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QUE SEA TU VOLUNTAD

Por Ana González Vañek

IG @danzaycomunicacion


¿Qué pasaría si supiéramos que la danza nos acerca a Dios? A veces, los milagros suceden tan cerca nuestro que no los vemos. Para comprender las bendiciones que significan todas y cada una de nuestras experiencias, es necesario haber recibido la gracia de la FE: una certeza interior, clara e incuestionable, que nos brinda paz en todo momento porque ya hemos aceptado que somos parte del Plan de Dios.

"Él, mejor que nadie, sabe lo que es bueno para nosotros: Fiat Voluntas Tua (Que sea tu voluntad)". Lucas Garcilazo


Lucas Garcilazo


.Considerando la dimensión espiritual de la danza, y con la intención de iluminar el camino que dará nueva vida a nuestro arte, tuvimos el placer de conversar con Lucas Garcilazo, bailarín, docente, coreógrafo y gestor cultural, actualmente consagrado como seminarista castrense, quien descubrió que la búsqueda de su identidad espiritual, era en realidad la búsqueda de su encuentro personal con Dios: "Comprendí que el artista en acción que habita en mí, era el reflejo de un chispazo de Dios en mi espíritu, apenas una mínima partícula de luz en mi corazón, que me motivaba a la búsqueda incesante de mi Creador. Un reencuentro que sólo se satisfacía en el momento en que bailaba y me desvanecía en el escenario, para dar espacio al mensaje de la belleza de Dios. La música acariciaba mi alma sin pedir permiso y todo brotaba para ser compartido, en ese instante".

En esta entrevista, Lucas nos cuenta acerca de sus experiencias como bailarín y co-fundador de una de las compañías argentinas de danza más importantes, el Ballet Contemporáneo del Chaco, para integrar luego sus vivencias en el sendero que actualmente lo convoca, invitándonos así, a comprender de manera tan concreta como profunda, el vínculo inherente y por sobre todas las cosas, necesario, entre la danza y la espiritualidad.


Gentileza Lucas Garcilazo


AGV: -¿Cómo y cuándo nace el Ballet Contemporáneo del Chaco?

LG: Hay dos fechas. Una, cuando la creamos mentalmente junto a Mariela (Alarcón) en el 2001, que fue cuando empezamos a gestar esa idea y escribir sobre cómo nos gustaría que fuera. Charlamos mucho, definimos parámetros y soñamos con lugares. Al mismo tiempo, comenzamos a dar cursos de danza contemporánea y clásica en Chaco, delineando lo que nosotros queríamos y, a futuro, pediríamos en una audición. Esto se concretó en junio de 2009 por resolución del Instituto de Cultura, con el propósito de difundir el arte de la danza en sus distintas técnicas, transmitiendo el acervo cultural de la provincia, conviviendo, asimismo, con las distintas expresiones y universos creativos. El Ballet Contemporáneo del Chaco se ha convertido en embajador cultural a través de giras por la provincia, el resto del país y fuera de él, generando ámbitos de expresión, formación del lenguaje e intercambios permanentes entre artistas y los diversos públicos. Actualmente, a 14 años de su creación, el Ballet tiene sede en La Casa de las Culturas, en la ciudad de Resistencia, Chaco.


AGV: ¿Qué aspectos destacarías sobre el desarrollo de las actividades del Ballet y por qué?

LG: Abordando temáticas diversas y comprometidas, siempre se intentó que, además del desempeño técnico propio del lenguaje de la danza contemporánea, se desarrollara lo espiritual: una vinculación entre el artista con la obra y el diálogo con el espectador. Se buscó que el artista se apropiara de la obra, siendo él o ella, dueño de sus historias y su lenguaje: un hacerse piel del universo espiritual de la obra, profundizando siempre el desarrollo de esa sensibilidad en los intérpretes. Esto generó un sello muy personal del BCC. A su vez, tenía características de un Ballet de autor, pero el autor era el propio ballet, el singular sello personal del BCC, con jóvenes promesas artísticas, y hoy ya afianzados profesionales-artistas del medio de la danza. Un orgullo para la región y el país. Las temáticas abordadas eran muy comprometidas: desde Malvinas, los desaparecidos, matanza de Napalpí, cosmovisión de pueblos originarios (Quom y Wichi), violencia de género, además de las plásticas obras con estéticas vanguardistas, propuestas de instalaciones e intervenciones usando tecnologías de mapeo y demás artes visuales; muchas veces con música en vivo, fusionando estilos y trabajando en equipo con otras áreas artísticas.

