RECONCILIARNOS CON NUESTRA HISTORIA

Por Patricia Rojas Pérez

IG @darlevozalcuerpo


Fuente: Pinterest


Si nuestra vida fuera danza ¿Qué color tendría? ¿Cómo sería su aroma? ¿Qué sensaciones despertaría? ¿Cómo sería su ritmo? ¿Qué movimientos nos gustaría realizar? ¿Cuáles de ellos no nos acomodarían más? ¿Cómo sería su melodía? ¿Cómo sería su sabor? 

Vivimos en una sociedad que nos ha inculcado desde nuestra infancia a medir el éxito en base al cumplimiento de metas y a la obtención de reconocimiento en base a ellas, sesgando nuestra mirada hacia lo lineal e incorporándonos un ritmo similar a una carrera, que tiene como consecuencia la limitación de nuestra perspectiva.

Lo lineal se vuelve abrumador; el ritmo acelerado de la vida pareciera aumentar cada vez más su velocidad, cobrando protagonismo el hacer y quedando en un rol secundario el ser.

Atrevernos a explorar el ser, se vuelve un desafío y un terreno desconocido, que genera temor en muchas ocasiones. No nos enseñan a observar e indagar nuestro mundo interior como una herramienta de autoconocimiento, sino más bien a accionar cuando la señal de alarma del cuerpo nos pide evacuar.

Vivimos el presente, anhelando un futuro distinto; uno donde seamos libres y estemos bien, pero ¿A qué asociamos estos conceptos? La respuesta es subjetiva y representa el mundo individual de cada persona, incluyendo aquellas fragmentaciones de las que no nos gusta o nos es difícil hablar; un mundo individual que es impactado por un contexto social, el cual también es parte importante de la representación de nuestra historia de vida.

La danzaterapia nos da la posibilidad de acceder a nuestra historia y dar voz a muchos de aquellos fragmentos que están encapsulados en el cuerpo, deseando encontrar un nuevo cauce; o bien, a aquellos que, de manera racional, ya son parte del pasado.

En este sentido, la libertad de movimiento se vuelve una aliada importante para acceder de manera respetuosa a ellos: es el cuerpo quien irá trazando un mapa de ruta para acceder a su memoria. Esta memoria se expresa a través de movimientos, posturas y sensaciones, permitiéndonos recordar experiencias, emociones y sentimientos que, por años, habían estado reprimidos.

De manera paulatina vamos permitiendo al cuerpo, no sólo recordar estos eventos sino también activar y reconocer aquellos recursos que han sido parte importante dentro de nuestra historia y que hoy merecen tener otro lugar.

Reconciliarnos con nuestra historia, es permitirnos, a través el movimiento, darle voz, actuando éste como un puente para explorar nuestras vivencias. 

Las formas en que nos movemos son personales y se adaptan a las necesidades de cada persona, promoviendo, de esta manera, la autoexploración.

Acceder al diálogo en nuestro cuerpo, evoca recuerdos, sensaciones y emociones que buscan una nueva representación. Cada movimiento se transforma en una guía que nos permite otorgar a aquellas experiencias nuevos significados, a partir de la exploración de nuestra propia narrativa.

La danza, entonces, se transforma en una herramienta que permite narrar nuestra historia, otorgándole voz y significado, así como también nos otorga una mayor comprensión de ella, ampliando el mapa de rutas hacia nosotras mismas y devolviendo al cuerpo, de manera paulatina y amorosa, la capacidad de confiar y sentir seguridad: todo esto, reconfigurando nuestras narrativas internas, fortaleciendo nuestros recursos y dándonos la posibilidad de otorgarle al cuerpo, una nueva historia.


DANZAPERIODISMO

Por Ana González Vañek

IG @danzaycomunicacion



©Laurent Philippe - Vollmond (Pina Bausch)



En tiempos donde la virtualidad pretende imponerse por sobre la sabia presencia del cuerpo, nos interesa proponer un camino de regreso hacia la verdad que esencialmente somos. 

Las artes del movimiento se caracterizan por la riqueza de un lenguaje que excede ampliamente al de las demás prácticas artísticas, siendo el cuerpo del artista, tanto un canal para su creación, como el medio expresivo de la misma.

En este sentido, y retomando los planteos de grandes pensadores que cuestionaron -y profetizaron- los nocivos impactos de las nuevas tecnologías en el desarrollo de las prácticas artísticas (Walter Benjamin, Theodor Adorno, etc), consideramos que toda pretensión de objetivar el cuerpo a través de su imagen visual y audiovisual, es funcional a la cosificación del mismo. 

