye la formación intensiva en Danzas de Isadora Duncan, así como también el material bibliográfico que las acompaña.
Más información e inscripciones únicamente por Whatsapp: wa.me/5491136873237

Coordinación
Ana González Vañek
Producción
Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

YOGA Y ENEAGRAMA. DOS CAMINOS PARA EL AUTODESCUBRIMIENTO

Por Brenda Inés Di Paolo

Profesora de Yoga – Doctora en Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Cuyo - Mendoza, Argentina

IG @dipbren





“Somos mucho más que nuestra personalidad”; esto nos dice el Eneagrama y eso mismo nos trasmite el Yoga. Somos algo más que un conjunto de experiencias y vivencias que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Hay algo más que nuestra parte consciente (ego-tipo), que enmascara la conexión con nuestra esencia y una sabiduría genuina. En la autorrealización y autotransformación auténticas confluyen y se nutren recíprocamente el Yoga y el  Eneagrama, dos caminos para el autoconocimiento, la rendición del ego y la integración del Ser.

El primer “insight” o revelación acerca de la retroalimentación entre el yoga y el eneagrama fue propuesta por el psiquiatra chileno Claudio Naranjo quien fue el más conocido estudioso del Eneagrama y quien propició su divulgación y conocimiento en todo el mundo. Naranjo sugirió a cada eneatipo que meditara utilizando un mudra específico o «gesto con las manos». Asimismo, una variedad de terapeutas de la psicología ha explorado la complementariedad del yoga como técnica psicoterapéutica (especialmente, en situaciones traumáticas).

El Yoga, sobre todo desde su sendero del Hatha Yoga, nos dice que nuestro pasado y presente se reflejan en nuestra columna vertebral, con sus bloqueos, rigideces, contracturas, etc. Igualmente los nueve eneatipos (tipos de personalidad o ego-tipos) que conforman el Eneagrama presentan diferentes estructuras corporales, una morfología y una coraza características con diferentes autodefensas: el carácter también se refleja en el cuerpo. 

De la misma manera que cada eneatipo tiene una estructura psicofísica (coraza muscular) característica hay posturas de Yoga cuya práctica facilita su centramiento e integración.

Es posible, que a través de la práctica del yoga se derriben los obstáculos que encarnan  cada una de las 9 pasiones de los 9 eneatipos: la ira, el orgullo, la vanidad, la envidia, la avaricia, el miedo, la gula, la lujuria y la pereza. 

La palabra “Eneagrama” es de origen griego, ennea gramma, y significa figura de nueve lados. Alude al símbolo caracterizado por una circunferencia con nueve puntos de referencia. Sus orígenes se remontan a más de dos mil años. Es un concepto desarrollado por la corriente musulmana de los sufís. 

El eneagrama describe 9 tipos de personalidad indicando sus “luces” y sus “sombras”. Aclara las cualidades que han quedado dormidas o dañadas y muestra la manera en que eso puede recuperarse para vivir una vida más despierta y plena. Además, nos señala un conjunto de rasgos característicos que influyen en nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar y nuestra forma de sentir. Es un itinerario de conocimientos tanto en lo psicológico, como en lo espiritual, para descubrir fortalezas y debilidades y, de ese modo, crecer.

El Eneagrama diferencia tres «energías» de las que se nutre nuestro carácter (estómago, corazón y cabeza) o tres centros (el del relacionarse o centro motor, el del sentir o centro emocional y el del hacer o centro mental). En concreto, hay tres eneatipos viscerales (8, 9 y 1), tres emocionales (2, 3 y 4) y tres mentales (5, 6 y 7).

La pasión dominante de la tríada emocional (orgullo, vanidad y envidia) es la vergüenza, la emoción predominante de la tríada visceral (ira, lujuria y pereza) es la ira y la de la tríada mental (avaricia, miedo y gula)  es el miedo. 

El yoga, como práctica de integración resulta muy benéfico como método para ir más allá del ego y profundizar en el yo esencial. Así propone asanas (posturas), mudras y mantras para equilibrar cada pasión central. 

La postura del “barco” (Navasana) se propone para la triada emocional caracterizada por músculos abdominales débiles y bloqueos en la pelvis, que es la encargada de sentir, expresar y mantener la fuerza agresiva, el contacto tierno y el estímulo sexual. 

La postura de “cara de vaca” (Gomukhasana) se propone para la tríada visceral cuya coraza muscular muestra unas caderas tensas y rígidas, que en vez de estar orientadas a la expresión y el movimiento pasan a estar en función de defensa y tensión constante. El desbloqueo de la cadera permite a los eneatipos viscerales el reencuentro consigo mismo, y también confrontar y establecer límites, y moverse activamente hacia la autosatisfacción.