AGV: ¿Cuál es tu mirada acerca de la danza contemporánea en Argentina, actualmente?

LG: No hay que olvidar que venimos de una pandemia que hizo mucho daño a la sociedad en todas sus dimensiones: sociales, afectivas, culturales y espirituales. Es una respuesta compleja, dada la peculiaridad de este lenguaje, a esta altura de las circunstancias y considerando las temáticas que se viven en este preciso momento, y en este mismo país, que no es poca cosa (risas). Es innegable que la búsqueda y el dialogo están: algunas veces muy innovadores y otras, más tradicionalistas. Hay para todos. Pero en mi humilde opinión, creo que también hay una confusión, un río muy revuelto. En la búsqueda del lenguaje propio, personal, entraron en sintonía con “el vale todo” y “todo es relativo”: se busca la forma o pérdida de ella, pero sin contenido, sin espíritu. El diálogo tiene que estar primero, con el mensaje. Todo artista es tal porque su alma tiene algo que decir, que gritar al mundo: enojo, furia, amor, esperanza o solamente un silencio. Pero tiene que estar esa intención al dialogo, sino, es simplemente tan efímero como el mismo movimiento que se produce y se desvanece al terminar. Es cierto que los limites en el mundo del arte están para ser corridos, pero con un propósito, no sólo "porque sí". Hay que volver a conectar con la sensibilidad espiritual de cada uno, lo cual lleva dedicación y tiempo; no sucede de un minuto a otro. Hay elaboraciones que tienen que madurar y eso es parte del proceso artístico-humano. Es importante conectarse, dialogar y no perder la fe, la esperanza y el amor, para con uno mismo, con los demás y con el arte.


Gentileza Lucas Garcilazo


AGV: ¿En qué momento sentiste la necesidad de realizar un cambio de rumbo en tu vida y cómo fue esta experiencia?

LG: En realidad fue un resurgir de algo que estuvo latente en mí desde pequeño; un llamado ante el cual, por diversas situaciones, siempre me hacía el distraído. Acallé la voz de mi espíritu y canalicé eso a través del arte. Pero… de Dios nadie se escapa (risas). Un día me vi rodeado de todos mis objetivos cumplidos y me di cuenta de que por ahí no venían la felicidad y la paz de mi alma. Empezaron a tener más sentido los viejos refranes y las charlas con los mayores. Empecé a retornar a mis orígenes religiosos, vi una Biblia y pensé ¡hay que leerla! Leí tantas pavadas y cosas por obligación que ¿por qué no leer un libro que es el mensaje de Dios? En fin, empecé a interiorizarme y a empaparme más del tema. Averigüé sobre distintas órdenes religiosas, sobre monasterios, vidas de Santos y Santas católicos. Me sentí identificado con algunos de ellos en cuanto al movimiento de sus almas, sus inquietudes. Entonces empecé a acallar las voces de mi cabeza y a escuchar el silencio, y de ahí empezó a surgir una voz que se escuchaba a lo lejos y que se acercaba cada vez más. Más silencio mental y más fuerte retumbaba, en mi vientre y en mi pecho, esa voz: era una voz firme, segura, con mucha autoridad, pero al mismo tiempo con mucha paz, ternura y amor. Es muy difícil describirlo, ponerle palabras a lo que hoy entiendo por mi llamado vocacional. Pero con tan sólo 37 años, la gran pregunta a todos mis miedos era: ¿y por qué no? ¿qué me detiene? (para ser sacerdote). Desde ya que era un paso de fe: creer ciegamente. No como Tomás en el evangelio, que primero quiso tocar y ver las heridas de Jesucristo. Esto era un salto a lo que veía como un vacío. Empezaba a dialogar conmigo mismo y con Dios, con Jesús y con el Espíritu Santo. Me entregaba por las noches, al dormir, al cuidado de la Madre Virgen María. Meditaba en la paternidad de San José y en su relación con ese Jesús pequeño. Rezaba el rosario mientras hacía la fila esperando a pagar algún impuesto. Entonces se me pasaba el rato más fluido. En los viajes largos rezaba en mi interior y tenía grandes charlas y debates con Dios. Amplié mi mundo espiritual de una manera inimaginable. Ya nunca más sentí la soledad vacía. Era una soledad habitada. Todo se tornó con la mirada de Jesús; empezaba a descontaminarme, a sacar los vicios y el doble sentido, a aprender a escuchar, y a ver a las personas y al mundo que me rodea tal cual es. Entonces comprendí que el llamado era claro en mí y empecé a averiguar qué tenia que hacer, y a dónde ir. Ahí empezó mi gran aventura con la Santísima Trinidad.