Más allá de las múltiples connotaciones que tal concepto conlleva en todas las áreas de la vida social, un interrogante nos convoca: ¿cómo podría, el arte de la danza, contribuir a la expansión de valores fundamentales en la sociedad a partir de la cosificación de su medio expresivo? 

Las tecnologías y su complejo entramado ficcional y ficticio son, en realidad, los sofisticados engranajes del dispositivo de control que sirve a las estrategias de un sistema cuyo principal sostén es la naturalización de la virtualidad por parte de los individuos.

Hoy más que nunca, es fundamental que quienes ya lo sabemos, obremos en coherencia, comenzando por tomar pequeñas acciones en nuestras actividades cotidianas; por ejemplo, no usar el teléfono celular en los espacios de formación ni registrar las clases en videos. 

Asimismo, es fundamental reivindicar el poder de la escritura por sobre los formatos audiovisuales, que al ser de fácil aacceso y realización, abundan en todo tipo de plataformas, convirtiendo a las tareas literaria y periodística, en actividades sin fundamento que desvalorizan la formación profesional. 

En este contexto, y con el principal objetivo de contribuir al desarrollo y difusión de la danza, inauguramos el género DANZAPERIODISMO, enfocado en revalorizar la escritura periodística en danza y artes del movimiento, para devolverle su lugar privilegiado en el campo de la cultura, elevarla por sobre la cosificación del cuerpo y dignificarla ante la consecuente alienación de la experiencia sensible que suponen los dispositivos biopolíticos.

Entonces sí, conscientes de nuestro inconmensurable poder transformador como artistas del movimiento, estaremos en condiciones de cocrear junto a quienes, a través de la puesta en valor de la palabra escrita, logren plasmar toda la sabiduría de nuestro arte en una nueva obra, a la cual, por fin, podremos llamar "nuestra".


"Lo que estoy haciendo, es sólo el principio..." 

Isadora Duncan


LA EMPATÍA ES EL PUENTE PARA NUESTRA DANZA

Por Ana González Vañek



Fuente: Pinterest



"Amarás a tu prójimo como a ti mismo"


 

Empatía: capacidad de ponerse en el lugar del otro y percibir lo que siente.

He aquí una definición clara y exacta de uno de los valores que creemos más necesarios en la danza. ¿Cómo podríamos construir un vínculo comunicacional con nuestro público sin la capacidad de ponernos en su lugar?

 

La empatía es un aspecto fundamental en el desarrollo de las relaciones humanas ya que brinda confianza, solidez e intimidad a toda forma de vínculo.

Si el arte de la danza tiene la capacidad de acceder a los registros emocionales más profundos del espectador, en un espacio-tiempo efímero y eterno donde todo es posible, es fundamental que reflexionemos al respecto de una habilidad emocional cuya inexistencia no sólo se hace evidente cuando el artista de danza se enfoca en mostrar(se) más que en comunicar(se), sino que limita los alcances infinitos de nuestro arte.

 

Si hablamos de empatía, es necesario hacer referencia al campo de la inteligencia emocional: el sistema en el que se engloban todas las habilidades relacionadas con la comunicación entre el individuo y los sentimientos (ya sean propios o ajenos). La misma está compuesta por cinco destrezas: autoconsciencia (comprender el origen de los sentimientos), control emocional (aprender a canalizar positivamente las emociones), motivación (encontrar razones para la superación y tener la capacidad de motivar a otros), manejo de las relaciones (relacionarse sanamente, respetando a los otros y haciéndose respetar).


La empatía es la quinta habilidad, y es la que nos permite percibir los sentimientos de los demás. No es un don, todos podemos desarrollarla si lo deseamos, y para esto, es necesario tener el deseo y la intención de captar la vida del otro desde su perspectiva, y no desde nuestros ojos. 

Si bien no podemos conocer los pensamientos y expectativas del público, y mucho menos su repertorio emocional, sí podemos percibir su energía y, en este sentido, cocrear junto a él, favoreciendo la accesibilidad de nuestro lenguaje, muy especialmente, cuando se trata de espectadores no especializados en danza. El hermetismo y la endogamia que el mismo conlleva, característicos de ciertos sectores del campo de la danza, son frutos, quizás, de la falta de empatía. 