La postura “ecuestre” (Ashwa Sanchalanasana) se recomienda para la tríada mental que concentra su energía en la cabeza, y se desconecta de su propio cuerpo y de sus emociones, necesidades y sentimientos. De manera que las piernas están rígidas y con poca energía y presentan un desplazamiento energético hacia el tórax y la cabeza. 

De esta forma la práctica del yoga y el autoconocimiento a través del eneagrama son dos caminos que permiten el crecimiento, el equilibrio y la integración del ser. 

REPERTORIO CLÁSICO EN EL CAPITALISMO

Por Fionna Viscido

Bailarina del Ballet Estable de la Provincia de San Miguel de Tucumán

Estudiante avanzada de Licenciatura en Psicología (UNT)

IG @ffionnaviscido



¿Cómo entender las obras clásicas dentro del sistema capitalista? ¿Podríamos pensar que el mismo incide en su alienación? Una persona sometida a constantes estímulos veloces, ¿soporta un repertorio de ópera, orquesta o ballet clásico de al menos dos horas? ¿Sucederá, acaso, una pérdida progresiva de interés en las formas de relato no inmediatas? Es importante no tomar estos interrogantes como una crítica sino como una reflexión acerca de lo que nadie se encuentra exento.

En plena época dominada por el capitalismo y el consumo, es una paradoja que los teatros se encuentren cada vez más vacíos. Mas allá de una cuestión socioeconómica, podríamos pensar que el destino de los lujos económicos ya no se encuentra destinado a pasar el tiempo en los teatros, sino a realizar una inversión, de dinero y de tiempo de ocio, en entretenimientos diferentes. La mayoría de las invitaciones al teatro, sobre todo en adolescentes y jóvenes, son rechazadas por falta de motivación, interés o presupuesto.

Sin embargo, enfocándonos en la parte de la sociedad privilegiada que aún puede permitirse ciertas inversiones en “shows” musicales y teatrales, podemos observar una elección por “lo mainstream” o bien, “lo que está de moda”. Es decir, un adolescente se encuentra mucho más interesado en escuchar música “de moda” que, a su vez, está acompañada por danza moderna. 

A partir de ello quisiera abrir las siguientes preguntas, sin intención de cerrar sus sentidos: ¿Se trataría solamente de una cuestión de gustos y una coincidencia etaria en su público? O quizás, ¿estaría esto relacionado con el capitalismo, y sus estímulos constantes, rápidos y de “fácil interpretación”? 

Byung-Chul Han en su libro “Buen entretenimiento” realiza una división del arte en dos aspectos. Por un lado, el “arte agradable” como arte de entretenimiento: un mero goce y una mera diversión. El autor nos dice que “el arte agradable solo sirve para un entretenimiento momentáneo, no da nada que pensar",

En este sentido, las nuevas letras de canciones, las nuevas formas populares de danza que, incluso, cruzan el límite con la sexualizacion de niños y adolescentes, no dan nada que pensar. Son una forma de arte que protege la línea de rapidez que propone el capitalismo, pero casi como una forma de imposición que se instala sin que el sujeto de cuenta de ello. 

Por otro lado, desde una referencia a Kant, el autor realiza esta división del “arte agradable” y del “arte bello” y nos dice: “El placer que proporciona el arte bello no es un placer de disfrute, sino de la reflexión, al que antecede un juicio distanciado sobre el objeto".

Entonces, sobre esta idea podríamos decir que “el arte agradable” es el arte mainstream o de moda socialmente impuesto, que no da que pensar y se opone al "arte bello” que necesita de un juicio del público porque está compuesto por una trama compleja que requiere interpretaciones subjetivas. ¿Qué forma de arte es favorecida por el capitalismo? 

Sin intención de cerrar sentido alguno sobre este interrogante, sostengo que “el arte agradable” se encuentra favorecido por el capitalismo en tanto proporciona un lugar de “vagancia” o bien “sin interpretación” con bailes y letras de canciones que no dan lugar a buscar otros sentidos singulares. Esto implica un resultado desfavorable y un peligro para “el arte bello”, porque es aquel que invita a pensar, a producir una interpretación propia, una comunicación que no esté previamente determinada por sentidos; una lectura singular de la danza, de la música, del cine, de las pinturas, de los libros, entre otros, en un mundo sostenido por un modelo económico que solo nos invita a consumir. ¡Qué gran esfuerzo implica, entonces, permanecer sentado durante dos horas escuchando y observando obras de repertorio complejas, como por ejemplo Wagner, o los grandes repertorios de ballet clásico de Petipa! Conlleva un esfuerzo encontrarse sentado en una sala de teatro que nos invita, por y a partir de su arquitectura misma, a sentir de una manera particular. 