Gentileza Lucas Garcilazo


AGV: Considerando tus propias vivencias ¿Cómo describirías el vínculo existente entre la danza y la espiritualidad?

LG: El vínculo es sumamente íntimo, personal. Son dos fuerzas que se atraen y al mismo tiempo, se tensan. Hay orgullo y sumisión. Es la complejidad del mundo interior del artista. La danza, el arte supeditado por el artista y su espíritu, o el espíritu motor y creador del arte y el movimiento de la danza. La danza se somete al espíritu, o al revés. Desde ya que no se puede meter a todos en la misma bolsa. Creo que en la actualidad no está sucediendo este nivel de compromiso, pero también, porque no es lo que la gente quiere ver. En la actualidad duelen, lastiman y molestan los planteos introspectivos.

AGV: ¿Creés que sería posible establecer un puente entre la danza y la espiritualidad? ¿De qué manera?

LG: Creo que es necesario que haya un puente entre ellas. Hoy en día se vive con una cierta espiritualidad a la carta, como un menú de comidas donde elijo qué sí y qué no. Ahí se pierde algo fundamental: el COMPROMISO absoluto. Nadie quiere sumergirse al punto de comprometerse, porque eso hace que te expongas. Y acaso el artista (el ser humano) ¿no se expone todo el tiempo? ¡Pero claro! Eso te pone en riesgo de que sufras, de que te lastimen, de quedar herido. Entonces, se pierden la esperanza y la fe. Hay que arriesgarse para ganar, es un salto de fe, y ella te lleva a la entrega, y la misma se hace con amor. Sin amor no hay nada. Entonces, no importará el resultado porque no hay nada que reprochar: tú diste todo, lo diste con el espíritu. El amor, la fe y la esperanza se entrelazan y hacen el puente por donde todos cruzaremos (o sólo aquellos que nos animemos), tanto el artista, el espectador y el ser humano en general.

AGV: ¿Qué entendés por comunicar a través de la danza?

LG: El artista, el ser humano, debe tener un mensaje para dar o sólo una actitud, un silencio. Todo acto -o no acto- tiene una carga comunicativa. Hay un grito en el pecho de cada artista listo a salir; la cuestión es cuándo saldrá, cuándo se animará a hacerlo. Porque el momento, como en la vida misma, también es importante. Ejemplos de esto, los vemos en obras de Kabuki, del Teatro Noh, o en obras conceptuales que respondieron a las necesidades de la época, incluso en obras más expresionistas con artistas que hoy siguen siendo faros de luz en este mar agitado de la vida, en esta hoguera de vanidades: Isadora Duncan, Nijinsky, etc... Hay que entender que, desde los principios de la humanidad, el hombre buscó comunicarse, tanto con su prójimo (próximo) como con su Dios, y no es casual que haya elegido el lenguaje de la danza para esto último. Danzas de alegría, de festejos y victorias, danzas fúnebres, danzas que estaban cargadas del espíritu de esas culturas, de esas generaciones de hombres y mujeres que son nuestra herencia cultural, sanguínea y espiritual. Con el tiempo fue tomando otras formas, como ritos, estáticos a la vista del hombre pero con un dinamismo espiritual, un diálogo entre el hombre y su Dios, a veces en una intimidad tan profunda que ha llegado a transes, levitaciones y demás actos sobrenaturales que pocos los han vivido, y otros, fueron sus testigos. Hoy más que nunca, el ser humano-artista necesita de este diálogo con su espíritu y con el mundo. La danza es uno de los tantos lenguajes que hemos aprendido a hablar. Usémoslo, antes de que la intolerancia, la indiferencia y la falta de amor al prójimo nos cubran con el silencio, el miedo y la guerra. En la Biblia (la profecía por excelencia), la Danza se usa para expresar la alegría y la alabanza al Señor (2 Samuel 6:14, Salmos 149:3 y 150:4, Jeremías 31:4-13). Hasta Nietzsche decía: "Sólo creería en un Dios que supiera bailar" (un dios que habla con el hombre en su cotidianeidad). Mi consejo es nunca perder la fe, la esperanza y el amor.-


