Ana González Vañek - Rosedal de Buenos Aires
14-09-2026
Hoy abro DIARIOS DE DANZA con una breve pero necesaria reflexión para introducir algunos pensamientos que he desarrollado a lo largo de todos estos años de trabajo e investigación sobre las dimensiones física, mental, emocional y espiritual del ser humano.
El cuerpo humano es sano por naturaleza.
¡Pero qué enunciado tan desafiante! ¿Cómo expresarlo por fuera de los entornos donde cocreamos nuestras prácticas artísticas, sin encontrar resistencia por parte de las mayorías?
Algunos mandatos (en realidad todos, pero estoy aprendiendo a ir de a poco), insisten en debilitar y enfermar el cuerpo, a través de la incorporación (literal) de conceptos que lo alejan de su fuerza vital.
Desde nuestro nacimiento a una cultura, el mundo tal como lo conocemos, se sostiene en las palabras que le dan forma, lo construyen y lo reproducen. Reproducción es una palabra clave, y la retomaré más adelante para oponerla a creación cultural, que es lo que nos permite hacer -¡entre tantas otras cosas- la danza.
Sueltas, las palabras son pura materialidad vacía que se colman del sentido colectivamente construido... únicamente, cuando el mismo no es puesto en cuestión.
¿Por qué no elegir, entonces, las palabras del mundo que anhelamos y abandonar el uso de todas las demás?
La vida humana es eterna porque es precisamente eso: VIDA. Y el cuerpo, que no es objeto del pensamiento sino más bien, todo lo contrario, es el medio expresivo para lograr la perfección de la vida.
Todo lo demás NO es real.