 

Para que la empatía exista, es esencial sentir amor por los demás, el cual siempre será un reflejo y extensión de nuestro amor propio. En consecuencia, estar disponibles para recibir el lenguaje silencioso del público, nos coloca en una posición de apertura y permeabilidad que intensifica la llegada de nuestras intenciones en movimiento.

Confiemos, primero, en la infinita sabiduría que reside en nuestra propia danza; y entonces, obremos.

LA COMPASIÓN A TRAVÉS DE LA DANZA

Por Patricia Rojas Pérez

IG @darlevozalcuerpo


Fuente: Pinterest



¿Qué entendemos por compasión? El significado que le otorguemos dependerá de la creencia que hayamos incorporado a través de los diferentes contextos en los que nos hemos desenvuelto en el transcurso de la vida. Muchas veces, el mismo se vincula con la comprensión de la realidad de otra persona, dando una justificación a lo que acontece desde una externalización e invalidando nuestro sentir.

Desde la primera infancia, nos enseñan a incorporar este sentimiento en nuestro repertorio de vida: a comprender que aquello que incomodó, dolió, fragmentó, tiene un por qué y un para qué, una lección que nos permitirá ampliar el abanico de posibilidades sobre el comportamiento que otra persona tuvo con nosotras.

Sin embargo, en los diversos contextos que hacen a lo social, cultural y familiar, no nos enseñan a integrar la misma compasión hacia nuestro propio ser. ¿Qué sucede, entonces, en nuestra propia biografía? Aprendemos a posponer nuestras necesidades, anteponiéndose, por lo general, las de los demás.

El arquetipo de la salvadora cobra protagonismo mientras vamos satisfaciendo los deseos de otras personas. Aprendemos a resolver y ampliar las perspectivas para entender el contexto, la historia y la manera de desenvolverse de quienes, en primera instancia, forman parte de nuestro círculo más cercano para, posteriormente, extenderlas hacia otros entornos.

La compasión se vuelve carga cuando no la incorporamos en nuestra propia historia, principalmente, porque siempre vamos quedando en último lugar. El personaje que adoptamos en torno a ella se integra como parte de nuestra identidad y se vuelve más fuerte mientras nos vamos sintiendo validadas cada vez que cumple su función, alejándonos de nuestros propios límites.

La danzaterapia nos da la posibilidad de mirar la incomodidad que este concepto y las creencias asociadas a él, han generado en nuestra historia. Nos permite mirarla de frente, reconocerla, sentirla en el cuerpo, escuchar el mensaje que oculta y que tantas veces nos intentó comunicar a través de un síntoma o una sensación. Nos otorga un espacio seguro para mirarla sin juicios, y así reconocer su raíz y los nutrientes que han sido integrados como verdad, observando, desde nuestro presente, las consecuencias que ésta ha tenido en el desarrollo de nuestros propósitos. Nos enseña a cuestionar lo aprendido para, de esta manera poder incorporar una nueva creencia; esta vez, acorde a nuestras propias necesidades, posicionándonos en el centro de nuestra historia donde la compasión cobra otro significado, pues ahora la dirección es hacia nosotras mismas.

La danza nos brinda la posibilidad de expandir nuestro concepto de amor, permitiéndonos aceptar todos nuestros fragmentos, haciéndonos abrazar y comprender nuestras diferentes partes para ampliar el repertorio de movimiento en nuestras vidas e incorporar aquellos que nos permiten un viaje de regreso a nuestra propia compasión; un viaje que nos permite reconocer nuestro espacio personal, generándose una danza donde la validación del sentir cobra relevancia para determinar nuestros límites y necesidades, sembrando una semilla de amor que transformará la compasión en una nueva forma de habitarnos.

La danzaterapia se transforma, entonces, en un espacio donde es posible observar nuestro cuerpo para reconocer aquellos cimientos que hemos construido en él y que merecen otro lugar dentro de nuestra historia; reconociendo también, el tiempo que requieren para su resignificación y transformación; un tiempo subjetivo que va a la velocidad de cada historia pero que, en su trayecto, nos va permitiendo habitar nuevas formas de volver a nosotras, reconociendo nuestros recursos e identificando las diferentes direcciones que nuestro propio andar requiere.

Ser compasivas con nosotras mismas nos empodera desde un amor altruista, que no traspasa barreras, sino que es capaz de sostener nuestras diferentes formas de habitarnos con todas las estaciones y colores que esto conlleva, sin condicionamientos, mas con la certeza de que, aunque el día se oscurezca, nuestras raíces seguirán intactas, pues la incorporación de este nuevo nutriente permitirá su fortalecimiento e incorporará una nueva y saludable forma de amarnos. 