Gentileza Lucas Garcilazo


Lucas Garcilazo fue integrante del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y Bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. Trabajó en Compañías de España, Italia y Alemania, desempeñando roles de Solista y Primer Bailarín. Practicó Artes Marciales. Es Co-Fundador, Director y Coreógrafo del Ballet Contemporáneo del Chaco (BCC). Es egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Cursó Tecnicatura en Organización y Eventos, Licenciatura en Gestión y Desarrollo Cultural, y Sagrada Teología. Actualmente es Seminarista del Obispado Diocesano Castrense.

RINGTONE. RESONANCIAS DEL AMOR

Por Ana González Vañek

IG @danzaycomunicacion 


Fotografía - Gentileza de prensa

Iluminar con profunda belleza. Armonizar las propias experiencias con el amor genuino que todo lo atraviesa. Reconstruir fragmentos del tiempo detenido en el cuerpo con la sabiduría infinita de la danza. Éstas son algunas de las frases que pensé para abrir el artículo sobre una obra de danza que nos colma el alma de certezas.

Luego de su estreno el año pasado, en Aérea Teatro, tuvimos la posibilidad de ver una nueva versión de Ringtone, con dirección de Brenda Angiel, en el Centro Cultural de la Cooperación. 

Brenda y su hija, Sara Becker, convierten el escenario de la sala Solidaridad en un espacio donde la intimidad vincular nos lleva al encuentro con nuestro propio mundo emocional para hacerlo visible, tangible y experiencial, mientras una melodía tan hermosa como conocida sobrevuela el aire donde todo se resignifica. 


Fotografía - Gentileza de prensa

En esta ocasión, Ringtone Lado A se articula en torno a escenas de danza en vivo y otras, registradas en el espacio de ensayo (Aérea Teatro) dando como resultado un trabajo auténtico que, además de interpelar al público desde el movimiento, pone de manifiesto la estructura de los lenguajes audiovisuales que sostienen de manera natural y coherente con las formas de la comunicación actual, la intención de la pieza. 

¿De qué modos interactúa un cuerpo en estado de danza, con los formatos tecnológicos actuales? ¿Cómo hacer uso de los mismos para comunicar su posible trascendencia? ¿Cómo nos llama, en este contexto, el amor genuino? Son posibles interrogantes que nos despierta la obra, si elegimos el camino de la reflexión. 

Pero la transparencia de una voz que recibe al espectador con toda la belleza de su honestidad, nos dispone a la apertura sensible, en todos los niveles de comprensión e incorporación de los significados de la obra, para situarnos en el aquí y ahora de su transcurso escénico que jugará luego, a través de recursos musicales, coreográficos y de iluminación, con la superposición de espacios y de tiempos. 

Cabe destacar las calidades corporales e interpretativas de madre e hija, así como también la construcción de toda la narrativa coreográfica que, en su paso por distintas instancias musicales y voces en off que la nutren de cercana materialidad, intensifican la llegada de la obra a registros emocionales cada vez más nítidos e incuestionables, mientras un vestuario sencillo envuelve los movimientos que se funden en luces y colores cuya energía despliega los significados más profundos de la palabra transformación.

El paso del tiempo lineal revela, indefectiblemente, los signos materiales del cuerpo que habitamos, así como también, los intersticios de las dinámicas vinculares que nos definen, y que sólo quien ama profundamente la danza, sabría como resignificar y trascender. Porque en su eterna infinitud, y cuando es vivida con la comprensión que supone la sabia escucha al llamado de su medio expresivo, la danza puede transformarlo todo, en una obra de arte que ha cumplido su misión. 


ÚLTIMA FUNCIÓN

Jueves 30 de abril a las 20.30 hs

Centro Cultural de la Cooperación

Sala Solidaridad (Av Corrientes 1543, CABA)


Entradas: $17.000

Entradas por Alternativa Teatral


Redes: @brenda_angiel @ringtonelaobra  @aerea_teatro

@saribecker_

Duración del espectáculo: 50 minutos




Ficha artístico-técnica

Dirección artística: Brenda Angiel

Bailarines: Brenda Angiel, Sara Becker

Coreografía: Brenda Angiel Sara Becker

Música: Beltran, Beethoven, Sandro, Alexander Joseph, Damas Gratis y Destellos.

