Por Mariana Medina
IG @marianactriz_1
Recuerdo cuando descubrí la danza con la primera coreografía que me cambió para siempre.
Me encontraba en una época de cambios, de buscar mi propio camino, y cuando la danza apareció por fin pude encontrarlo. En aquel momento, cada paso fue una luz que me mostró un camino nuevo en medio de una travesía que, hasta el día de hoy guardo en mi corazón con especial cariño.
Y tú... ¿Recuerdas dónde y cómo inició todo? ¿Cuándo esa primera coreografía lo cambió todo para ti?
Guardo un pedacito de magia en los bolsillos.
Llevo puesto un impermeable lacrimosal
que no es mío;
me lo ha prestado
el instante
el sentimiento
el movimiento del universo
que me hace sentir
que a cada paso
rompo nubes de polvo;
que danzo en piso inerte
solamente para reconectar,
para volar en tierra firme
sin que se agiten los pasos,
que ya lejos de mi
no me han de alcanzar.
Llevo plumas en el cuerpo;
plumas que me hacen volátil
en el pavimento;
que surgen, crecen;
que renacen conmigo,
renovándose, renovándome,
fortaleciendo mi mente,
mi espíritu,
con cada memoria,
a cada hora,
a cada día,
ensayo y error
hechos de disciplina,
voluntad y pasión.
Llevo esencia de estrellas
recolectada de las minas más profundas.
La abrumadora oscuridad.
Llevo...
pero nada me pertenece realmente.
Simplemente hoy
me ha regalado el presente
la sincronía y el movimiento,
una danza de luna.
