CHAMANISMO: PRÁCTICA ANCESTRAL, DIÁLOGO ATEMPORAL

Por Brenda Inés Di Paolo

Practicante chamánica – Doctora en Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Cuyo - Mendoza, Argentina

IG @dipbren

 

Fotografía - Pinterest


Según Michael Harner (2016) el chamanismo estaba desapareciendo velozmente de la faz del planeta, en la medida en que misioneros, colonos, gobiernos y empresas anularon a los pueblos tribales y a sus antiguas culturas. Sin embargo, durante la primera década del último siglo el chamanismo ha retornado a la vida con una fuerza asombrosa, incluso en lugares que han sido pilares de la “civilización” occidental como Nueva York o Viena.

Este retorno se ha producido de una manera tan sutil que la mayor parte de la población no ha sido consciente de él. En la actualidad, miles de personas a lo largo del mundo practican chamanismo, dando cuenta del crecimiento de esta técnica y de su aceptación en la vida cotidiana de millones de personas. Una de las razones que explican este creciente interés es la desconfianza y la poca creencia de los individuos en los dogmas y en la autoridad eclesiástica. Tampoco se considera que los cultos tradicionales vayan a proporcionar evidencias acerca de la existencia misma del espíritu. 

Muchos de los que llegan al chamanismo ya han experimentado, aunque de manera informal, los “viajes” propiciados por las drogas psicodélicas. Por este motivo, han encontrado en los libros de Castaneda y de otros autores, mapas de ruta para sus experiencias y una cosmovisión que descifra nuevas alianzas entre espiritualidad, psicología y sanación. 

Muchas veces, el chamanismo también es el lugar al que se acercan personas con enfermedades terminales que han agotado las recetas que ofrece la medicina tradicional.  De modo que las experiencias cercanas a la muerte y los estados alterados de conciencia caracterizan las búsquedas a los antiguos métodos de curación chamánicos. Es el chamanismo la experiencia espiritual capaz de transformar por completo las miradas sobre el mundo, sobre la vida y sobre la muerte. Puede, también, modificar de manera profunda la experiencia personal y comprobar de forma subjetiva la existencia del espíritu.

Las prácticas más conocidas consisten en la toma de plantas sagradas como la “Ayaguasca”, o los sonidos monótonos de percusión coo el tambor, las maracas y las sonajas que permiten acceder a estados sutiles y alterados de conciencia.  Este último método es sumamente seguro debido al control voluntario que el practicante mantiene sobre la experiencia y la ausencia de efectos secundarios químicos o riesgos físicos inmediatos. Mientras que las plantas medicinales como la ayahuasca o los hongos pueden inducir estados de conciencia intensos que no pueden interrumpirse a voluntad una vez ingeridos, el sonido del tambor permite, en cambio, una inmersión paulatina y una salida inmediata.

Otros factores que explican el retorno del chamanismo es el desarrollo creciente de los enfoques holísticos de la salud y la crisis de salud mental que experimentan nuestras sociedades contemporáneas. El chamanismo proporciona algo de lo que carecen notablemente nuestras grandes religiones antropocéntricas: comunicación espiritual y respeto hacia el resto de los seres que habitan la Tierra y hacia el planeta mismo. 

Tras una destrucción increíblemente irreflexiva y despiadada provocada por guerras, materialismo, individualismo, extractivismo y androcentrismo, el chamanismo parece resurgir trayendo una antigua luz en medio de la oscuridad. Urge el esfuerzo por recuperar aquello que nuestros antiguos ancestros reconocían con claridad: la comprensión de que el entorno tiene sobre nosotros el poder de la vida y de la muerte. De modo que, la comunicación con él resulta, tanto ayer como hoy, esencial para la supervivencia.

Uno de los regalos más importantes del chamanismo es el reconocimiento de la imponente belleza y poder espiritual que existe en nuestro jardín terrenal. Esta práctica nos permite comprender que necesitamos respetar y comunicarnos con nuestro entorno de una manera íntima y amorosa. Así, nos enseña a deleitarnos con nuestro hábitat natural y a dialogar no sólo con la gente humana, sino con la gente animal y también, vegetal. Todos los elementos que conforman nuestro entorno, incluyendo el suelo, las rocas y el agua son seres vivos y conscientes. De hecho, desde el punto de vista del chamán, aquello que nos rodea no es nuestro “entorno”, sino nuestra familia.   

Por ello, la vigencia del chamanismo es atemporal y su aporte radica en que más allá del esfuerzo civilizatorio y la modernización de las sociedades actuales; la sabiduría de nuestros ancestros primitivos continua presente y debe ser recordada. El legado nos alienta a desarrollar un estado de conciencia de amor hacia todos los seres que nos rodean y nos brinda las llaves para acceder a los misterios, la sabiduría y la grandeza de un universo que permanece normalmente oculto.