Composición original de un tema y ediciones Juan Pablo Arcangeli

Textos: Brenda Angiel

Diseño de luces: Mauro Dann

Vestuario: Andrea Salzman. Realización de vestuario: Luciana Cavalleti y Gabriela Meza Lopez

Asesoramiento dramatúrgico: Lizzie Waisse, Analía Fedra García, Francisco Lumerman

Edición de video: Camilo Ortiz. Subtítulos: Daniel Fabio Silva

Filmación: Luca D´Alo y Wenchi Hayzus - Pampa Brava Producciones, Ana Becker

Actor de la filmación: Victor Hugo Morales

Locación: Consultorio Osteopatía Hernan Trotta

Estudio de grabación de voces: Pomeranec música y sonido

Asistente general: Viviana Finkelstein

Prensa y difusión: Daniel Franco

Redes: Estudio A

Producción general: Brenda Angiel


Esta obra cuenta con el Apoyo de la Fundación Santander, Mecenazgo Cultural y del Instituto Prodanza, Ministerio de Cultura GCBA. Esta obra recibió de los Premios Artei a la Producción artística 2025 Primera Mención.

A

gradecimientos especiales a Ana Becker, Daniel Becker, Aida Becker y Familia, Victor Hugo Morales, Gustavo Pomeranec, Hernan Trotta, Ana Hayzus, Natalia Mansueto y a los amigos que siempre están.


PASOS EN LA NOCHE (2050)

Por Mariano Casas Di Nardo

IG @marianocasasdinardo


Fotografía - Gentileza de prensa


La única certeza de la noche, era el virtuosismo que se iba a ver sobre el escenario. Que la obra estuviese interpretada por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, ese que dirige Andrea Chinetti, era un seguro de calidad. El resto, un rompecabezas de diversos diseños que podían encajar a la perfección o quedar inconexos. Y ahí es donde juega el acto de fe del espectador de ir a un teatro; en este caso, el maravilloso Coliseo, perteneciente al Palazzo Italia, a ver qué le deparará la noche: si el cielo o el infierno, si la locura artística que atrapa o el bostezo intermitente. 

La propuesta era inquietante. Un homenaje a la icónica figura tanguera del disruptivo compositor Eduardo Rovira, bajo el tamiz artístico de la directora y coreógrafa Lisi Estaras, una argentina que vive desde hace años en Bélgica y que, desde esa tierra, se trajo la pista de la banda que le dio música a la pieza, Sónico, liderada por el talentoso Gabriel Chwojnik. 

El escenario no daba muchas pistas. Unas piedras gigantes a los costados, como si fuera una tierra destruida por un meteorito o una pandemia. Sí había soledad, olvido y tristeza. Mientras que el programa de mano regaba el panorama con mayor incertidumbre, profundizando en el legado de Rovira, y no contando el cuentito sobre qué se iba a ver. Algo podía entenderse, el “2050” del título entre paréntesis, nos llevaba a un futuro distópico y/o decadente. En ruinas o al menos, en crisis. 


La obra inicia con una especie de marcha con la cadencia de la animación de “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd, pero más sufriente y aletargada. Un total de 24 bailarines van apareciendo con un líder que alza una bandera gigante. Revolución, reivindicación, sobrevivencia o lo que sea, como consecuencia del caos ya planteado. Y los primeros acordes del recuerdo de Rovira comienzan a entrelazar a esos cuerpos deambulantes con el espacio.



Fotografía - Gentileza de prensa


La consigna al parecer es clara: todo el escenario será utilizado, en todos los bailarines se contará una historia y el espectador será quien dirigirá su propia obra, y pondrá el foco en lo que más le atraiga, como si fuera el propio iluminador. La fotografía completa es imposible de ver, porque Estaras toma envión en los primeros minutos y después va toda la obra a mil por hora. Si el cine es 24 cuadros por segundo, el arte de esta directora de pura vanguardia, es de 24 cuadros separado por segundo, multiplicado por la misma cantidad de artistas.


A este imaginario mundo musicalizado por Rovira e interpretado por bailarines de líneas tan perfectas como deformes, Estaras lo pasa por el tango, el tecno, el folklore y la fusión más ecléctica de ritmos. El desgaste físico del grupo es algo pocas veces visto en un escenario. No paran de moverse en los 70 minutos que dura la obra, con verdaderas performances que unen la acrobacia, el contemporáneo, algunos pasos de clásico y hasta el contacto improvisado, al borde de la pelea callejera. Del movimiento puro y estilizado, al pantano de los cuerpos sucios en un constante vaivén enardecido. Si bien toda la puesta intimida, la escena de ira/pasión/odio entre David Millán y Catalina Weber, paraliza. Y aunque es injusto no nombrar a todos sus protagonistas, algunos se vuelven hipnóticos, ya sea por estética, rol, despliegue o energía, como es el caso de Manuela Suárez Poch, Antonella Zanutto, Constanza Agüero Gariboldi, Alejo Herrera y Benjamín Lameiro. 


“Pasos en la noche (2050)” no es una obra necesaria, tampoco popular y mucho menos imprescindible para la cartelera teatral porteña, pero qué bien le hace a la cultura que haya testimonios de esta magnitud abiertos al público. Desde ya que no es elitista, pero sí exclusiva, al menos para mentes abiertas y permeables a nuevas experiencias. El final es altamente inquietante, perturbador y hasta se podría decir, inolvidable, aunque más no sea en el corto plazo. El mundo como lo conocíamos dejó de existir y solo queda el renacimiento, tanto de los cuerpos como del alma. Según la óptica Estaras.




ÚLTIMAS FUNCIONES


Jueves 11 y viernes 12 de septiembre - 20 hs

Teatro Coliseo - Marcelo T. de Alvear 1125, CABA

Entradas en Ticketekar y en las boleterías del Teatro San Martín y del Teatro Coliseo




Ficha técnica completa
Coreografía y dirección general: Lisi Estaras
Asistencia coreográfica del Ballet: Elisabeth Rodríguez y Melisa Buchelli
Música original: Gabriel Chwojnik
Temas: Eduardo Rovira interpretados por Sónico
Diseño de escenografía: Kirka Marull
Diseño de vestuario: Belén Parra
Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi
Dramaturgia: Victoria Roland, Sara Vanderieck
Asistencia de dirección: Elie Tass
Colaboración artística: Ido Batash
Realización de video: Ariel Chwojnik, Nicolás Coquet
Asistencia de vestuario: Lara Stilstein
Asistencia de iluminación: Federico Romero

BAILARINAS INCENDIADAS

Por Mariano Casas Di Nardo

IG @marianocasasdinardo



Fotografía - Woportillo


La escena no puede ser más under. Tres bailarinas con tutús y zapatillas parecen danzar enérgicamente uno de esos bailes que ruegan por lluvia, en el centro de un espacio que se completa con público intuitivamente sentado alrededor. En un costado, una tarima con una bandeja de sonido, hace de live set para un DJ (Agustín Fortuny), que también con un tutú, parece marcarle el tempo a la obra; y otro hombre (Matías Sendón) lookeado de un estricto luto (también con tutú), oficia de maestro de ceremonia, ordenando y priorizando.

Para un distraído, eso puede ser la antesala de una fiesta electrónica alternativa, pero para sus protagonistas, el preámbulo de una historia indignante, impune, olvidada y hasta germinal para el ballet espectáculo como hoy se lo conoce. Y en esta era de revisionismo histórico, hasta justa y necesaria.


Fotografía - Jorge Ullé


“Bailarinas incendiadas” podría haber sido una reveladora clase de universidad en la materia “Historia de la danza”, un libro o un artículo periodístico, pero en ninguno de esos formatos, hubiese alcanzado el impacto que genera ver a Carla Di Grazia, Tatiana Saphir y Luciana Acuña, moverse alienadamente bajo la atmósfera que recrean el juego de luces, la pantalla gigante, el humo y la música elegida para la ocasión. Esa intermitencia visual, acompañada de espasmos corporales, inmoviliza al público. Nadie ni siquiera parpadea, porque se está contando un drama, de la forma más sensitiva.  




Fotografía - Jorge Ullé



La obra performática, dirigida por Luciana Acuña y creada en conjunto con Alejo Moguillansky, cuenta la historia de las bailarinas que morían envueltas en llamas cuando el vestuario que lucían se prendían fuego por entrar en contacto con las chispas que se desprendía de las candilejas con luz de gas que iluminaban los teatros en los años 1840, en especial el de la Ópera de París. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la bailarina Emma Livry, quien falleció ocho meses después de una cruel y devastadora agonía. 


Claro que contar esto no significa develar la trama, sino poner en contexto. La puesta en escena de “Bailarinas incendiadas” viene a documentalizar la historia de la manera más efectiva: con audiovisuales, monólogos introductorios, reflexiones personales, música en vivo y la danza como la expresión más cruda. No se verán los pasos sofisticados de “El lago de los cisnes”, “Giselle” ni “La Bayadera”, sino tres bailarinas exponiendo a las instituciones con sus implacables dogmas.



Fotografía - Woportillo



En el arte de Luciana Acuña, al parecer, no hay lugar a la improvisación, mucho menos a la ingenuidad del movimiento. Todo parece estar pensado hasta el detalle. Lo que hagan los cuerpos dice algo. Un mensaje encriptado que solo lee la emoción. Sus veloces y enérgicas coreografías encastran a la perfección, y si una de sus bailarinas da un paso, la otra inmediatamente ocupa ese vacío. Cual efecto dominó en loop, los cuadros parecen irradiar furia, enojo y hasta revancha. El eje es la denuncia y qué mejor que hacerlo con la grandeza de la excelencia física y la pregnancia artística.


“Bailarinas incendiadas” es visualmente urticante. Incómoda pero veraz. Con tres bailarinas que desde la depuración de su técnica cuentan las historias que las enciclopedias preferirían ocultar. Las de aquellas bailarinas que daban sus últimos pasos abrazadas por las llamas de la muerte y que hoy son homenajeadas de la manera más artística e hipnótica posible.



VOLVER AL CUERPO

Por Ana González Vañek

IG @danzaycomunicacion



En tiempos donde la virtualidad pretende imponerse por sobre la sabia presencia del cuerpo, nos interesa proponer un camino de regreso hacia la verdad que esencialmente somos.

Las artes del movimiento se caracterizan por la riqueza de un lenguaje que excede ampliamente al de las demás prácticas artísticas, siendo el cuerpo del artista, tanto un canal para su creación, como el medio expresivo de la misma.

En este sentido, y retomando los planteos de grandes pensadores que cuestionaron -y profetizaron- los nocivos impactos de las nuevas tecnologías en el desarrollo de las prácticas artísticas (Walter Benjamin, Theodor Adorno, etc), consideramos que toda pretensión de objetivar el cuerpo a través de su imagen visual y audiovisual, es funcional a la cosificación del mismo.

Más allá de las múltiples connotaciones que tal concepto conlleva en todas las áreas de la vida social, un interrogante nos convoca: ¿cómo podrían, las artes corporales y del movimiento, contribuir a la expansión de valores fundamentales en la sociedad a partir de la cosificación de su medio expresivo?

Las tecnologías y su complejo entramado ficcional y ficticio son, en realidad, los sofisticados engranajes del dispositivo de control que sirve a las estrategias de un sistema cuyo principal sostén es la naturalización de la virtualidad por parte de los individuos.

Hoy más que nunca, es fundamental que quienes lo sabemos, obremos en coherencia.

En este sentido, es necesario reivindicar el poder de la escritura por sobre los formatos audiovisuales que, al ser de fácil acceso y realización, abundan en todo tipo de plataformas, convirtiendo a las tareas literaria y periodística en actividades sin fundamento que desvalorizan la formación profesional.

En este contexto, y con el principal objetivo de contribuir al desarrollo y difusión de la danza en particular, y de las artes en general, inauguramos el Curso de Comunicación Cultural: VOLVER AL CUERPO, enfocado en revalorizar la escritura periodística especializada, para devolverle su lugar privilegiado en el campo de la cultura, elevarla por sobre la cosificación del cuerpo y dignificarla ante la consecuente alienación de la experiencia sensible que suponen los dispositivos biopolíticos.

Ha llegado el momento de que seamos conscientes de nuestro inconmensurable poder transformador como comunicadores culturales, pues únicamente de esta manera, estaremos en condiciones de plasmar toda la sabiduría que habita en los intersticios de la creación artística, en una nueva obra, a la cual por fin, podremos llamar "nuestra".

Lic. Ana González Vañek



"Lo que estoy haciendo, es sólo el principio..." 
Isadora Duncan