TALLER SABIA PRESENCIA




DIRIGIDO A

Todas las personas que desarrollan procesos creativos en cualquiera de sus expresiones artísticas, o que desean comenzar a hacerlo, sin requisitos ni límites de edad.

DESCRIPCIÓN Y METODOLOGÍA

Hace tiempo que veníamos pensando en abrir un espacio destinado a acompañar, favorecer y profundizar el desarrollo de todos los procesos creativos que, tanto en la danza como en otras artes, integren la sabiduría del cuerpo y sus infinitas posibilidades discursivas.

Gracias a la confluencia de diversas manifestaciones, y por sobre todas las cosas, a las necesidades que nos manifiesta nuestra bella comunidad, este año ha llegado el momento de hacerlo.
Ya lo decía la gran Isadora Duncan: todos podemos bailar, y todo puede ser bailado, en todo momento y lugar. El arte de encontrar belleza en la propia vida, haciendo de lo cotidiano una fuente de inspiración, tiene que ver con esto.
Privilegiando un punto de partida corporal y en consecuencia, siempre presente, surgen algunos interrogantes:
-Siendo en el cuerpo ¿Cómo atravesar la temporalidad que amerita toda creación, desde la experiencia pura del instante presente?
-Siendo en el instante presente ¿Dónde se encuentra el límite entre proceso creativo y resultado?
-Siendo en el límite ¿Cómo reconocerlo y habitarlo?
Esta propuesta en forma de taller online, individual, autogestionado y 100% personalizado, busca nutrir tu experiencia artística con herramientas conceptuales y estéticas que te permitirán reconocer, en tu día a día, lo esencialmente necesario para la creación de tu obra, en función de tus anhelos e intereses.

MODALIDAD

•Online

-2 encuentros virtuales (1 hora) por Google Meet + 2 módulos en PDF vía mail 

Encuentros virtuales:

El primer encuentro está destinado a conocer tu propuesta, con el objetivo de guiarte para que puedas abordarla profundamente desde un enfoque corporal, a la luz del material que te enviaremos por correo. El segundo encuentro (3 semanas después), está destinado a reflexionar sobre tu experiencia durante el proceso creativo, en función del material recibido, los interrogantes propuestos durante el primer encuentro, y los fundamentos concretos de este taller. Ambos encuentros personalizados, se desarrollan en días y horarios a convenir, a través de la plataforma Google Meet, en un espacio de cálido intercambio que privilegia la sensibilidad y la empatía por sobre todas las cosas. Por este motivo, elegimos trabajar en sesiones individuales, privadas, confiables y sin grabaciones de por medio. 

Módulos en PDF:

Se envían una vez confirmada la inscripción al taller y se recomienda leer los materiales después del primer encuentro virtual.

Contenidos de los módulos en PDF:

-Bibliografía especializada en Arte y Corporalidad, destinada a favorecer la comprensión del vínculo entre creación artística y práctica social

-Materiales especializados en Danza y Artes del Movimiento, destinados a profundizar el entendimiento de la riqueza significante que reside en las prácticas escénicas corporales

-Bibliografía especializada en el legado de Isadora Duncan, destinada a conocer y reconocer los atributos de la belleza como aspecto inherente a toda creación 

-Bibliografía especializada en el legado de Pina Bausch, destinada a conocer y reconocer el rol de las emociones individuales como aspecto fundamental de todo proceso creativo

​-Anexo: entrevistas a profesionales de las Artes del Movimiento (artistas e investigadores), destinadas a profundizar la comprensión perceptual del propio proceso creativo y los posibles alcances del mismo

-Cuadernos de trabajo con interrogantes que invitan a la reflexión durante las 3 semanas del proceso. No será necesario compartirlo en el segudo encuentro virtual, a menos quedesees hacerlo, lo cual recomendamos para que nuestra devolución sea coherente con tus anhelos

​-Asistencia personalizada y 100% gratuita vía WhatsApp, cuando así lo requieras


VALOR Y FORMA DE PAGO

Argentina: 77mil ARS
Alias para transferencia: danzaycomunicacion (sin acento)

Todos los países: 77 USD
Abona AQUÍ

Una vez realizado tu pago, envíanos el comprobante por WhatsApp, indicando tu nombre, apellido y mail donde recibirás el material: (+549) 113 687 3237



MI CUERPO, MI TEMPLO

Por Lucero Dávila

IG @lucerodavilaarte


Fuente: Pinterest



"Mente sana en cuerpo sano", es una frase atribuida al poeta romano del Siglo I, Juvenal. Esta frase nos quiere decir que en donde exista una mentalidad de equilibrio, habrá un cuerpo bien cuidado, nutrido apropiadamente y con tiempo para descansar; es decir, una persona saludable.