Esta división funcionaría como un recurso de entendimiento y no como una aseveración que busca la cancelación del consumo sobre el arte mainstream. Por el contrario, en un mundo repleto de imperativos y deberes morales son necesarias las distracciones agradables y sin sentidos propios, que permitan la cancelación momentánea de la producción de pensamientos. El problema surge cuando dicha cancelación se vuelve total en la vida del sujeto y pasa de ser consumidor voluntario a ser consumido absoluta y totalmente por esa única forma de arte.

Si bien abrir una discusión semejante repercute en separar el arte, en bueno y malo, sería un intento absurdo pretender arribar a un significado sobre el arte. Pero esta calificación, lejos de la literalidad de las palabras “bueno” y “malo”, implica la posibilidad de pensar un poco más allá.

Según Wagner, la marca de lo bueno consiste en que “existe por si mismo” y no necesita del público. Lo bueno en su forma pura, que solo se consuma en la “obra del genio”, no se acerca a la demanda de entretenimiento. Por el contrario, lo “malo en el arte” surge de la intención exclusiva de agradar. (Byung-Chul Han, “Buen entretenimiento”)

Creo que aún en el “arte bueno” es necesario el público para que el mismo subsista en la lógica del capitalismo “que vende, y por lo que vende es bueno”. Es necesario que la gente vuelva a sentir interés por el ballet y que no sea éste el que deba adaptarse a la modernidad, porque si bien todo nuevo repertorio es un incremento, “lo clásico” no debe tomarse como “lo viejo”.

Por otro lado, creo que “lo malo en el arte” (entendiendo “malo” como lo citado anteriormente) también es necesario, porque son formas de danza y de música que pertenecen a sectores con los cuales los sujetos logran cierta identificación.

Concluyo, a partir de esta cita sobre la teoría del arte de un gran maestro y compositor como lo fue Richard Wagner, que la discusión acerca del arte bueno y malo, se encuentra vigente desde hace muchísimos años, y dudo que se llegue a una única conclusión universal. Pero, ¿no es acaso preocupante que el capitalismo, el consumo inmediato y la intención del no pensar -tanto como la de hacer arte para agradar dentro de la moda vigente- nos lleve cada vez más cerca de la aniquilación de la propia producción de sentidos?

24 HORAS

Por Laura Szwarc

@laura.szwarc 




En continua exposición. Coreógrafos constantes, bailarines: éso somos las 24 horas del día,  sabiéndolo o no: cada cuerpo, público y privado; en variaciones; en la quietud y en el  movimiento.


El cuerpo habla por nosotros. ¿Cómo, quién, dónde? Mi cuerpo, posible de ser tocado por mí y por otros, ¿dónde está?  Me envuelve, me abriga, ¿me domina? A la vez,  ¿quiénes dominan  mi cuerpo? Corporeidad/ carnalidad en permanente cambio. Sigo diciendo “mi cuerpo” a éste de ahora, que ha desplazado a aquél que balbuceaba, que aprendía a caminar; a éste de hoy, ya tan distinto…


“Yo soy otro”, decía el joven poeta Arthur Rimbaud. ¿Solo otro? ¿O múltiples otros?, le preguntaría. Porque el cuerpo me hace, me es, me tiene y, a la vez, es dominado, colonizado, según el lugar donde haya nacido, el grupo social al que pertenezca, el estudio y el trabajo que realicea; según el clima, según las miradas recibidas que nos sostienen o nos hacen caer. Así, la mirada toca. 


Al poner la palabra “tocar”, aparece lo palpable e impalpable. Puedo tocar tu mano, pero no  puedo tocar tu movimiento ni tu palabra. Sí puedo hacerlo metafóricamente: una palabra que me lastima, me hiere, me “da en el hígado”. Una frase desagradable me quiere hacer llorar, me aguanto y “me atraganto”. 


Al trabajar, los cuerpos hacen las diferencias. Quienes están trabajando en una fábrica ocho horas o más, reiterando un mismo gesto, están en esa forma de encierro. Los vendedores, sin sentarse durante horas, quietos, adquieren otro modo de moverse. Quienes están en las escuelas, docentes y alumnado, en quietud durante las horas del aula y en un desparramarse, arrojarse, en los intervalos de recreo. 


Encerrados en nuestro cotidiano. También estamos muchas veces encerrados en un puñado de prejuicios y dogmas. 


Nosotros podemos olvidarnos del cuerpo. Pero el cuerpo no se olvida de nosotros. Los cuerpos siempre son hablantes. 


