DANZO, SIENTO, LUEGO EXISTO

Por Helena Lorenzo

@biodanzahelena 


Sensibilidad corporal, cascadas hormonales y regulación del cortisol en la danza y la Biodanza


Fuente - Pinterest


El cuerpo es el instrumento con el que danzamos y también un órgano de percepción. Cada cambio en la respiración, el tono muscular, el latido, la temperatura o la tensión visceral genera información interoceptiva que asciende hacia el sistema nervioso central. Cuando la danza desplaza la atención desde la ejecución externa hacia la vivencia interna —como ocurre en Biodanza—, sentir el propio cuerpo puede convertirse en una vía de regulación. La hipótesis que aquí nos interesa es sencilla: cuanto más afinada es la escucha corporal, mayor posibilidad existe de reconocer el estado de activación y modularlo antes de que el estrés sea crónico.


Ante una amenaza real o interpretada como tal, las redes límbicas y corticales que valoran el contexto activan al hipotálamo. La reacción en cadena es: Liberación de CRH (hormona liberadora de corticotropina) y vasopresina. Esto estimula la liberación de ACTH que mediante sucesivas reacciones, resulta en la síntesis de cortisol. El cortisol aumenta la disponibilidad energética y modifica la respuesta inmunitaria y cardiovascular (Herman et al., 2016; Thau et al., 2025).


Amenaza → Hipotálamo → Hipófisis (ACTH) → Corteza suprarrenal → Cortisol


Pero el cortisol no es un «enemigo»: es imprescindible para la adaptación. El problema aparece cuando su producción es excesiva o repetida. Además, no toda danza reduce cortisol de forma inmediata. Una danza intensa, competitiva o vivida como evaluación social puede elevarlo; de hecho, se han descrito aumentos tanto en danza africana de alta activación como en competición de baile. Por tanto, atribuir a «bailar» un descenso hormonal automático no es exacto. (West et al., 2004; Rohleder et al., 2007).


La interocepción permite representar el estado interno del organismcon las señales orgánicas y emocionales integradas. La sensibilidad corporal no significa simplemente «sentir más», sino discriminar mejor qué ocurre dentro y responder de manera flexible. La literatura reciente relaciona interocepción y estrés, aunque la dirección de esta relación depende de cómo se mida la interocepción y del tipo de estrés estudiado (Irigoras Izagirre et al., 2026). En prácticas cuerpo-mente, la evidencia apunta además a una mejora de la conciencia corporal, aunque los estudios siguen siendo heterogéneos (Mehling et al., 2025).


Aquí aparece un puente especialmente sugerente para Biodanza. El movimiento consciente modifica la percepción del estado interno y de la postura corporal; la respiración, el ritmo y la alternancia entre activación y reposo cambian el estado interno; la música organiza la emoción y el encuentro seguro añade información social. Cuando la experiencia deja de ser percibida como amenaza y se transforma en una vivencia de seguridad, placer y pertenencia, disminuye la necesidad de sostener la respuesta defensiva. El resultado esperable no es «apagar» la cascada que hemos descrito, sino favorecer una activación más ajustada y una recuperación más eficaz. En Biodanza trabajamos aportando “luz” a nuestro interior, abrazando la “sombra”.


Durante una sesión se activan diversas descargas químicas: Dopamina, por el movimiento y la música Oxitocina, por el contacto físico y la interacción personal. Sin embargo, conviene evitar la fórmula popular «abrazo = oxitocina = menos cortisol»: ya que esta hormona es difícil de medir y los resultados son heterogéneos. 


Podemos resumir la secuencia funcional así: música + movimiento + percepción corporal + vínculo seguro → integración sensorial/interoceptiva y emocional → modulación de redes nerviosas y de valoración de amenaza → ajuste de la señal hipotalámica → menor impulso ACTH cuando el organismo ya no necesita mantener la alarma → recuperación del cortisol hacia niveles compatibles con reposo y equilibrio. 


Paralelamente, el placer cenestésico y el sentido de pertenencia pueden reforzar la vivencia mediante dopamina, opioides endógenos y, posiblemente según el contexto, oxitocina. No se trata de una única «descarga de hormonas de la felicidad», sino de una conversación simultánea entre cerebro, sistema nervioso autónomo, hipófisis, suprarrenales, sistema inmunitario y señales procedentes del propio cuerpo.


En Biodanza, la vivencia propone recuperar el cuerpo como fuente de información y no sólo como objeto que se mueve. Percibir el pulso, el apoyo, la respiración, el placer del movimiento, la emoción que despierta una música o la seguridad de un encuentro puede entrenar una relación más fina con el estado interno. Desde esta perspectiva, la posible reducción del cortisol sería el extremo visible de un proceso más amplio: pasar de una fisiología organizada alrededor de la amenaza a otra capaz de reconocer seguridad, recuperar equilibrio y vincularse. Danzo, siento mi cuerpo y, al sentirlo, puedo regularme. «Danzo, siento, luego existo» deja entonces de ser únicamente una metáfora poética para convertirse en una pregunta biológica: ¿hasta qué punto aprender a escucharnos corporalmente puede modificar la forma en que nuestro organismo responde al estrés?




Referencias bibliográficas

Herman, J. P., et al. (2016). Regulation of the hypothalamic-pituitary-adrenocortical stress response. Comprehensive Physiology, 6, 603–621.

Irigoras Izagirre, N., et al. (2026). Investigating the relationship between cardiac interoceptive accuracy and stress: A systematic review and meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 180, 106454.

Mehling, W. E., et al. (2025). Changes in body awareness in yoga interventions: A systematic review. Complementary Therapies in Clinical Practice.

Rohleder, N., Beulen, S. E., Chen, E., Wolf, J. M., & Kirschbaum, C. (2007). Stress on the dance floor: The cortisol stress response to social-evaluative threat in competitive ballroom dancers. Personality and Social Psychology Bulletin, 33(1), 69–84.

Thau, L., Gandhi, J., & Sharma, S. (2025). Physiology, Cortisol. StatPearls Publishing.

West, J., Otte, C., Geher, K., Johnson, J., & Mohr, D. C. (2004). Effects of Hatha yoga and African dance on perceived stress, affect, and salivary cortisol. Annals of Behavioral Medicine, 28(2), 114–118.