En términos biológicos, debemos decir que nuestras células, todas y cada una de ellas, persiguen la homeostasis, que es la capacidad del cuerpo para mantenerse estable; es el equilibrio dinámico que funciona mediante mecanismos de autorregulación existentes en todos los seres vivos. Resumiendo: todo ser viviente busca mantenerse así, y en las mejores condiciones posibles.

Para nuestros fines, entenderemos la estabilidad como un estado alejado de la carencia, el dolor, los excesos y todo factor que pueda colocarnos en una situación de incomodidad o sufrimiento. Ésta puede darse en diferentes aspectos como el económico, el físico o emocional; pero es importante entender que todas nuestras facetas están íntimamente relacionadas y una no se puede contraponer a la otra. Lograr la mejora de nuestra economía, por ejemplo, no significa dañar nuestra psique o nuestro campo emocional soportando situaciones que no podemos manejar. Ir por nuestro bienestar emocional no es desligarnos de nuestro entorno, pues somos seres sociales y necesitamos la presencia de otros para lograr una convivencia real; por continuar con otro ejemplo.

Centrándonos ahora en el cuerpo y en la forma en la que muchas veces tratamos a la herramienta mejor diseñada para el logro de nuestros sueños, metas y deseos; empezaré diciendo que la gran mayoría de nosotros está disconforme con él. Siendo perfecto y poderoso, exigimos más de lo que sus límites pueden soportar sin darle la compensación nutricional o el período de descanso que requiere.

Esforzarnos por lo que queremos lograr en la vida para nosotros y los que amamos, en ocasiones se convierte en una larga odisea que el cuerpo termina reflejando, siendo a veces muy tarde para ir en retroceso o cambiar de dirección. Una infinita cantidad de veces nos encontramos dañando nuestro cuerpo de muchas formas, como evitar alimentarlo o, por el contrario, dándole la peor calidad de comida en cantidades industriales, enfermarlo con sustancias nocivas o cambiarlo totalmente mediante dolorosos procesos quirúrgicos que podrían costarnos la vida. Nuestra insatisfacción llega a tal punto que la mayor parte del tiempo deseamos ser otra persona, culpándonos por no ser ese ideal, maltratándonos en lo físico y emocional, canalizando el resultado de nuestro esfuerzo laboral en costosos e insufribles procedimientos con tal de vernos diferentes. Atacamos nuestro cuerpo y le permitimos a otros atacarlo, consumiendo publicidad que nos señala como, supuestamente, deberíamos ser. 

Es cierto que todos tenemos ansías por vernos mejor sobre todo si eso significa mejorar nuestra salud. Si tenemos sobre peso y estamos en peligro de sufrir un infarto; es menester accionar en todo sentido para cambiar nuestro estilo de vida, si padecemos enfermedades incurables; debemos buscar en la medicina el tratamiento adecuado que nos permita sobrellevar la enfermedad para que no interrumpa nuestro curso habitual, sino más bien, conviva con nosotros de la forma más inocua posible, si queremos mejorar la apariencia de nuestro rostro; invertir en una crema de calidad garantizada nos ayudará con tal objetivo o si queremos que la ropa nos entalle; acudir a un profesional que nos indique una rutina de ejercicios y una alimentación apropiada será la ruta a seguir. Todos estos esfuerzos por muy incómodos, latosos o extensos que sean pueden ayudarnos a renovarnos en pro de una vida plena y saludable; siendo imperativo, además, darnos cuenta que el modo en el que nos tratamos está ligado a la forma de relacionarnos con quienes nos rodean.

Nuestros cuerpos nos hablan todo el tiempo, nos dicen cuando la comida ha sido suficiente, cuando sentimos frío o miedo, cuándo descansar y cuándo continuar. Cada cuerpo es una herramienta invaluable que debe ser atendida con amor, respeto, dedicación, paciencia y comprensión, un templo que alberga el tesoro más sagrado que pudimos haber heredado: nuestras almas; un narrador de la existencia que nos transita y la vía para lograr nuestros anhelos. Por eso, todo cuerpo es perfecto en sí mismo.