Pero,  ¿qué tiene todo esto que fuimos nombrando, que ver con la danza, con el baile? Es que creemos  que somos -todos- bailarines. Solo que no estamos en estado de baile. Para ello, para reconocer los cuerpos de otro modo, es que proponemos un espacio (¿más pequeño que el mundo?); un espacio para “saber” de cada uno (de ese otro, auxiliar y semejante). Y  reconocer los objetos en el contexto que nos toca; no dejarlos en aislamiento sino construir un lazo con la posibilidad de no (solamente) ser utilizados, sino utilizar. Lograr una cohesión con las cosas y, sobre todo, una cohesión con los otros. Aceptar que el cuerpo propio se compone entre/con los otros.


Consideramos que es en el acontecer de la danza donde se puede captar la manifestación corporal y tanto en su desobediencia (a un impulso, a un mandato, a un supuesto saber) como en su desplegarse/recrearse, donde es posible alcanzar otro tiempo y espacio, una distribución “nueva” que, sin embargo, hace al reconocimiento de algo singular, el ritmo (que es como la propia respiración). 


El entrenamiento de la danza, a su vez, implica una disciplina y produce un oxímoron, dado que es una disciplina liberadora y, del mismo modo en que  repetimos los actos cotidianos, hay en el hacer dancístico una repetición de movimientos y gestos que conllevan una comprensión. No una repetición que implica hacer otra vez lo mismo, sino que eso mismo es diferente porque se le da vida cada vez.  Así, del danzar como arte escénico se produce otro oxímoron: una danza en el escenario es única cada vez, es fugaz y, sin embargo, penetrante: queda registrada en la memoria.


El cuerpo como materia danzable se amplía sobre sí y sobre los otros. Las posturas se modifican hasta acceder a otra forma discursiva. Cada parte del cuerpo, eso metonímico que hace a un todo, se afirma, se metaforiza. Esa danza gira hacia el cuerpo social y nos inscribe entre las cosas del mundo. Y es en ese “entre” donde, además de coreográficos,  los cuerpos se vuelven geografía y arquitectura.


Al bailar fluyen los cuerpos: hacen música. Comunican lo que cada uno “interpreta”, lee, ve, escucha.  Yo bailo/ tú bailas/ nosotros bailamos. En cada instante, por ejemplo: sentados en la consulta médica o al atarnos los cordones. O bien, si nos  encontramos en una manifestación, vemos personas/cuerpos caminando/brazos arriba/bocas abiertas; podríamos hacer una pausa en esa coreografía, suponer una foto.  Si luego hago un play, esa coreografía se modifica y puedo guiarla hacia otra dirección, hacia otro plano. Puedo mirar más y ver un grupo meciéndose en una patera, o (como hizo Agnès Varda) las espigadoras en las cosechas. 

El baile como una apertura de fronteras; el movimiento como una construcción de sentidos. Cada vez un suceso, un hecho de creación. Tan lejos, tan cerca, y entonces, la ampliación del concepto de baile.  El cuerpo, que de múltiples maneras es expuesto (mal o bien tratado), insiste: siempre es capaz de arte.  Así, a medida que amplía artísticamente el mundo, lo expande y se expande.


DANZA Y EMOCIONES - TALLER VIRTUAL



"No me interesa cómo se mueven las personas
sino aquello que las conmueve" 

Pina Bausch


DANZA Y EMOCIONES
Taller Virtual Certificado


La actividad se dirige a todas las personas que deseen adentrarse en el maravilloso legado de la corógrafa alemana Pina Bausch, para conocer profundamente los fundamentos de su valiosa propuesta artística, desde una perspectiva sociocultural y estética. 

Se otorgará certificado de participación


¿CUÁNDO?
Viernes 7, 14, 21 y 28 de agosto, de 19 a 20 hs (de Argentina). Los encuentros no se graban. Si no pudieras estar presente en las fechas previstas, te enviaremos todo el material del taller a tu mail, ni bien lo abones. 

MODALIDAD
Online por Google Meet. Una vez confirmada tu inscripción, te daremos acceso a nuestra comunidad en Whatsapp donde compartiremos el link de acceso a cada clase. Los módulos con actividades, bibliografía y materiales audiovisuales de Pina Bausch, se enviarán por mail. 

FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina, Periodista de Danza, Investigadora y Docente en Artes Escénicas. Licenciada en Comunicación Social (UBA). Fundadora y Directora de Danza & Comunicación (2006-2026). Premios Teatro del Mundo.

INTERCAMBIO
  • Todos los países: 30 usd. PayPal. Abona AQUÍ
  • Argentina: 30.000 ars. Transferencia en alias: danzaycomunicacion (sin acento)
Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante junto con tu nombre, apellido y mail para confirmar tu inscripción, por Whatsapp: +549 113 687 3237


¡HASTA MUY PRONTO!

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo