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EL LENGUAJE SECRETO DEL ALMA

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n 


Fotografía - Evgenij Abu



El arte ha sido uno de los objetos de estudio del ser humano durante siglos. Las distintas formas de expresión han cautivado a miles de personas, llevándolas a reflexionar, contemplarlas, investigarlas y profundizar en el porqué de su existencia. No importa si consideras que eres una persona artística o no; el arte ha llegado de una manera u otra a tu vida desde que eras pequeña o pequeño.


Entre todas las formas de expresión artísticas tan auténticas existen distintos tipos de clasificaciones: están las artes literarias, las musicales, las visuales, las plásticas y las artes vivas. Estas últimas son llamadas así porque ocurren en el aquí y el ahora, siendo fundamental la presencia física y el contacto directo entre el artista y el público. Hoy, en este artículo, profundizaremos en la danza, arte viva que destaca por su singularidad y belleza.


La danza, por definición, es el arte de mover el cuerpo de forma rítmica y expresiva, por lo general con música, para comunicar sentimientos, contar historias o celebrar tradiciones. Esta disciplina ha acompañado al ser humano desde hace miles de años, naciendo como una manera de invocar rituales, hacer celebraciones, o generar conexión e integración en las comunidades. Con el paso de los años y las especializaciones, esta disciplina se fue afinando y evolucionando, pero nunca perdiendo su verdadera esencia y propósito: ser un vehículo de expresión para el alma y el cuerpo, y de conexión con el otro. Una ventana para expresar lo que sucede dentro de nosotros, o nuestro pincel para pintar sobre el lienzo en blanco que es el escenario físico o simbólico. Como dijo alguna vez Martha Graham, bailarina famosa conocida por su técnica Graham: "La danza es el lenguaje secreto del alma."


Con el tiempo, la danza se ramificó y nacieron distintas disciplinas y técnicas que hoy en día conocemos mundialmente, como por ejemplo el ballet, el jazz, las danzas urbanas, los ritmos latinos o la danza contemporánea, por mencionar algunas. Cada una de ellas, aunque se une por el cuerpo y el movimiento, nació por distintas necesidades y contextos de época, y si las pruebas, encontrarás distintas versiones de ti que cada danza requiere.


Pero, ¿es necesario aprender una técnica de danza para bailar? La respuesta es no. Cualquier persona puede bailar, sin necesidad de aprender una técnica, pues la esencia de la danza no consiste en ser perfecta, sino en conectar y expresar. Sin embargo, si existe una llama dentro de ti que se despierta con alguna disciplina o técnica, sugiero que la sigas. Cada una de ellas será como aprender un idioma nuevo, donde las palabras y la gramática te permitirán expresarte en ese lenguaje y comunicar distintas cosas, conforme lo requieras. Así como con los idiomas: el español o el francés los puedes usar para cuando quieras decir algo romántico, quizás el alemán cuando quieras expresar tu furia, el inglés cuando quieras ser entendido universalmente, o el portugués para una ocasión específica. Así pasará con la danza: hables o no hables el lenguaje, conocerlo te dará las herramientas para entenderlo y conectar con distintas personas. 


Quizás nunca hayas pensado en tu cuerpo como un idioma, ni en el movimiento como una forma de decir lo que las palabras no alcanzan. Pero ahí está, esperando. Porque si la danza es, como decía Martha Graham, el lenguaje secreto del alma, entonces cada persona ya lo lleva consigo, aunque no lo haya hablado nunca. Así que, ¿por qué no elegir bailar el día de hoy? 


EL CAMPO INVISIBLE DE LA DANZA-VIDA

Por Karla Maldonado

IG @karlamaldonado.n



Nuestro ser espiritual es una parte de nosotros que está ahí desde el primer momento en que llegamos a este mundo, pero solo algunos llegan a establecer contacto con él a lo largo de su vida.

La primera vez que toqué esta parte de mí, tan invisible y clara al mismo tiempo, fue hace aproximadamente diez años, cuando aún era una niña. Por azares del destino, o caminos ya escritos, a los trece años comencé a entrar en contacto con información relacionada con la espiritualidad: corregir errores de vidas pasadas, sanar nuestro linaje, descubrir nuestro propósito en esta reencarnación y tener la oportunidad de elegir diferente en esta vida.

Mi vida, a partir de ese momento, cambió por completo, y la manera en que eventualmente vi el mundo ya se encontraba, por default, con los lentes de la espiritualidad.

Hoy sé que todo es correcto y perfecto, pero también pienso que recibir aquella información a tan temprana edad hizo que mi sensibilidad se potenciara progresivamente y, paralelamente, surgieran más y más preguntas difíciles de responder:

¿Cuál es mi propósito de vida? ¿Por qué elegimos reencarnar como almas? Y, quizás la que más me ha acompañado durante muchos años: ¿Qué me hace querer quedarme en la Tierra, si solo es pasajera?

Durante mucho tiempo no pude responderlas.

Hoy ya puedo disfrutar de encontrar las respuestas, pero he de compartir que hubo un momento en mi vida en que no fue así. Sin embargo, una de las razones más importantes para responder aquellas preguntas llegó casi al mismo tiempo en que surgieron aquellos signos de interrogación, aunque no fue hasta años después que pude verlo y reconocerlo. Así llegó la danza a mi vida: primero cautivándome en forma de danzas urbanas, para después mostrarme el mundo de la danza contemporánea, el jazz y el ballet. La danza ya no era solo danza, sino una entidad con la que establecí amistad y amor, y que con los años me llamaba a profundizar cada vez más, hasta integrarse como parte de mi cosmovisión.

El resto es historia que aún sigo escribiendo. Elegí dedicarme a la danza y hubo un tiempo en que me sumergí en la búsqueda de la conexión entre mis dos grandes pasiones. Busqué, investigué, pregunté a muchas personas, hasta que me di cuenta de que no había nada que buscar.

La danza es espiritual. La danza es espiritualidad por sí misma.

No hay hilo negro que encontrar. La espiritualidad ya está ahí, en el preciso momento en que hacemos danza, y surge de manera natural en aquello que sentimos, movemos y danzamos, de maneras tangibles e intangibles, paradójicamente. Sin embargo, existe un camino para quienes deseamos no solo sentirlo, sino ver, con el ojo del corazón, la espiritualidad de danzar. Yo lo he llamado el campo invisible de la danza: ese espacio en el que sucede la magia, todo aquello que no podemos ver ni tocar, pero sí percibir, como la música, los pensamientos, la intuición, la imaginación, las dramaturgias y todo lo intangible que se manifiesta en el mundo físico a través del cuerpo del bailarín.

Sin duda, la danza no solo mueve al cuerpo, sino que mueve más allá de lo que podamos imaginar o tocar. Es una entidad antiquísima que ha acompañado a los humanos por miles de años, casi como un ancestro, con una sabiduría oculta y a la vez disponible para quienes estén dispuestos a recibirla. Y yo me encuentro seducida por estos misterios que suceden más allá del movimiento.

No voy a mentir: el camino ha sido, muchas veces, tortuoso. Me he perdido muchas veces, pero también me he encontrado en todas ellas y siempre he aprendido algo nuevo. Aún me encuentro en ese estado insaciable y apasionante de querer saber más acerca de la danza, la espiritualidad, lo invisible y el porqué de la vida. Pero ahora, más que una limitación, son una motivación para seguir adelante recolectando anécdotas. Si de algo estoy segura, es de que no existe una sola respuesta, sino muchísimas, y que han llegado y llegarán en el momento indicado, como dice el proverbio zen:

"Cuando el alumno está listo, el maestro aparece."

Mientras tanto, ¿por qué no disfrutar los gozos que nos ofrece la danza-vida?


CONVOCATORIA ESCRITORAS

 


Querida comunidad:

Abrimos nueva convocatoria destinada a favorecer la expansión de todas aquellas prácticas y experiencias que articulen la escritura y la vida saludable.
Hoy más que nunca, nos mueve el deseo de construir puentes entre mujeres de distintas edades y países, que conocen el valor de su soberanía y comprenden la importancia de compartir sus dones.
Nos interesa ampliar el alcance de las secciones ELIJO UNA VIDA SANA y DANZA Y ESPIRITUALIDAD con amor por nuestra tarea, contenidos de calidad y personas que privilegien los valores del respeto y el.compromiso.
POSTULACIONES
Envíanos un mail con el asunto "Esctitora" para recibir las bases y condiciones.
📩 agvagencia@gmail.com
No se aceptarán postulaciones ni consultas por ningún otro medio.
Cierre de convocatoria: 28 de febrero

Danza & Comunicación
Premios Teatro del Mundo

CIRCULAR

Por Inés Mendonça

IG @inesazull






Mis pies descalzos pisan la tierra húmeda, uniendo mis raíces con el centro de la misma. El pulso empieza a latir en el pecho, sintonizando el latir de la tierra y el cosmos. El murmullo del tambor comienza a encender las células y el corazón. 

Con esa invitación, mi cuerpo empieza a moverse, a soltar amarras. Desde el centro voy liberando, soltando pesos a la tierra para llenarme de vitalidad, de oxígeno, de fuente.

La ronda me contiene, me entrego, y pierdo la noción del tiempo para entrar en el tempo. O en el tiempo atemporal del eterno presente. Soy cuerpo que danza este efímero presente; somos ronda circular como el cuero del tambor; somos tierra y cosmos, destello vital.

Un acordeón me llama mientras las flautas convidan el cielo. El canto en Sardo me abraza, y en esa ronda donde tu mano se entrelaza con la mía, tejemos la luna. Rebotando entre la tierra y el aire, milimétricos pasos se funden con la métrica musical. Pisada segura y certera; tiempo y contratiempo, entretejida circular. 

Tejiendo el ritual de la danza desde tiempo inmemorial, en el círculo ya no hay inicio ni final. Girando en sentido horario, no hay ayer. Todo es ahora sin mañana. Todo es alegría efervescente trascendental.

Lo circular de estas danzas me trae la imagen del arcano XVII del Tarot, donde las estrellas se vuelven río al verterse desde un jarro redondo y contenedor, símbolo de renovación, inspiración y fe. El circulo recibe, contiene, gesta, crea. Y en ese fluir de energías vuelvo a reconocer mi estrella, mi brillo, mi fulgor.

En un acto tan primario como bailar, volvemos a ser parte de algo más, reconectando con la vida y el sentido de la creación. Y es que estas experiencias, tan antiguas y actuales a la vez, nos conectan con la fuente, con la tierra, con los otros y la fuerza vital.

Son experiencias que nos transforman, nos inspiran y nos ayudan a recordar.

¿Quién soy en este mar de estrellas? Experiencias que, al vivirlas en comunidad, se vuelven vitales en tiempos donde encontrarse físicamente es la excepción y habitar el cuerpo suele ser desde el dolor. Reunirnos es reconocernos, celebrarnos y trascender.

Tal vez por eso amamos la danza circular; mover, intercambiar, conectar, ¡viajar… y bailar!



DANZAS SAGRADAS - CLASES ONLINE


  "Una danza que es puente entre el cielo y la tierra

para manifestar el amor genuino y la belleza auténtica"

Ana González Vañek


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Para mujeres de todas las edades con o sin experiencia en trabajo corporal 

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DESCRIPCIÓN

Un sendero danzado hacia la sanación, liberación y elevación de la mujer, a través de la integración de sus dimensiones física, mental, emocional y espiritual en comunión sagrada y perfecta. El taller ofrece un espacio de conexión y armonización a través de secuencias de movimiento y pautas de improvisación diseñadas para experimentar la unión del cielo y la tierra en la propia corporalidad, reconociendo la divinidad que esencialmente somos y haciéndonos partícipes de un propósito trascendente.  


MODALIDAD

-Online

-Individual

-Plataforma Google Meet

-Una hora de duración

-Días y horarios a convenir 

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FACILITA
Ana González Vañek. Bailarina y Profesora de Danzas, Terapeuta Holística, Coach Corporal, Licenciada en Comunicación Social


Se reservarán los horarios con un mínimo de 4 clases


MÁS INFORMACIÓN

wa.me/5491136873237


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MI CUERPO, MI TEMPLO

Por Lucero Dávila

IG @lucerodavilaarte


Fuente: Pinterest



"Mente sana en cuerpo sano", es una frase atribuida al poeta romano del Siglo I, Juvenal. Esta frase nos quiere decir que en donde exista una mentalidad de equilibrio, habrá un cuerpo bien cuidado, nutrido apropiadamente y con tiempo para descansar; es decir, una persona saludable.

En términos biológicos, debemos decir que nuestras células, todas y cada una de ellas, persiguen la homeostasis, que es la capacidad del cuerpo para mantenerse estable; es el equilibrio dinámico que funciona mediante mecanismos de autorregulación existentes en todos los seres vivos. Resumiendo: todo ser viviente busca mantenerse así, y en las mejores condiciones posibles.

Para nuestros fines, entenderemos la estabilidad como un estado alejado de la carencia, el dolor, los excesos y todo factor que pueda colocarnos en una situación de incomodidad o sufrimiento. Ésta puede darse en diferentes aspectos como el económico, el físico o emocional; pero es importante entender que todas nuestras facetas están íntimamente relacionadas y una no se puede contraponer a la otra. Lograr la mejora de nuestra economía, por ejemplo, no significa dañar nuestra psique o nuestro campo emocional soportando situaciones que no podemos manejar. Ir por nuestro bienestar emocional no es desligarnos de nuestro entorno, pues somos seres sociales y necesitamos la presencia de otros para lograr una convivencia real; por continuar con otro ejemplo.

Centrándonos ahora en el cuerpo y en la forma en la que muchas veces tratamos a la herramienta mejor diseñada para el logro de nuestros sueños, metas y deseos; empezaré diciendo que la gran mayoría de nosotros está disconforme con él. Siendo perfecto y poderoso, exigimos más de lo que sus límites pueden soportar sin darle la compensación nutricional o el período de descanso que requiere.

Esforzarnos por lo que queremos lograr en la vida para nosotros y los que amamos, en ocasiones se convierte en una larga odisea que el cuerpo termina reflejando, siendo a veces muy tarde para ir en retroceso o cambiar de dirección. Una infinita cantidad de veces nos encontramos dañando nuestro cuerpo de muchas formas, como evitar alimentarlo o, por el contrario, dándole la peor calidad de comida en cantidades industriales, enfermarlo con sustancias nocivas o cambiarlo totalmente mediante dolorosos procesos quirúrgicos que podrían costarnos la vida. Nuestra insatisfacción llega a tal punto que la mayor parte del tiempo deseamos ser otra persona, culpándonos por no ser ese ideal, maltratándonos en lo físico y emocional, canalizando el resultado de nuestro esfuerzo laboral en costosos e insufribles procedimientos con tal de vernos diferentes. Atacamos nuestro cuerpo y le permitimos a otros atacarlo, consumiendo publicidad que nos señala como, supuestamente, deberíamos ser. 

Es cierto que todos tenemos ansías por vernos mejor sobre todo si eso significa mejorar nuestra salud. Si tenemos sobre peso y estamos en peligro de sufrir un infarto; es menester accionar en todo sentido para cambiar nuestro estilo de vida, si padecemos enfermedades incurables; debemos buscar en la medicina el tratamiento adecuado que nos permita sobrellevar la enfermedad para que no interrumpa nuestro curso habitual, sino más bien, conviva con nosotros de la forma más inocua posible, si queremos mejorar la apariencia de nuestro rostro; invertir en una crema de calidad garantizada nos ayudará con tal objetivo o si queremos que la ropa nos entalle; acudir a un profesional que nos indique una rutina de ejercicios y una alimentación apropiada será la ruta a seguir. Todos estos esfuerzos por muy incómodos, latosos o extensos que sean pueden ayudarnos a renovarnos en pro de una vida plena y saludable; siendo imperativo, además, darnos cuenta que el modo en el que nos tratamos está ligado a la forma de relacionarnos con quienes nos rodean.

Nuestros cuerpos nos hablan todo el tiempo, nos dicen cuando la comida ha sido suficiente, cuando sentimos frío o miedo, cuándo descansar y cuándo continuar. Cada cuerpo es una herramienta invaluable que debe ser atendida con amor, respeto, dedicación, paciencia y comprensión, un templo que alberga el tesoro más sagrado que pudimos haber heredado: nuestras almas; un narrador de la existencia que nos transita y la vía para lograr nuestros anhelos. Por eso, todo cuerpo es perfecto en sí mismo.

Decidí escribir sobre la inmejorable maquinaria que tenemos conviviendo con nosotros debido a una experiencia por la que pasé hace poco la cual me llevó a reflexionar acerca de la forma en la que veo a mi cuerpo, a los logros que he tenido gracias a él y a los difíciles momentos por los que hemos pasado. Esta vez, sentí necesario salir del hermoso espacio de la danza y hablar en términos generales esperando que podamos meditar acerca de nuestra verdadera aceptación y de nuestro deseo de ser o volver a ser sujetos y objetos de amor en el mundo.

Sin importar qué tan difícil parezca el momento por el cual estés pasando o lo que sea que escuches a tu alrededor te pido que recuerdes que posees belleza sin igual y que tu cuerpo es un apreciable y valioso templo. Si hay algo en él que sientas que debes mejorar; hazlo, pero con amor, respeto, cuidado y paciencia.

Termino este artículo con una frase de Santa Teresa de Jesús que dice así: “Se amable con tu cuerpo para que tu alma tenga ganas de habitar en él”.    


SER TRIBU

Por Patricia Rojas Pérez

IG @darlevozalcuerpo


Fuente: Pinterest


Si hay algo que me enamora de la danza, es el sentimiento de compañerismo que se genera entre quienes participan en ella. Cada persona trae consigo su historia, relatada a través de sus movimientos, rápidos, lentos, amplios, pequeños; todos forman parte de la danza y comunican sus estados internos; muchos de ellos, acorazados en el cuerpo por no encontrar un espacio seguro y confortable para exteriorizarlos.


La danzaterapia nos regala la opción de descubrir quienes somos más allá del personaje que adoptamos. Nos invita a reconocer nuestras máscaras, a dialogar con ellas, para permitirnos deshabitar de manera paulatina, patrones de movimiento que no calzan con quienes deseamos ser. Nos permite observar con perspectiva el camino recorrido para liberar aquellos pesos que no nos pertenecen, y que adoptamos como mecanismos de defensa para hacer frente a las adversidades. Muchos de ellos, los cargamos como escudos protectores que, ante una posibilidad de amenaza, nos pone en alerta.


El espacio danzado se vuelve, entonces, un lugar seguro para plasmar todos nuestros movimientos y reconocer el ritmo con el que deseamos habitarnos. Las primeras veces se activan todos nuestros mecanismos de defensa, pues aparecen los patrones y creencias que hemos adquirido durante nuestra historia. Y es allí, justamente, donde reside nuestra medicina: en poder darle voz y reconocimiento para identificar de dónde vienen y qué necesitan de nosotras.


La danzaterapia nos da la posibilidad de conectar con nuestra propia cosmovisión, observando quienes somos, reconociendo todos nuestros movimientos, y así lograr sacarnos de la posición habitual con la que experimentamos la vida.


Darle la posibilidad al cuerpo de tener otra historia, se vuelve una semilla de amor que necesita ser cuidada y nutrida, para darnos la posibilidad de nuevas sensaciones, y de esta manera, ser capaces de escuchar, reconocer y transformar aquellos miedos e inseguridades que se activan cuando experimentamos nuevas formas de movernos.


Atrevernos a ampliar el mapa de ruta hacia nosotras, nos da la posibilidad de resignificar aquellos fragmentos de nuestra historia que, por tanto tiempo, han estado ocultos. Contar con una tribu para relatar lo que sentimos mientras nuestro cuerpo se atreve a explorar las diferentes posibilidades de movimiento, se vuelve un colchoncito de amor que activa la certeza de que no estamos solas, y que nuestro relato cuenta con un espacio donde no será juzgado, sino que será cobijado por cada alma danzante que forma parte de él.


Tu historia, mi historia, refleja la manera en que diferentes temáticas nos han afectado de manera transversal, en la construcción de nuestra identidad. Reconocer la raíz de ello nos da la posibilidad de ampliar la perspectiva, de sentirnos acompañadas, pues el relato que tantas veces callamos por miedo, cobra sentido, se vuelve visible y nos entrega la posibilidad de buscarle un nuevo lugar dentro de nuestra historia de vida.


Aquello que parecía imposible de transformar, encuentra un cauce para empezar a liberar sus represas, permitiéndonos reconocer nuevas sensaciones que nos llevarán a devolverle al cuerpo la calma y la confianza que tantas veces ha anhelado.


Volver a confiar, ante un sistema que nos quiere danzando la vida en un solo patrón de movimiento, nos permite ampliar nuestras posibilidades, encontrando en ellas un nuevo camino para habitarnos.


La tribu que acompaña se vuelve un faro de luz que nos permite retornar a nosotras cada vez que le damos voz a nuestro cuerpo. Nos da la posibilidad de derribar las creencias asociadas a que aquello que duele, hay que cargarlo en silencio, permitiéndonos sentir que mostrarnos vulnerables es un acto de valentía que merece ser habitado.


Danzar en tribu nos devuelve la confianza, la seguridad y la capacidad de sentirnos merecedoras de otra historia, una donde mi voz y mi emocionalidad estén presentes y encuentren un espacio para ser escuchadas.

PROSCENIO Y MORIR PARA CREAR

Por Alba Felpete

IG @albafelpete


Fuente: Pinterest


Durante mi camino con la danza y sus estructuras, he transitado su lado más académico y formal, y he vivenciado la danza como búsqueda del ser o del conocimiento profundo de uno mismo. Más adelante, he intentado llevar permeablemente, una a la otra en las áreas de enseñanza. Que las aulas se empapen de conexión y de la búsqueda de dirección y estructura para poder ser comunicada.

Esto no ha sido del todo complejo, o no más allá de la propia tarea que supone el trabajo personal y la inherente necesidad, al mismo tiempo, de compartirlo con los demás.

Ahora, con Cali Danza, se me plantea otra línea aparentemente divisoria entre dos territorios que observo a veces en los espectáculos de danza: un centramiento excesivo en la parte interna e individual que muchas veces no logra transmitir el mensaje, o una proyección externa exacerbada y desconectada de la experiencia interna de la danza por parte de los intérpretes y del creador. Puede ser que, en estos casos, no haya habido creación real.

Me planteo si habrá intervenido la supraconsciencia en el diseño de la obra porque no se ha permitido, o tal vez el impulso creativo se haya visto atrapado en el sistema más repetitivo mental, y el destello puro y original se haya perdido en la cadena de vrittis inconscientes. Lo que sí se puede apreciar, es que estos dos extremos se dan en la escena convencional y no convencional. 

Es complejo iniciar una obra de danza, que es el punto en el que nos encontramos en Cali. Hay que abandonarlo todo, rendirse al vacío. Tomar ideas, coger retales y respirar el impulso de hacer un collage con todo eso. Respirar también el automatismo de imponer un hilo conductor. Respirar la estética, la necesidad de un resultado. Acunar los objetivos y sostener la incomodidad. Aguardar desde el hara aquella acción correcta en el momento exacto, y sentir en el corazón cuando el mensaje viene de algo más allá que nuestra mente parlante. Cesar en los intentos de crear algo desde un sentido limitado del yo y convertirnos en el mensaje, más que en el creador. 

Cuando entramos en estos procesos creativos de suma permeabilización a lo que brinda el momento presente, el tiempo se dilata y la forma no se corresponde con lo que un espectáculo demanda. Las experiencias duran más que lo que una actuación permite y se juega en la balanza el equilibrio entre lo interno y lo externo. Hemos de sostener ese proceso y esa conexión con nuestra verdad interna pero adecuándonos a los marcos espacio-temporales y también estéticos que requiere la danza escénica. Es “seguir conmigo mientras te lo cuento embellecidamente”. Creo que ahí radica el equilibrio, y que ahí habita la línea escénica. 

Nosotras somos una compañía de danza en búsqueda  constante de nuestro ser. Bailamos como medio para encontrarnos a nosotras mismas, sí, pero también deseamos transmitir esta búsqueda en marcos convencionales de representación. Que los espectadores respiren ese trayecto y puedan observar ese cultivo de la interioridad. No nos gustaría que el mensaje fuera desprovisto de un filtro escénico, no queremos vomitar un proceso sin tamizar y, al mismo tiempo, tampoco es nuestro deseo el perder genuinidad ni honestidad en este camino. No deseamos expresarnos (para esto ya existen prácticas y espacios seguros internamente que lo facilitan); deseamos comunicar algo que ya ha sido transitado, procesado y limpiado, para inspirar a otras personas, sin robar su tiempo ni atención con espacios y procesos que son personales. No les vamos a descargar nuestros procesos, les vamos a ofrecer la narración consciente y habitada del proceso entero. 

Ésta es la teoría, pero la práctica es otra realidad, que es la que francamente vale la pena. Hay muchas fases en el proceso. Mucho equilibrio entre la organización y la desestructuración. Hay un mapa susceptible de ser rehecho en multitud de ocasiones. La sinapsis de la obra se va articulando con limpieza, en la medida que el creador de la misma, muera. Es una frase potente pero realmente creo que así es. Todo lo que uno cree que es, es lo que muere cuando entramos en un proceso creativo en sintonía espiritual. Es una demolición. Una entrega de nuestras pertenencias al fuego de Kali para dar paso a la brillante verdad del ser.

Lo que es, es. Y lo que no, desaparece. 

TIEMPO DE EQUILIBRIO

Por Ornela Sabbatini

IG @ornelasabbatini


Fuente: Pinterest


La vida camina sobre los acantilados de lo salvaje y lo cotidiano. Sintiéndose seducida a saltar. Hacia allí. O hacia acá. 


Lo salvaje.


Big Bang del acontecer.

Irrupción imaginativa de la vida.

La vida creándose a sí misma.


Lo salvaje crece con su propia fuerza.

Es autor completo de sí mismo.

Como la flor silvestre que florece sola en el medio del monte.


A veces, se disfraza de cotidiano para escurrirse en lo doméstico.

Como el zorzal que todas las mañanas se para en el alambrado 

esperando que abra la canilla.


Se baña, toma agua. 

Disfruto su canto.

Levanta su vuelo.

Mañana quizás,

vuelva.


O quizás

se refresque 

en otro lugar.


Lo salvaje trae en su canasta lo espontáneo, la sorpresa, lo mutable. Liviandad, rapidez, asombro, riesgo, exposición, sacudidas. Visión. Descubrimientos. Nuevos conocimientos y habilidades. 



Lo cotidiano.


Sabernos presente.

En nuestros actos.

Y para otros.

Presenciarnos.


Lo cotidiano requiere presencia.

Es una creación de coautoría.

Es trabajo en equipo.

Saberse parte del rompecabezas.

Ensamblarse a otros.


Toma forma de tiempo compartido.

Toma forma de aquello

que acompañamos a crecer.



Cotidiana, la albahaca que corro

del sol a la sombra para evitar 

achicharramiento.



Lo cotidiano trae en su canasta lo esperable, lo previsible, lo que permanece. Pausa, confianza, descanso, sostén, continuidad. Previsión. Acuerdos. Orden, certeza. Bases.


Una invitación a saltar. Vértigo. El verdadero salto ¿es permanecer avanzando? Mirar hacia adelante, sin perder el equilibrio. Avanzar danzando entre lo salvaje y lo cotidiano, con la mirada clavada en el horizonte del amor propio.


Abrazo lo salvaje en mí, le abro la puerta.

Ahora sé que puedo ser flor del monte.

y también zorzal.


Abrazo lo cotidiano en mí, le abro la puerta.

Ahora sé que puedo ser pieza de rompecabezas

y también albahaca.


Abro ambas puertas, cerrando los ojos

e intencionando

que lo salvaje y lo cotidiano

sepan tejer un puente

para abrazarse entre sí.


Mientras eso acontece, 

seguiré con mis ojos cerrados

avanzando por el acantilado,

con visión y previsión,

danzando el equilibrio.



Luz titilante es un recorrido por el territorio de mi cuerpo, un viaje que oscila entre luces y sombras. Un diario que nace en el plano del movimiento y se sella en la escritura.

El  texto compartido es la coordenada cuatro: territorio de la compasión . Fue gestado entre diversas canciones que componen una lista en Spotify. Aquí el enlace a una de las más significativas para estas líneas que comparto:


https://open.spotify.com/track/56XSH6KsS6OdoUQEZxO7ea?si=pJeJ_CuaTd6TDowtuMu-sw