EL CAMPO INVISIBLE DE LA DANZA-VIDA

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n



Nuestro ser espiritual es una parte de nosotros que está ahí desde el primer momento en que llegamos a este mundo, pero solo algunos llegan a establecer contacto con él a lo largo de su vida.

La primera vez que toqué esta parte de mí, tan invisible y clara al mismo tiempo, fue hace aproximadamente diez años, cuando aún era una niña. Por azares del destino, o caminos ya escritos, a los trece años comencé a entrar en contacto con información relacionada con la espiritualidad: corregir errores de vidas pasadas, sanar nuestro linaje, descubrir nuestro propósito en esta reencarnación y tener la oportunidad de elegir diferente en esta vida.

Mi vida, a partir de ese momento, cambió por completo, y la manera en que eventualmente vi el mundo ya se encontraba, por default, con los lentes de la espiritualidad.

Hoy sé que todo es correcto y perfecto, pero también pienso que recibir aquella información a tan temprana edad hizo que mi sensibilidad se potenciara progresivamente y, paralelamente, surgieran más y más preguntas difíciles de responder:

¿Cuál es mi propósito de vida? ¿Por qué elegimos reencarnar como almas? Y, quizás la que más me ha acompañado durante muchos años: ¿Qué me hace querer quedarme en la Tierra, si solo es pasajera?

Durante mucho tiempo no pude responderlas.

Hoy ya puedo disfrutar de encontrar las respuestas, pero he de compartir que hubo un momento en mi vida en que no fue así. Sin embargo, una de las razones más importantes para responder aquellas preguntas llegó casi al mismo tiempo en que surgieron aquellos signos de interrogación, aunque no fue hasta años después que pude verlo y reconocerlo. Así llegó la danza a mi vida: primero cautivándome en forma de danzas urbanas, para después mostrarme el mundo de la danza contemporánea, el jazz y el ballet. La danza ya no era solo danza, sino una entidad con la que establecí amistad y amor, y que con los años me llamaba a profundizar cada vez más, hasta integrarse como parte de mi cosmovisión.

El resto es historia que aún sigo escribiendo. Elegí dedicarme a la danza y hubo un tiempo en que me sumergí en la búsqueda de la conexión entre mis dos grandes pasiones. Busqué, investigué, pregunté a muchas personas, hasta que me di cuenta de que no había nada que buscar.

La danza es espiritual. La danza es espiritualidad por sí misma.

No hay hilo negro que encontrar. La espiritualidad ya está ahí, en el preciso momento en que hacemos danza, y surge de manera natural en aquello que sentimos, movemos y danzamos, de maneras tangibles e intangibles, paradójicamente. Sin embargo, existe un camino para quienes deseamos no solo sentirlo, sino ver, con el ojo del corazón, la espiritualidad de danzar. Yo lo he llamado el campo invisible de la danza: ese espacio en el que sucede la magia, todo aquello que no podemos ver ni tocar, pero sí percibir, como la música, los pensamientos, la intuición, la imaginación, las dramaturgias y todo lo intangible que se manifiesta en el mundo físico a través del cuerpo del bailarín.

Sin duda, la danza no solo mueve al cuerpo, sino que mueve más allá de lo que podamos imaginar o tocar. Es una entidad antiquísima que ha acompañado a los humanos por miles de años, casi como un ancestro, con una sabiduría oculta y a la vez disponible para quienes estén dispuestos a recibirla. Y yo me encuentro seducida por estos misterios que suceden más allá del movimiento.

No voy a mentir: el camino ha sido, muchas veces, tortuoso. Me he perdido muchas veces, pero también me he encontrado en todas ellas y siempre he aprendido algo nuevo. Aún me encuentro en ese estado insaciable y apasionante de querer saber más acerca de la danza, la espiritualidad, lo invisible y el porqué de la vida. Pero ahora, más que una limitación, son una motivación para seguir adelante recolectando anécdotas. Si de algo estoy segura, es de que no existe una sola respuesta, sino muchísimas, y que han llegado y llegarán en el momento indicado, como dice el proverbio zen:

"Cuando el alumno está listo, el maestro aparece."

Mientras tanto, ¿por qué no disfrutar los gozos que nos ofrece la danza-vida?