YOGA Y ENEAGRAMA. DOS CAMINOS PARA EL AUTODESCUBRIMIENTO

Por Brenda Inés Di Paolo

Profesora de Yoga – Doctora en Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Cuyo - Mendoza, Argentina

IG @dipbren





“Somos mucho más que nuestra personalidad”; esto nos dice el Eneagrama y eso mismo nos trasmite el Yoga. Somos algo más que un conjunto de experiencias y vivencias que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Hay algo más que nuestra parte consciente (ego-tipo), que enmascara la conexión con nuestra esencia y una sabiduría genuina. En la autorrealización y autotransformación auténticas confluyen y se nutren recíprocamente el Yoga y el  Eneagrama, dos caminos para el autoconocimiento, la rendición del ego y la integración del Ser.

El primer “insight” o revelación acerca de la retroalimentación entre el yoga y el eneagrama fue propuesta por el psiquiatra chileno Claudio Naranjo quien fue el más conocido estudioso del Eneagrama y quien propició su divulgación y conocimiento en todo el mundo. Naranjo sugirió a cada eneatipo que meditara utilizando un mudra específico o «gesto con las manos». Asimismo, una variedad de terapeutas de la psicología ha explorado la complementariedad del yoga como técnica psicoterapéutica (especialmente, en situaciones traumáticas).

El Yoga, sobre todo desde su sendero del Hatha Yoga, nos dice que nuestro pasado y presente se reflejan en nuestra columna vertebral, con sus bloqueos, rigideces, contracturas, etc. Igualmente los nueve eneatipos (tipos de personalidad o ego-tipos) que conforman el Eneagrama presentan diferentes estructuras corporales, una morfología y una coraza características con diferentes autodefensas: el carácter también se refleja en el cuerpo. 

De la misma manera que cada eneatipo tiene una estructura psicofísica (coraza muscular) característica hay posturas de Yoga cuya práctica facilita su centramiento e integración.

Es posible, que a través de la práctica del yoga se derriben los obstáculos que encarnan  cada una de las 9 pasiones de los 9 eneatipos: la ira, el orgullo, la vanidad, la envidia, la avaricia, el miedo, la gula, la lujuria y la pereza. 

La palabra “Eneagrama” es de origen griego, ennea gramma, y significa figura de nueve lados. Alude al símbolo caracterizado por una circunferencia con nueve puntos de referencia. Sus orígenes se remontan a más de dos mil años. Es un concepto desarrollado por la corriente musulmana de los sufís. 

El eneagrama describe 9 tipos de personalidad indicando sus “luces” y sus “sombras”. Aclara las cualidades que han quedado dormidas o dañadas y muestra la manera en que eso puede recuperarse para vivir una vida más despierta y plena. Además, nos señala un conjunto de rasgos característicos que influyen en nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar y nuestra forma de sentir. Es un itinerario de conocimientos tanto en lo psicológico, como en lo espiritual, para descubrir fortalezas y debilidades y, de ese modo, crecer.

El Eneagrama diferencia tres «energías» de las que se nutre nuestro carácter (estómago, corazón y cabeza) o tres centros (el del relacionarse o centro motor, el del sentir o centro emocional y el del hacer o centro mental). En concreto, hay tres eneatipos viscerales (8, 9 y 1), tres emocionales (2, 3 y 4) y tres mentales (5, 6 y 7).

La pasión dominante de la tríada emocional (orgullo, vanidad y envidia) es la vergüenza, la emoción predominante de la tríada visceral (ira, lujuria y pereza) es la ira y la de la tríada mental (avaricia, miedo y gula)  es el miedo. 

El yoga, como práctica de integración resulta muy benéfico como método para ir más allá del ego y profundizar en el yo esencial. Así propone asanas (posturas), mudras y mantras para equilibrar cada pasión central. 

La postura del “barco” (Navasana) se propone para la triada emocional caracterizada por músculos abdominales débiles y bloqueos en la pelvis, que es la encargada de sentir, expresar y mantener la fuerza agresiva, el contacto tierno y el estímulo sexual. 

La postura de “cara de vaca” (Gomukhasana) se propone para la tríada visceral cuya coraza muscular muestra unas caderas tensas y rígidas, que en vez de estar orientadas a la expresión y el movimiento pasan a estar en función de defensa y tensión constante. El desbloqueo de la cadera permite a los eneatipos viscerales el reencuentro consigo mismo, y también confrontar y establecer límites, y moverse activamente hacia la autosatisfacción.

La postura “ecuestre” (Ashwa Sanchalanasana) se recomienda para la tríada mental que concentra su energía en la cabeza, y se desconecta de su propio cuerpo y de sus emociones, necesidades y sentimientos. De manera que las piernas están rígidas y con poca energía y presentan un desplazamiento energético hacia el tórax y la cabeza. 

De esta forma la práctica del yoga y el autoconocimiento a través del eneagrama son dos caminos que permiten el crecimiento, el equilibrio y la integración del ser.