Decidí escribir sobre la inmejorable maquinaria que tenemos conviviendo con nosotros debido a una experiencia por la que pasé hace poco la cual me llevó a reflexionar acerca de la forma en la que veo a mi cuerpo, a los logros que he tenido gracias a él y a los difíciles momentos por los que hemos pasado. Esta vez, sentí necesario salir del hermoso espacio de la danza y hablar en términos generales esperando que podamos meditar acerca de nuestra verdadera aceptación y de nuestro deseo de ser o volver a ser sujetos y objetos de amor en el mundo.

Sin importar qué tan difícil parezca el momento por el cual estés pasando o lo que sea que escuches a tu alrededor te pido que recuerdes que posees belleza sin igual y que tu cuerpo es un apreciable y valioso templo. Si hay algo en él que sientas que debes mejorar; hazlo, pero con amor, respeto, cuidado y paciencia.

Termino este artículo con una frase de Santa Teresa de Jesús que dice así: “Se amable con tu cuerpo para que tu alma tenga ganas de habitar en él”.    


LA DANZA Y EL MODELAJE DE POSE ARTÍSTICA

Por Lucero Dávila

IG @lucerodavilaarte





El trabajo de modelaje de pose artística es desconocido para muchos. Por otro lado, la danza en el Perú, mi país, sigue avanzando. ¿Qué tienen en común estas dos actividades?

Iniciaré este artículo ofreciendo una breve definición sobre el Modelaje de Pose artística o Modelaje de Figura humana, que es un oficio el cual consiste en posar para artistas plásticos, esto es: pintores, escultores, grabadores, dibujantes, estudiantes de artes plásticas, tatuadores y/o diseñadores.

El modelo debe quedarse inmóvil durante un período de tiempo determinado mientras lo dibujan, esculpen o pintan. Este trabajo puede hacerse al desnudo, con alguna prenda o algún tipo de vestuario que responda a la temática o estudio que el proyecto exija.

Colocar el cuerpo en cualquier posición cotidiana o extracotidiana demanda un trabajo conjunto de huesos, músculos, tendones y ligamentos de todo el cuerpo. Difícilmente, durante una pose, queda alguna parte del cuerpo sin usar o sin que exista algún tipo de esfuerzo por pequeño que pueda ser o parecer. La danza también compromete todas las funciones y miembros del cuerpo; su práctica ayuda a ser consciente del mismo, de su movimiento, expresión y sensación.

En la pose artística tenemos que estar quietos; pero eso no significa que no exista movimiento.

Al trabajar en figura humana, por ejemplo, de pie, el modelo tiene que saber cómo colocar el peso sabiendo que durante el tiempo que deba durar la posición, este peso va a desplazarse de una parte de los pies a la otra para evitar el cansancio y lesiones que puedan presentarse.

Es aquí donde empezaré a comparar ambas actividades y para continuar ejemplificando mi relato, hablaré sobre el passé en el ballet.

En un passé, comenzamos trasladando el peso del cuerpo desde los talones hacia la punta del pie. Mediante este movimiento, una pierna sube doblando la rodilla y acariciando por la parte interna, a la otra. La pierna base o de apoyo permanece quieta con toda la planta del pie sobre el suelo y con el peso del cuerpo llevado hacia los dedos. Tanto en el ballet como en la pose, la traslación del peso ocurre de la misma forma.

Mientras continuamos de pie (que es el ejemplo usado para este artículo), el cuerpo se contiene en la espalda que, a su vez, se mantiene con la fuerza del abdomen y los glúteos. Y aunque técnicamente no se dirige hacia arriba, sí se mantiene en posición. El trabajo del cuerpo, en este caso, es el mismo que se hace en el ballet a la hora de hacer un relevé, por citar otro ejemplo. La pose puede ser con una extensión, con la espalda curva o una torsión; pero en todo momento, como en la danza, el cuerpo se encuentra trabajando en conjunto.

La gesticulación y la expresión son similares también. Un gesto con la cabeza hacia abajo permitiendo la extensión del cuello, otorga una carga dramática como la que hacemos cuando saludamos para iniciar los ejercicios frente a la barra. 

Tanto en la danza como en la pose vivimos en silencio. No expresamos con la voz, lo hacemos con el cuerpo. El rostro puede trabajar con un gesto neutro o expresar una emoción; en ambos casos dependerá del requerimiento de la obra. 

Una posición de figura humana puede llevar un tiempo muy largo; a la vez, una construcción corporal exigente nos puede colocar frente al dolor físico, y esto nos obliga a romper la pose un momento para reincorporarnos. En este sentido, los artistas plásticos entienden muy bien el impasse y lo aceptan con amable disposición. Por otro lado, cuidamos mucho que el dolor no vaya a nuestro rostro (al menos, en mi caso ocurre así).

Así como funciona en la danza, el gesto siempre será el que requiere la puesta; no es un calvario sino parte del proceso, y aunque a veces la incomodidad pudiera llegar a la mueca, es necesario entender que es una circunstancia temporal. Muchas veces, la práctica del estoicismo resulta eficiente para manejar esos molestos instantes, siendo pues que todo es parte del trabajo. Entonces, el rostro guarda el secreto de cómo podrías estar sintiéndote, pero sabiendo que ese secreto no significa una herida profunda en el alma, sino un momentode transición que, durante la pose, muchas veces te obliga a viajar muy lejos, respirando profundo y cerrando los ojos, mientras que en la danza no se evade, sino que se permanece allí como parte del todo. Son dos momentos con reacciones opuestas que dejan un aprendizaje bajo dos condiciones distintas, pero similares en el fondo.  

Durante los años que llevo en el oficio del modelaje, la danza me ha servido como fuente de apoyo y de creación; durante el tiempo que llevo aprendiendo a bailar he tomado la quietud del modelaje para poder asimilar con calma lo que voy aprendiendo. Amo bailar como amo posar, y siendo dos actividades aparentemente opuestas, tienen mucho en común, cada una con su propia definición y práctica de lo que es el movimiento, la belleza, la fuerza y la expresión de una maquinaria perfecta: el cuerpo.

En este momento, en mis prácticas de una o de la otra, son muchas las ocasiones en las que veo convivir a ambas y, al igual que con el resto de cosas que hago y amo, las dejo converger para que, desde ese encuentro, me permitan seguir aprendiendo. Me doy cuenta que las cosas que hago confluyen y subyacen una con otra de manera orgánica; lo disfruto increíblemente; en mis oraciones pido por seguir disfrutándolo y que, en algún momento, también sea yo quien deje algo en los demás.

Doy gracias, siempre, por cada día y cada cosa en mi vida. 

Dedico este artículo a Rodolfo Muñoz y a Ever Delgado, ambos, Modelos de Pose artística de impecable y larga trayectoria, y a todos los modelos con los que compartí y comparto este bello trabajo, dentro y fuera de la Universidad Bellas Artes del Perú.



PROFESAR

Por Lucero Dávila

IG @lucerodavilaarte


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Según el diccionario de la lengua española, profesar, en su cuarta acepción, significa enseñar una ciencia o un arte. Por eso, en esta oportunidad, hablaré como alumna acerca de la difícil pero a la vez trascendental tarea de ensañar.

Enseñar quiere decir instruir bajo ciertas pautas o preceptos; es decir, que se muestra algo nuevo a un semejante de una manera determinada, siguiendo un método, modo, táctica o disciplina al hacerlo; se transfiere el conocimiento de una manera específica.

Usualmente, el proceso de instruir se da en un aula, un espacio físico donde confluyen, de manera directa y presencial, dos sujetos: alumnos y profesores.

Durante la pandemia, esta modalidad fue reemplazada por la virtualidad. Utilizamos las redes de internet para instruirnos e instruir. Esta nueva forma de transferir el conocimiento ayudó a que las personas pudiéramos seguir avanzando en nuestro trabajo y en nuestra educación. Actualmente, esta manera de enseñanza todavía se utiliza en muchas carreras, salvando las distancias. Hoy puedes tomar clases fuera de tu país sin viajar, y son muchas las profesiones y trabajos que se logran alcanzar de esta manera.

Afortunadamente, durante aquel período continué con el Ballet (en la medida que me fue posible).

Ya había conocido la escuela donde estudio, y allí nos ofrecieron retomar las clases de manera virtual. Siendo la danza clásica una disciplina que necesita espacio, tanto mis compañeros como yo desplegamos toda nuestra creatividad para convertir los pequeños hábitats de nuestras casas en sitios que, medianamente, nos permitieran llevar las clases. Pero para mí, lo más valioso de esa etapa, fue el apoyo emocional que nos dio nuestro profesor, el Sr. Miguel Burgos, uno de los mejores ejemplos como profesional y persona, que he conocido. 

La danza, como lo he expresado en múltiples ocasiones, requiere de esfuerzo y disciplina, carácter y fortaleza; pero a la vez requiere de esa parte sensible en cada ser humano para poder transmitir las emociones que una pieza contemporánea o clásica requiere. En este sentido, los bailarines deben recurrir a su más profunda sensibilidad para entregar la emoción que la obra necesita: conseguirlo, demanda un viaje de autoconocimiento. Este viaje debe ser en solitario, pero en ocasiones, precisamos de alguien que nos guíe para saber afrontar aquello que encontramos, lo que, dependiendo de nuestras experiencias en la vida, podría ser muy doloroso. 

En el caso de mis compañeros de aula de aquel entonces -y en el mío- contamos con el apoyo de nuestro profesor, una persona que no sólo nos formó con disciplina, sino que también nos escuchó al observarnos. En todo momento, sus palabras de aliento y su exigencia fueron la barca a la que nos subimos para mantener la calma bajo un encierro que parecía no tener final. Hasta hoy nos insta a dar lo mejor, a superar las barreras que muchas veces nosotros mismos colocamos, y a mirar hacia la posibilidad de lograr lo que deseamos. 

Es importante ser riguroso al enseñar, sobre todo en estos tiempos, en los que la subjetividad le está ganando la partida a la técnica bien empleada y a la metodología que toda actividad, incluida la artística, debe tener. A su vez, este proceso debe estar enlazado a saber leer a los alumnos y observar por dónde los lleva su curso interno, orientándolos para que no se pierdan en el trayecto. 

Cada ser humano tiene una forma particular de asimilar y responder a las vicisitudes y obsequios que la vida le ofrece; pero hay un momento, cuando somos muy jóvenes e iniciamos nuestro aprendizaje, que necesitamos de un mentor. Éstos son, inicialmente, nuestros padres; pero también lo son nuestros profesores, las personas que nos educan y que ejercen sobre nosotros una gran influencia durante nuestro crecimiento. 

Aprendemos por imitación y admiramos a quienes nos enseñan, por eso es importante que quienes optan por la carrera de la docencia sean conscientes de que serán emulados por niños y jóvenes que, en un momento de sus vidas, buscarán ser como ellos.

La acción de profesar el conocimiento impone una gran responsabilidad que debe ser tomada en toda la extensión de esta palabra, pues no es sólo la enseñanza académica lo que se impartirá, sino también, enseñanza de vida; no se trata únicamente de instruir acerca de cómo ser un buen profesional, sino también, un buen ser humano capaz de mejorar el medio que nos rodea.

Los alumnos encontramos en las palabras de apoyo y el rigor de la enseñanza, el equilibrio que necesitamos para convertir lo aprendido en herramientas con las que podamos recorrer el mundo y transformarlo, y no solamente crecer en lo material. 

Los docentes son como segundos padres y, en muchos casos, suplen la falta de ellos, por eso es imperativo que sean conscientes de su rol en la vida de quienes enseñan.

En esta oportunidad quise ir más allá de la danza debido a una experiencia que tuve que presenciar con una niña que apenas conocí. Gracias a esta experiencia, pude darme cuenta de mis necesidades como alumna y del tipo de profesora y persona que debo ser; que quiero ser. Escuchar a los alumnos y atender a todos los que nos rodean es sumamente importante y sustancial. En tiempos en los que la tecnología coloca en nuestras manos una gama de dispositivos de todo tamaño y color para estar mejor comunicados, escuchamos menos a la persona que se encuentra a nuestro lado, desatendemos más a nuestros hijos y, en muchos casos, volvemos invisibles a quienes, con sus tristes miradas, nos llaman a gritos.

Espero que, al leer este artículo, todos podamos ejercitarnos en atender con paciencia a quienes nos rodean. A veces, las constantes cargas y la prisa con la que se vive no nos permiten sentarnos y abrir nuestro corazón para escuchar al otro; tampoco nos damos cuenta de que, muchas veces, no nos sentamos a escucharnos a nosotros mismos.

Profesar es un verbo con grandes implicancias que, en algún momento de nuestras vidas, ejecutaremos desde cualquier actividad que realicemos, y es por eso que debemos despertar: ser conscientes de aquello que estamos dando y de cómo lo hacemos, para influir en los demás con respeto y dignidad.